La pregunta que todos se hacen, ¿para dónde agarrar?
Aunque se considera que el esquema aplicado por Domingo Cavallo en 1991 (la convertibilidad) no podrá continuar, hay quienes sostienen que no se podría abandonar el uno a uno entre el peso y el dólar hasta que no haya un nuevo gobierno que tenga fuerte sostén político. Para salir de la convertibilidad sería necesario que el Congreso vote una ley, que debería ser redactada por el justicialismo que asumiría el costo de esa medida que podría inducir una mayor recesión. Además, decidir la salida del actual régimen cambiario implica proponer hacia dónde sería esa salida, que podría ser cualquiera de las alternativas siguientes:
Pesificación
Significaría que se devalúa el peso en un porcentaje fijo o se deja flotar el tipo de cambio.
Luego, todos los activos, como depósitos, plazos fijos o créditos a cobrar y deudas en dólares, se pasarían a pesos y se ajustarían por la inflación interna. Así, si el dólar pasa a costar 1,3 pesos –aunque los salarios nominales seguirían sin cambios– el poder adquisitivo de los ingresos sería más bajo porque los precios tenderían a aumentar ya que se encarecerían las importaciones y las exportaciones que, en el caso argentino, son fundamentalmente cereales, carne y alimentos. Por otra parte, quien tiene un plazo fijo en dólares, pasaría a tenerlo en pesos. Pero podría comprar menos cantidad de dólares. Pero quien debe, por ejemplo, una hipoteca de 40.000 dólares, pasaría a deber 40.000 pesos que equivaldrían a 30.769 dólares. Así, los que tengan ahorros terminarían financiando a los endeudados, quienes podrían pagar sus deudas porque no quedarían afectados por la devaluación. Y los bancos podrían quedar en una posición neutra, porque se mantendría la relación entre los depósitos y los préstamos, aunque sus patrimonios se desvalorizarían.
Cambio múltiple
Sería una variante de la pesificación. Habría un dólar financiero alto, otro comercial intermedio y un hipotecario más bajo.
Con este esquema se buscaría: una mayor desvalorización de los ahorros y préstamos; que los precios internos tiendan a aumentar menos, y que los endeudados por la compra de viviendas puedan seguir pagando sus cuotas. Este mecanismo podría aplicarse con impuestos (retenciones) a los exportadores, de manera de atenuar aún más el alza de los precios y obtener ingresos para financiar el Presupuesto.
Devaluar sin pesificar
Se modificaría el valor del dólar, pero tanto los depósitos como las deudas en dólares se mantienen en esa moneda. Aquí se beneficiarían los ahorristas, porque conservarían sus ahorros en dólares que, por la devaluación, tendrían un poder adquisitivo mayor. Y se perjudicarían los endeudados, porque sus ingresos normales en pesos serían inferiores y les resultaría más caro comprar dólares.
El Estado o los bancos deberían refinanciar las deudas o admitir una quita o desagio, porque la mayoría de los endeudados no estaría en condiciones de pagar las cuotas hipotecarias.
Dolarización
Excepto para Carlos Menem, no tiene apoyo en el PJ. Además, sería tarde para pasar los pesos 1 a 1 con el dólar porque las reservas no alcanzan para cubrir todos los pesos en circulación. Una variante sería dolarizar, por ejemplo, a 2 pesos por dólar.
Esas son las grandes variantes que se manejan hoy en Argentina, pero existen otros problemas a resolver que van muy unidos a todo lo anterior como, por ejemplo, la política a seguir adelante con los ahorros.
En todas las variantes que se manejan desde el punto de vista cambiario y financiero, los analistas consideran que seguirían las restricciones para que los depositantes puedan disponer en efectivo sus ahorros. Se admite que si se liberan los depósitos de un día para otro, aunque hubiera una devaluación, la gente podría retirar masivamente sus depósitos para comprar dólares y, en ese caso, el valor del dólar tendría una suba intensa y eso podría poner en riesgo al sistema bancario.
En cuanto a los retiros de salarios, se considera que el nuevo gobierno respetará puntillosamente la decisión del justicialismo en el Congreso, que votó una ley para permitir que los asalariados puedan retirar la totalidad de su sueldo en efectivo, sin ningún tipo de restricciones. Se calcula que, respecto de la situación actual donde se pueden retirar hasta mil pesos, la masa de dinero que saldría de los bancos no superaría los 1.000 millones de dólares mensuales, una cifra considerada «soportable» para el sistema financiero local. Hasta ahora, el retiro de efectivo por sueldos es de 3.000 millones mensuales.
Lo inevitable
La mayoría de los analistas coincide en que sería inevitable para la Argentina dejar de pagar su deuda pública, tanto interna como externa. Esta situación –técnicamente llamada «default»– obligaría a una reprogramación de todos los vencimientos que se producirán en los próximos meses en los títulos públicos en manos de los inversores. Esto determinaría una eventual moratoria por un plazo que definirá el nuevo gobierno según sus posibilidades de financiamiento. En ese caso, sería inevitable que los acreedores acepten una quita importante sobre el capital adeudado y sobre los intereses.
En cuanto a la operación de canje de la deuda, tal como la idearon Domingo Cavallo y su secretario de Finanzas, Daniel Marx, no podría completarse. Los préstamos garantizados que se entregaron en la fase local a cambio de los bonos están en dólares. Pero si hay devaluación, el Fisco no podría pagarlos por lo que sufrirían así una quita, como la que tendrían que aceptar los acreedores externos en caso de una cesación de pagos. En cuanto al tramo internacional, la declaración del default le haría perder sentido.
¿Cómo quedarían afectados los precios y salarios?
En materia de precios, con devaluación se encarecerían las importaciones, mientras los precios de los alimentos y bienes primarios tenderán a subir porque son productos de exportación que se mantienen fijos en dólares.
El salario real podría caer aun más si hay devaluación. Para moderar esta baja del poder adquisitivo, podrían adoptarse medidas de control o retenciones agropecuarias, pero habría que aplicar algún sistema de indexación salarial si se acelera la inflación. El salario mínimo de 200 pesos, ya desfasado, debería ser actualizado.
El Presupuesto
Este es un capítulo que no es nada menor. El nuevo gobierno deberá reelaborar el Presupuesto de 2002 porque el que envió Domingo Cavallo al Congreso quedó anulado. Habrá que ver si se elimina la reducción del 13% sobre los sueldos y las jubilaciones y cuál sería el impacto de la devaluación sobre la actividad económica porque, por un período importante, podría acentuar la recesión. Aún así, si se devalúa el peso, el impacto sobre las cuentas públicas podría ser muy alto si no va acompañado de una moratoria y quita sobre el capital y los intereses de la deuda. El Estado debería cuantificar el monto de la ayuda social y de los eventuales subsidios a deudores y también cómo será financiado para limitar el impacto inflacionario. Podría avanzarse en una reforma tributaria y en un cambio en la coparticipación federal. *
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