El vicerrector de la Universidad para la Paz de la Unesco llegó ayer a Montevideo

Víctor Valle: "Se debe educar para la paz"

La búsqueda de la seguridad humana aparece como denominador común en los tres eventos, donde Valle apelará a que las instituciones de enseñanza comiencen a abordar dicha problemática. El catedrático considera que se debe «educar para la paz» y parte de la base de que «son decisiones políticas las que provocan los mayores estragos en términos de pérdidas de vidas. Entre 1945 y 2000 hubo cincuenta millones de muertos civiles como resultado de los enfrentamientos armados».

A continuación resumimos una extensa entrevista concedida por Valle a LA REPUBLICA, en la que refiere tanto a los objetivos y logros de la Universidad para la Paz como al proceso de paz en su país, El Salvador, en el cual cumplió un rol fundamental.

Educar para la seguridad

–¿A qué apunta la Universidad para la Paz?

–Somos una universidad creada por Naciones Unidas y entregamos posgrados en paz, seguridad y problemas conexos como derechos humanos y derecho internacional. Como todo programa universitario, lo que pretendemos es tener carreras formales principalmente a nivel de posgrados. Capacitación e investigaciones sobre la problemática de la paz a nivel mundial. Paz y seguridad son los nortes que nos deben guiar. Creemos que se debe asumir un concepto de seguridad humana y formar profesionales que respondan al mismo. Provisionalmente podemos asumir que seguridad es una situación en la que las personas se sienten libres del miedo de ser agredidas físicamente, libres de la pobreza deformante, libres para optar.

–¿No es un concepto muy amplio?

–Yo diría que sí. Es un concepto muy abarcador y determinante para las personas. Si pensamos en la seguridad humana en el ejercicio de las libertades estamos dando un marco adecuado a la posibilidad de avance de la paz.

Una estrella a alcanzar

–¿Eso no es un ideal?

–Sí pero no es malo tener paradigmas. Dicen los orientales que las estrellas no se tocan pero sirven para orientarse. Hay que tener un norte y para nosotros un concepto de esa naturaleza es una estrella y tenemos que quemar las etapas para alcanzarla. Para nosotros esas etapas son académicas y debemos definir a quien dirigir esas maestrías para superar el tema de la inseguridad.

–¿Cuál es su idea de a quién hay que dirigir estas maestrías?

–Creo que hay que formar a quienes trabajan en organismos que tratan programas referidos a la realidad de los desplazados y los refugiados. Hay que tener instrumentos para sacar a las personas de su situación de inseguridad. Estos programas deben dirigirse a quienes trabajan con los grupos marginados por etnia, edad o cualquier otra razón.

–¿Cuáles son los objetivos inmediatos de la Universidad?

–Tenemos la intención de globalizar la Universidad. Tenemos un centro regional en Uruguay para esta parte del continente, hay tratos con Mozambique para abrir un centro allá, también tenemos relación con la Universidad de Columbia Británica en Canadá y con universidades asiáticas. El ideal nuestro es establecer una red de instituciones que dé un tratamiento global y regional al problema de la paz y la seguridad.

También tenemos el propósito de aprovechar la educación a distancia utilizando las ventajas de la tecnología.

Decisiones políticas

–¿Cómo se enmarca el trabajo de la Universidad para la Paz en esta situación de profundo conflicto internacional?

–Nuestra Universidad surgió en 1980, cuando la situación internacional era particularmente conflictiva, con la caída del sha de Irán, los sandinistas en Nicaragua, Vietnam en manos de las fuerzas del Norte. Había avidez por la paz y se creó la Universidad para la Paz para dilucidar la naturaleza de los conflictos.

A partir de la caída del muro de Berlín la paz se daba por sentada pero hubo muchas voces que advirtieron que lo único que pasaba era que cambiaban los focos. De pronto nos encontramos con que la ciudad más segura de Estados Unidos se vuelve la más insegura y nuestro organismo cobra vigencia como espacio de reflexión.

–¿Cuál es la utilidad del análisis académico en medio de los conflictos?

–Al final son las decisiones políticas las que provocan los mayores estragos en términos de pérdidas de vidas. Entre 1945 y 2000 hubo cincuenta millones de muertos civiles como resultado de los enfrentamientos. El objetivo es conocer la realidad para ilustrar a quienes toman las decisiones políticas para prevenir estas pérdidas masivas de vidas.

En los últimos años se siguió agudizando el problema de los que nada tienen, que en definitiva es el mejor caldo de cultivo para perjudicar los procesos de paz.

–En la situación conflictiva actual, no sólo por los enfrentamientos internacionales sino por la profundización de la pobreza, ¿ustedes consiguen alguna posibilidad de retroceso ante la crisis?

–No. Lo único que podemos hacer es intentar que quienes toman decisiones lo hagan pensando en la seguridad de las personas y los países. Por eso es importante que tengamos una institución con presencia en varias regiones.

No podemos pecar de ingenuos y creer que de la noche a la mañana vamos a tener un mundo de paz. Lo único que podemos poner es empeño en intentarlo.

Cien años de violencia

–Usted proviene de El Salvador. ¿Cómo vivió el proceso de paz en su país?

–Con una historia de cien años de violencia, donde la misma violencia llegó a constituirse en una ética del poder, donde los opresores determinaron que los oprimidos también asumieran formas violentas, tuvimos un conflicto muy cruel. En 1989 el Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) hizo una ofensiva muy fuerte que demostró que el conflicto no se podía ganar por la vía militar. Ahí surge la necesidad de una negociación.

–Usted tuvo un papel importante en ese acuerdo…

–En el momento de la salida se creó la Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz, integrada por diez personas donde había militares, guerrilleros y representantes de los partidos políticos. Yo fui parte de esa comisión, que tuvo el objetivo de abrir un espacio de debate para dar fin al conflicto y elaborar la legislación ante la salida de esa situación. Yo era el secretario general del Movimiento Nacional Revolucionario, partido integrante de la Internacional Socialista, y fuimos los aliados políticos del Frente Farabundo Martí.

Aprovechando mi permanencia en Washington donde trabajaba, en mis ratos libres era parte del colectivo político diplomático que hacía cabildeos en Estados Unidos para la causa.

Después fui inspector general de la Policía Nacional Civil, con la misión de controlar el desempeño policial durante cuatro años, hasta 1999.

Cuentas pendientes

–¿Cuál fue el resultado de esa negociación?

–Los acuerdos de paz se cumplieron en su gran mayoría pero quedó pendiente la cuestión socioeconómica. Hubo acuerdos de paz que transformaron la realidad política, una ganancia fundamental. Ya no existe el predominio militar y hay libertad de expresión. Ahora hay unas Fuerzas Armadas y una Policía dependientes del poder civil.

El pueblo vota. El partido de derecha ha ganado siempre las elecciones pero eso no es intrínsecamente malo.

–¿Los enfrentamientos fueron realmente superados o quedaron cuentas pendientes?

–Tenemos una secuela triste que es la delincuencia organizada, otro tipo de guerra.

Respecto al pasado no tenemos cuentas pendientes como en estos países, donde hay reclamos de verdad por las desapariciones. Allá hubo una guerra interna, con muertos de los dos lados. Las cuentas se iba
n saldando en el camino. No se disparaban por la espalda sino al pecho.

Algunos grupos intelectuales reclaman para que no haya impunidad pero no es una cuestión generalizada. Lo que la gente considera es que quedó pendiente el punto de la transformación socioeconómica para que estos cien años de guerra nos dejaran como saldo un desarrollo capitalista aceptable. Ese es el saldo no resuelto. *

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