Un obispo, un rabino y un ingeniero debatieron sobre la paz en el mundo

El obispo de Melo, monseñor Luis del Castillo, el rabino Daniel Kripper y el ingeniero Juan Grompone coincidieron en la necesidad de buscar puntos de coincidencia entre las religiones y las ideologías para iniciar un camino hacia la paz mundial.

Grompone, declarado ateo, discrepa con los otros dos y considera que el mundo no ha cambiado desde la época de las Cruzadas sino que cuenta con mayores medios de comunicación. Los representantes de las religiones católica y judía, en cambio, creen que ha habido una modificación del comportamiento humano en un mundo que, según Kripper, «está al borde de un suicidio masivo».

Los tres expositores participaron el miércoles en un panel sobre el tema «Educar para la paz», realizado en local de la Alianza Progresista ante una numerosa concurrencia. El vicepresidente del Encuentro Progresista (EP), Rodolfo Nin Novoa, el diputado Víctor Rossi y el edil Mario Cayota formaron parte de los asistentes al debate, moderado por el dirigente de la Alianza Leon Lev.

Grompone, que hizo uso de la palabra en primer lugar, se manifestó «equidistante de todas las religiones» aunque se expresó en nombre de la cultura musulmana. Luego de aclarar que el Islam «no es oficialmente agresivo», se declaró «enfáticamente contra el terrorismo y los fundamentalismos de todo tipo». En su opinión, la guerra en Afganistán «no es de civilizaciones ni de religiones» sino que tiene «como todos los conflictos, un fondo económico. Hay demasiados intereses petroleros en esa zona de conflicto». Para buscar la paz, Grompone cree que se debe «reconocer que detrás de esto hay intereses mezquinos y que no se trata de un tema de civilización ni religión».

 

Sin mención a EEUU

En un encuentro que transcurrió sin menciones directas a EEUU, monseñor del Castillo comentó únicamente que «la gente que vive en casas con claraboyas no puede tirar piedras a los vecinos». El religioso recordó que el nombre de Dios ha sido utilizado a lo largo de la historia para justificar diversos enfrentamientos. Sin embargo, «en el mensaje de Jesús no hay propuestas guerreras ni de poder económico, político o social».

La opinión del sacerdote difiere de la de Grompone en el sentido que aunque reconoce que el motivo de una guerra puede ser económico, destaca que «tienen un estandarte que puede ser el motivo de cohesión.

A lo largo de la historia se ha usado el estandarte de la cruz para acciones opuestas a la palabra de Dios».

Su propuesta para «construir la paz» es «desactivar los fundamentalismos. El desvío de la palabra de Dios se produce cuando se plantea la existencia de una guerra justa contra un agresor injusto». A su entender, deben buscarse «terrenos comunes» para dialogar sobre «propuestas diferentes.

Hay que utilizar la dimensión de la razón y respetar la autonomía de lo temporal respecto a lo religioso para superar los fundamentalismos».

 

Al borde del suicidio

El rabino Kripper considera que la humanidad «ha tomado conciencia de que está al borde de un suicidio masivo. Antes las guerras eran locales y hoy se habla a nivel universal». Al igual que Del Castillo, Kripper cree que «se ha usado la religión como eslogan para justificar matanzas y como instrumento para la generación de violencia. Aparece Dios justificando toda paranoia personal o colectiva, conquistas y matanzas». Desde su punto de vista, los líderes religiosos musulmanes «no han condenado los atentados con contundencia. No ha habido una voz de protesta». Además, cree que la guerra en Afganistán refleja el enfrentamiento entre «dos formas de ver el mundo. Por un lado aparece una lectura fundamentalista, que no permite el pluralismo.

Por otro, un paradigma nuevo, una religión abierta, que acepta la diversidad sin dejar de lado la pasión religiosa».

Si bien reconoce que el terrorismo ya se conocía desde el pasado, Kripper opina que en la actualidad ha cobrado «una dimensión atroz, con un precio en vidas monstruoso». En ese sentido, los líderes religiosos tienen «la misión fundamental de predicar la paz. Educar para la paz es lo que hace a la salvación del mundo. Debemos desarrollar un paradigma que abrace a los seres humanos con sus matices. Las religiones debemos buscar lo que nos une: la aspiración de paz y justicia». *

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