La columna de Sherlock
Lucio y un «desacuerdo» funcional
-¿Será el Tribunal de Cuentas un organismo tan importante?
Decía un informante de Sherlock, frente a una humeante taza servida sobre una mesa del Café Brasilero. Nuestro sabueso se sentó frente a su interlocutor, sabiendo que el hombre estaba dispuesto a brindarle alguna información.
-¿Le pido un café en vaso? dijo el informante, sabedor de las preferencias de nuestro sabueso.
-No, por favor, no me haga pasar vergüenza. ¿No sabe que es «de menos» que sea en vaso? La semana pasada criticaron mis lentes y ahora esto… ¡Lo quiero en pocillo!
Salvada la incomprensión, el hombre se puso a hablar.
-Parece que el ministro de Transporte y Obras Públicas (MTOP) encontró la forma de evitar pasar parte de sus decisiones al Tribunal de Cuentas.
-¿Qué me está diciendo?
-Es que la megaconcesión de carreteras, que multiplicará como hongos los puestos de peaje por todo nuestro país, se realizará a través de la Corporación para el Desarrollo.
-¿Y eso que tiene que ver?
-¿Ya no recuerda? No sabe que según una tesis elaborada por la Corporación, ésta sería un ente que se maneja bajo el derecho privado y sólo acepta auditorías externas y privadas. Desde hace años ningún funcionario del Tribunal de Cuentas puede saber algo de lo que allí se hace.
-¿Entonces?
-Si se sigue con el mismo mecanismo, la megaconcesión del MTOP, ya que el socio principal será la Corporación, podrá evitar el camino de llevar el expediente para su aprobación a la casona de Bartolomé Mitre.
-¿Una jopeada? Dijo nuestro sabueso.
– Puede ser. Lucio, según me afirman, dice que así se gana tiempo.
Sherlock, pensativo, se llevó el humeante pocillo a la boca.*
¡Feliz cumpleaños, Presidente!
El presidente Jorge Batlle no puede negar su edad. Sus ex compañeros del Liceo Bauzá, como el diputado socialista Guillermo Chifflet, no lo dejarían. Por eso sabemos que el pasado 25 de octubre llegó a los 74 años y sigue (usando su metáfora) en la estación Carnelli, sin que el viejo tren que puso en marcha (ya van para tres años…), pueda llegar a Central. Ahora, por lo menos, deberá esperar dos cosas: que sea terminada la nueva estación, todavía en «veremos» y que el ministro Bensión le tire algunos pesos a AFE para poder echarle combustible a la «locomotora» que, está paralizada.
Los festejos comenzaron el 24, cuando los niños de la escuelita «Uruguay» de la ciudad de Porto Alegre, que visitaron y se fotografiaron con Batlle en el Edificio Libertad, le entonaron en portugués «qué los cumplas feliz», lo que fue una emocionante recordación de la veteranía de nuestro primer mandatario. Sherlock allí presente observó en su cara que aquel desordenado y desentonado homenaje –no podía ser de otra manera– era de su agrado.
Al día siguiente, luego de no haber ido a votar –¿no cobrará su sueldo o pagará la multa?– en las elecciones universitarias, Batlle viajó a Buenos Aires. Se reunía el Congreso Mundial de Energía, donde también fue agasajado, regalándole el presidente de ese organismo un pesado poncho cuyano.
Todo bien y también la foto del matutino El Observador, en su página 7 del sábado (¡hay mamita…, por Dios! Las cosas que hay que ver), que nos recuerda, también metafóricamente, lo que les está ocurriendo a muchos gobiernos de nuestro continente, pero más bien cuando son actores los representantes de los organismos internacionales.
Menos mal que en la foto el que está detrás de Batlle es el presidente boliviano Jorge Quiroga, por ahora libre de culpa y cargo. Sherlock, que es un periodista del siglo XXI, abierto a todo tipo de libertades, luego de mirar la escena, casi expresa su consabido «¿Y qué?»
Sin embargo, pasado el primer momento, nuestro sabueso recordó que los bolivianos, argentinos y uruguayos compartimos un estigma que es muy grave: una mutación del virus del sida que tiene nuestras exclusivas tres banderas.
Luego, la fiesta del aniversario siguió en privado, pero Sherlock –no abandonando nunca su obligación de periodista– pudo averiguar con fuentes responsables que el último mandatario del Partido Colorado es del signo de Escorpio.
¡Feliz cumpleaños señor Presidente!*
Bensión y la «inamovilidad»
-La reforma de la DGI, si no hubiera un enorme cangrejo bajo alguna piedra, es una medida ingenua que va contra la teoría económica, le decía a Sherlock uno de sus informantes bajo un refugio de una parada de ómnibus, que recibía las inclemencias de la lluvia.
-¿Por qué me dice eso?
-Es que la recaudación impositiva no cayó por los defectos de la DGI, sino por la incompetencia del gobierno, la corrupción y, por supuesto, como consecuencia de la crisis económica. Si hacemos algunas simples cuentas, vemos que la caída del consumo, el cierre de empresas, el menor número de exportaciones, etc., tiene vinculación directa con la recaudación.
-Entonces, ¿para qué la reforma?
-Es otra cortina de humo que le vendieron al ministro. Pero déjeme decirle otra cosa: Bensión habla del fin de la inamovilidad de los funcionarios públicos con la contratación de 40 inspectores que tendrán sueldos altos. ¿Dónde está el fin de la inamovilidad? Los contratados son prescindibles en todas los organismos de la administración pública. Además habla de concursos de ingreso…
-Es una de los argumentos más importantes.
-Le puedo asegurar que ya hay listas hechas, se sabe quiénes tendrán sueldos de 5 mil dólares y quiénes ganarán algo menos. Será una ficción de concurso, ya están prontos los «ñoquis» que, se lo juego, tendrán prácticamente uno o dos colores políticos. Sé de, incluso, un coronel con mala fama … ¡Habría sido designado ya con el dedo!
-Pero hay que mejorar la recaudación, si no el déficit nos llevará a la mierda.
-Claro que sí y creo que hay que reformar la DGI, dotándola de recursos, atacando la corrupción. Pero lo que quiere hacer Bensión nada tiene que ver con eso. Es otra ilusión, loca, de que la gente tiene más recursos de los reales, pese a que insisto que hay que «apretar» a muchos grandes que evaden.
-Entonces, ¿un camino equivocado?
-Un mal camino.*
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