Los presidentes de Uruguay, Argentina y Bolivia abogaron por transformar el sector energético

Batlle y las privatizaciones: "Somos de los más demorados"

De la Rúa puso el acento en invitar a la región latinoamericana a no encerrarse en las fronteras y unirse geopolíticamente, al clausurar cuatro días de sesiones del 18 Congreso Mundial de Energía.

Batlle también hizo girar su discurso en torno al pilar de la integración, pero dedicó varios párrafos a su frente interno, al lamentar que las privatizaciones no avancen todo lo rápidamente que desearía.

«Somos de los más demorados en cuanto a las medidas que hay que tomar. A otros países no les ha costado tanto salir de las estructuras del monopolio estatal», dijo Batlle, en el centro de convenciones de la Sociedad Rural Argentina, ante unos 1.500 funcionarios y empresarios, sobre un total de 3.000, de 60 naciones que debatieron la energía en el nuevo milenio. Al hablarle a decenas de altos ejecutivos y presidentes de empresas que tienen el control de las más grandes firmas de petróleo y energía, Batlle dijo, sin embargo, que este no es el fin (de la discusión) sino el principio.

El mandatario uruguayo expresó que la raíz de estas dificultades para privatizar «es la inercia de la sociedad» y sostuvo que «los uruguayos no advertimos a tiempo cómo el mundo estaba cambiando realidades».

Exultante, Quiroga sostuvo a su vez que Bolivia debe ser el corazón de la integración en Latinoamérica, entre otras razones, por su potencial en materia de electricidad y gas.

En una por lo menos curiosa comparación, aseguró: «Bolivia quiere convertirse en el corazón latinoamericano. Hace 30 años (el guerrillero argentino) Ernesto ‘Che’ Guevara pasó por allí con la intención de hacerlo, pero ahora lo encaramos con otras motivaciones». «Los bolivianos queremos revertir una imagen económica y por eso se han manejado de producir millones de toneladas de coca, que era el producto por el cual se nos conocía en el mundo», destacó Quiroga.

Alfonso Cortina, presidente de la española Repsol-YPF, había indicado en uno de los paneles el valor histórico del gas natural boliviano en la primera iniciativa de integración entre las Américas.

El proyecto contempla llevar el gas hasta una estación sobre el Pacífico y desde allí exportarlo a Estados Unidos, México y Canadá.

De la Rúa había señalado que Argentina tiene una importante disponibilidad de gas, pero el objetivo gubernamental es impulsar no sólo la exportación de materia prima, sino el producto con valor agregado. Batlle se sumergió en una de sus habituales evocaciones históricas, al recordar que entre las dos guerras mundiales del siglo XX el sector energético «fue estatal y monopólico».

«Los ministros de Economía, en vez de discutir impuestos, aumentaban las tarifas. Pero ahora aquello que fue un sostén se ha transformado en una lápida», ilustró con verborragia.

Quiroga insistió en el orgullo de su país por el desarrollo del sector y planteó que tiene el privilegio de formar parte de las cuencas andina, amazónica y del Plata.

«Bolivia cambió su tarjeta de visita, que fue inicialmente la minería, luego la cocaína, que trajo estigma y corrupción, y ahora es el gas natural», dijo el jefe de Estado boliviano. Sin embargo, advirtió que «la energía, como antes la agricultura, debe ser liberada en tres sentidos: siendo capaz de operar sin indebidas cargas arancelarias o pararancelarias o subsidios», indicó. *

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