Comenzó la Conferencia Departamental del PCU en Montevideo

Coalición es el "instrumento conservador por antonomasia"

Con las estrofas del Himno Nacional y una versión melódica (estilo Ray Conniff) de la Internacional, comenzó anoche la Conferencia Departamental de Montevideo del Partido Comunista del Uruguay (PCU).

La asamblea, de cerca de 700 delegados, escuchó un informe de su secretario político (Abrines) y luego aprobó el reglamento de funcionamiento y la mesa que presidirá el debate.

En la presente jornada funcionará en régimen de comisiones (movimiento obrero; unidad política, social y comunal; partido; resolución general y resoluciones varias; candidatos) y con posterioridad en plenaria para escuchar el informe a la plenaria de los dos primeros grupos de trabajo nombrados. Mañana continuará la sesión plenaria y se elegirá la nueva dirección capitalina, así como los nombres a proponer para el Comité Central del PCU.

Abrines comenzó su intervención con un análisis de la situación internacional, diciendo que «el condenable atentado del 11 de setiembre en EEUU al parecer abrió una nueva situación en el campo de las relaciones internacionales. La administración encabezada por George Bush (hijo), representa los intereses del complejo militar industrial y de la industria petrolera; con la guerra, EEUU se propone la hegemonía mundial. El gobierno de Bush presionó y obligó a los organismos internacionales y gobiernos de distintos regímenes a pronunciarse a su favor y declaró la guerra hoy focalizada en Afganistán». A continuación señaló que Estados Unidos amordaza a la opinión pública internacional, para ocultar los verdaderos intereses que están detrás de esta guerra. El secretario departamental expresó que «la única respuesta al terrorismo y a la guerra será movilizarse con las banderas de la paz, el progreso y la justicia social, consolidar y ensanchar todos los espacios democráticos, defender la autodeterminación de las naciones contra el imperialismo».

 

Furgón de cola

Abrines caracterizó al gobierno nacional como de «derecha» y –agregó– que «las cúpulas de los partidos tradicionales, expresión de los grandes grupos económicos, fieles al imperialismo y puntillosos cumplidores de las recetas del FMI, no dejan espacio a alternativas políticas en estos partidos. La llamada coalición de gobierno es el instrumento conservador por antonomasia, destinado a proteger los privilegios, asegurar las superganancias de un puñado de grupos económicos nacionales y extranjeros, mantener y reforzar la dependencia, poner freno a la democratización del país, retroceder a principios del siglo pasado en las conquistas que el movimiento obrero obtuvo en 100 años de luchas regadas con la sangre generosa de los mártires».

Frente a esta realidad, Abrines señaló que «desde la derecha y algunos sectores de la izquierda se pretendía imponer la filosofía de la resignación. El ‘no se puede’. ‘El mundo cambió’. ‘La clase obrera y los trabajadores están debilitados’. Es la concepción que pretendía y pretende desde el punto de vista ideológico, arrastrar y trasformar a los trabajadores en furgón de cola de otras clases y capas de sociedad uruguaya, abandonando a miles de explotados a su suerte».

En los puntos positivos y capaces de frenar la «ofensiva neoliberal», el dirigente comunista resaltó la necesidad de lograr «la más amplia convocatoria por las firmas, junto a Sutel y la Comisión de Defensa del Patrimonio Nacional».

 

Estrategias en cuestión

Más adelante recordó las confusiones generadas en el FA cuando la reforma constitucional de 1996 lo que «hizo que el campo del movimiento popular sufriera un enorme traspié al perder el plebiscito por pocos votos y condicionar el futuro político de las luchas del Frente Amplio contra el neoliberalismo y por el desarrollo del país, camino a la profundización de la democracia». Acentuando el contenido crítico, Abrines, también comentó los «errores y vacilaciones que nos hicieron caer en confusión en la campaña hacia la segunda vuelta (noviembre de 1999) como EP-FA». En la descripción de la estrategia electoral de Democracia Avanzada 1001 en Montevideo y sus resultados señaló insuficiencias y la no participación de algunos dirigentes partidarios en la misma. También que la inversión en la campaña de la 1001 no alcanzó a los 6 pesos por voto. «No logramos cumplir con el diseño de la campaña y cuadros importantes de la 1001 no actuaron con todas las energías y el potencial de su capacidad», precisó. En cuanto a la campaña general del Encuentro hacia las municipales dijo que ésta «se centró exclusivamente en la figura del candidato a intendente (…) como ya había ocurrido en las elecciones legislativas de octubre y como agravante, los bloques dentro de la coalición bastardearon el contenido de la expresión de parte movimiento del FA, clandestinizando los candidatos a la Junta Departamental».

 

Bomberos

Respecto a la IMM, Abrines sostuvo la necesidad de impulsar «que las juntas locales sean electivas, y al mismo tiempo creemos que es fundamental desarrollar la regionalización en los términos en que está planteada en el propio programa del EP-FA». Dentro de los aspectos a resolver destacó la relación gobierno-fuerza política, ya que esta «‘se ocupa’ del gobierno de Montevideo cuando ‘estalla’ algún problema, pero el cumplimiento del seguimiento sistemático de la aplicación del programa no se realiza».

De la misma manera «sigue siendo materia pendiente el involucramiento de los funcionarios en la gestión».

Por último señaló que en 1999 el PCU creció más que en los cuatro años anteriores, sobrepasando los 100 organismos que funcionan en Montevideo.

Los aspectos críticos refieren a la imposibilidad de llegar al total de afiliados («para la visita de carné se contactó sólo el 50″), así como la «debilidad de la organización del partido en los principales centros de concentración y de trabajadores». *

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