Entrevista con el ex dirigente colorado Aramir Silva, integrante del Encuentro Progresista

"Batllistas auténticos ya no queda ni uno dentro del Partido Colorado"

DANILO ALBIN, CANELONES

 

A los 45 años de edad, Silva ha realizado varias huelgas de hambre en reclamo de soluciones para el agro. Actualmente preside la Asociación de Fomento y Defensa Agraria de Juanicó (Afydaj) y el Centro de Viticultores del Uruguay (CVU), mientras que encabeza la Intersocial de Canelones.

Hasta las elecciones nacionales y departamentales de 1994 integró la Lista 114 del Partido Colorado, fundada por Tomás Berreta. El pasado lunes, en un acto realizado en Pando y al que concurrió Tabaré Vázquez, el mítico dirigente gremial ingresó formalmente a la dirección del Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA), presentada públicamente esa noche.

En una entrevista mantenida ayer con LA REPUBLICA, Silva fustigó al Partido Colorado por impulsar este modelo económico y reclamó la unidad de los progresistas para combatir la grave crisis social y económica que atraviesa Canelones.

–¿Qué significa su ingreso a la dirección del EP-FA de Canelones?

–En las pasadas elecciones ya habíamos dicho que el mejor programa de gobierno era el del EP-FA. Veíamos que ahí había un enfoque de cambio, desde donde se podían conseguir soluciones para la producción nacional. La realidad demostró que no estábamos equivocados, y hoy los productores se dan cuenta que tendrían que haber provocado un cambio en las urnas.

Debemos colaborar con cualquier sector del EP-FA que precise nuestro apoyo y requiera nuestra visión del agro, la industria y los problemas sociales. Hay que buscar que todos los sectores se fortalezcan y así arrimar gente, para que crea en un cambio posible. No pido nada, lo único que brindo es el apoyo a las fuerzas progresistas que luchan por un cambio. Sin sacar ventajas.

–¿Por qué abandonó el Partido Colorado?

–El batllismo es otra cosa. Batllistas auténticos dentro del Partido Colorado no queda ni uno. Si alguien es batllista, no puede aceptar el desmantelamiento del agro, cuando José Batlle y Ordóñez luchaba por el productor. Hay que recordar que en su modelo estaban incluidos todos los sectores y se respaldaba al más débil, mientras que hoy se apunta a la flexibilidad laboral y al desmantelamiento del aparato productivo e industrial, dejando que el mercado regule todo. En realidad, todo está conduciendo a las familias a más pobreza y dolor.

–¿Usted colaborará para que canarios provenientes del Partido Colorado se sumen al EP-FA?

–Claro que sí, y sería bueno que mañana los batllistas pudiéramos sentarnos a debatir sobre el futuro del país y evaluar qué es el batllismo en el siglo XXI. Creo que podemos tener una estrategia para demostrarle a la ciudadanía que hay posibilidades de cambio; el batllismo progresista será una salida para el país.

No queremos encontrarnos que nos utilizan de un lado ni del otro, simplemente buscamos poner un granito de arena dentro de cada uno de los sectores que componen el EP-FA. Estamos en un camino de unidad, buscamos un beneficio colectivo y no personal. Queremos demostrar que no son todos los dirigentes malos ni que todos corren detrás de la teta del gobierno para acomodarse.

–Usted se define como batllista, pero aquí en Canelones está el intendente Tabaré Hackenbruch, que también se define como batllista. ¿Dónde radica la diferencia entre ustedes?

–En la vida de los dirigentes políticos o gremiales, cada etapa va quemando un desafío, y luego el tiempo dice quién tiene la razón. El Partido Colorado tiene una historia muy profunda en este país, pero los tiempos fueron cambiando para mal.

A mi entender, ya en 1966 el plebiscito por la reforma naranja dividió al partido e identificó a los verdaderos batllistas que apoyaron el colegiado de Pepe Batlle y a quienes utilizaban a ese líder y a su sobretodo. Los que defendieron la reforma naranja no son batllistas, son colorados porque hacen fuerza y se ponen rojos de cara.

Esto también sucede en el Partido Nacional, que perdió su identidad frente a la gente del campo. Si aquellos hombres que defendían el campo como Wilson Ferreira Aldunate vivieran, sentirían vergüenza, pues ya van más de dos años de este gobierno y todavía no logramos una ley que frene las ejecuciones de productores. Indiscutiblemente, la gente no está siendo representada por quienes votaron en las urnas.

–¿Cómo califica la gestión del intendente Tabaré Hackenbruch?

–La administración de Hackenbruch ha sido realmente desastrosa. Lo calificó el propio presidente Jorge Batlle, que dijo que había intendencias buenas y malas, pero que Canelones no tenía intendente. Y no lo digo yo, lo dice nada menos que el doctor Batlle.

–¿Cuál es, a su criterio, la situación actual del departamento?

–Canelones atraviesa una grave crisis social. Lamentablemente no se está mirando la realidad de la gente, y es doloroso que los legisladores no estén enfocando la gran problemática de Canelones. Este departamento está atravesando una fuerte crisis de desocupación, con un enorme deterioro de la familia.

Al no existir posibilidades de trabajo, se genera incertidumbre en el trabajador y en el comerciante, mientras que hay un gran dolor en la granja. Tenemos pequeños y medianos productores condenados a desaparecer, y es mentira que el (régimen de refinanciación de deuda) cupón cero los salva. Nuestros padres nos dejaron un pedazo de tierra pero no para que nos ejecutaran, sino para mantener la familia. Este modelo nos arrastra a una crisis de dolor, miseria y hambre.*

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