Para el legislador del EP, atentados en Estados Unidos generaron una "regresión histórica pavorosa"

Pita: "Nada justifica las acciones terroristas, pero causas hay"

En Uruguay, agregó, la lucha antiterrorista debe ser encabezada por el Ministerio del Interior. Estos conceptos y otros vinculados a la necesidad de un movimiento por la paz, a nivel nacional e internacional, fueron volcados por el legislador encuentrista en una extensa conversación con LA REPUBLICA.

–¿Puede precisar la postura del FA de combate al terrorismo?

–Hay una línea nacional de trabajo que el FA comparte, la establecida por la cancillería en su resolución del 18 de setiembre. Era la definición de justicia sí venganza no que, traducida, no es sólo una declaración de valores éticos compartibles, sino que tiene, para nosotros, la única manera eficaz de combatir al terrorismo. A través del derecho, de los mecanismos de seguridad, de la coordinación de los servicios de Inteligencia y de los cuerpos represivos. Para poder identificar, capturar y someter a la justicia a los sospechosos de actividades terroristas o de prepararlas.

–¿Cómo sería el trabajo conjunto de los organismos de seguridad?

–A través de la coordinación de Inteligencia que ya se comenzó a hacer, pero que también debe hacerse a nivel panamericano, concretamente en el Comité Interamericano Contra el Terrorismo (CICT). Cuando uno habla de coordinación, debe entenderse que es necesario compartir la información y no pretender que una la consiga de las otras sin reciprocidad. Porque, si de eficiencia hablamos, habría que preguntarle a los organismos de Inteligencia de Estados Unidos cuáles son los niveles de efectividad comparable, para decir que ellos tienen ese derecho de conseguir información y no compartirla.

–A su juicio, ¿cuáles son los problemas que tuvieron las agencias estadounidenses?

–Uno se pone a pensar cómo puede haber ocurrido esto. Lo que sucede es que los servicios de Inteligencia, la CIA por ejemplo, eran amigos de todos los que trabajaban en Afganistán. La CIA armó, entrenó y financió a Bin Laden. Eran los amigos de Estados Unidos cuando luchaban contra el régimen pro soviético, entonces hay allí una red de relaciones que vienen de antes. Lo primero que hay que entender es que la actividad no puede estar al margen de valores éticos, concibiéndola, como ha acontecido, de una forma meramente instrumental.

No puede ser dios un día y el diablo otro. Esto pasó, no hace mucho, con Saddam Hussein. El era un santo de occidente, que armaron hasta transformarlo en la quinta potencia del mundo, para derrotar el Irán de Ayatolá Jomeini, luego devino en demonio.

Una consecuencia de esa forma de actuar es que el terrorismo, en la Corte Penal Internacional, no está considerado como un delito de lesa humanidad, por oposición de Estados Unidos.

–El atentado contra las Torres Gemelas ¿tiene alguna explicación más allá de la irracionalidad y el choque de culturas como dicen algunos?

–El terrorismo tiene causas y encontrarlas no tiene nada que ver con justificar el terrorismo. El que quiera hacer política sucia con esta afirmación que lo haga. Pero causas hay. No reconocerlas, sería la negación de la reflexión y el raciocinio humano. Nada justifica las acciones terroristas, pero hay causas que explican la existencia del terrorismo y de los adeptos que consigue. Basta ver el mundo tal cual es y las iniquidades del mismo, para entender que haya personas que antes de vivir la vida en este mundo deseen morir para llegar al paraíso y tener otra distinta y, de paso, hacer algo que creen justo porque dios se lo manda.

En términos sencillos, esto explica lo que parece inexplicable. Cómo puede haber gente con una preparación suficiente para poder planificar, entrenarse, llegar a una edad determinada (con una preparación por lo menos preuniversitaria) para culminar su vida con una inmolación, llevándose consigo a miles de personas, en un acto al servicio de la fe. Creo que hay una notoria situación de sometimiento de una parte muy grande del mundo islámico por parte de occidente, producto de los intereses económicos. El interés energético, en una situación geográfica tan injusta y contradictoria –pobreza de la superficie y riqueza del subsuelo– donde hay petróleo, gas, genera contradicciones monstruosas a las que se le agregan las guerras imperiales, que han tenido como escenario fundamental esas regiones.

–¿Es, para usted, esa la razón de la guerra?

–En esta situación, a nadie le podrán explicar que es para combatir a Bin Laden que se bombardea Afganistán. Da pavor si uno se pone a mirar cuántos días van de bombardeos, cuántas bombas, cuántos misiles y observa lo que es la geografía de dicho país. Están bombardeando el cantegril del mundo, la miseria más espantosa del mundo. La gente se muere de hambre y atacan con lo más avanzado de la tecnología militar para la destrucción. Es una insensatez. Creo que es un gravísimo error lo que se hace. Pienso que el FA hace bien en pronunciarse en contra. Por este camino no se combate el terrorismo, se siembra sufrimiento que lo único que hace es sumar a lo acontecido el martes 11, muchos miles más en Afganistán. El único beneficiario de esto es el complejo militar armamentista mundial, que sistemáticamente es quien se lleva enormes ganancias de estos episodios.

–Usted habló de la posición inicial del gobierno nacional, pero ella se ha modificado.

–Es muy digna la posición del gobierno uruguayo del martes 18 de setiembre. Especialmente cuando todos los dirigentes del mundo, prácticamente todos, empujaban a Bush a las acciones militares, hubo sólo cuatro voces –el Papa, el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Fidel Castro y Jorge Batlle– que, con palabras distintas, dijeron lo mismo: justicia, no venganza.

Hoy el gobierno, frente al inicio de los ataques, es claro que cambia su posición. Discrepo con esta postura, pero advierto que se refiere a determinados objetivos, que tiene una limitación en el tiempo y en la magnitud. Habla de la proporcionalidad.

–Varios dirigentes de la izquierda han señalado que tras los ataques terroristas, siempre se fortalece la derecha conservadora.

–Los que creemos que la seguridad tiene que estar al servicio de la libertad y de la paz, nunca al revés, tenemos que volver a empezar. Antes del 11 de setiembre, los grandes temas del mundo eran la pobreza, la marginación, las iniquidades en el comercio, los proteccionismos salvajes de las grandes naciones, de continentes enteros que se mueren por sida, por ejemplo, cuando la India trata de copiar medicamentos, la OMC denuncia a dicho país y los poderosos del mundo le dan la razón a las corporaciones del medicamento.

Cuando ocurre la salvajada terrorista contra los Estados Unidos, se denunciaba que la expectativa de vida, en el sur de Africa, había caído de 60 a 43 años. Es decir, se procuraba alcanzar un mínimo de justicia, de controlar los flujos de capital, de crear nuevos organismos financieros a nivel internacional, sustituyendo al FMI y el Banco Mundial, que sirven a intereses ajenos a la mayoría de la humanidad. El acto salvaje, irracional y ciego, nos generó una regresión histórica pavorosa que hace que tengamos la necesidad de volver a empezar. Volver a discutir si la seguridad está por encima de la libertad y de la paz.

–Volviendo a las medidas en Uruguay, ¿cómo debe encararse la lucha antiterrorista para que no se ponga en peligro la libertad de los ciudadanos?

–Quiero que la coordinación de la Inteligencia nacional la haga el Ministerio del Interior y el Presidente de la República. Lo que no quiere decir que no coordinen con Defensa, pero los que mandan son los de seguridad de la sociedad y no los de Defensa. Quiero, como está pasando, la coordinación regio
nal de los ministros del Interior, los que son por definición de la civilidad. Son las fuerzas democráticas civiles por naturaleza al servicio de las cuales tienen que estar los cuerpos militares democráticos. El combate al terrorismo lo tiene que hacer la humanidad toda, no lo deben hacer los generales.

–¿La izquierda concretará en iniciativas su rechazo a la guerra?

–Estamos, por definición de la Mesa Política, con el objetivo de presentarle al FA un plan de trabajo para impulsar un movimiento por la paz a nivel mundial.

Creo que Uruguay debe dar su voz en ese sentido. Hay que terminar con la guerra. Después de la Segunda Guerra Mundial, en la que se habían matado generaciones enteras de jóvenes, se dio la creación de la Unión Europea, como forma de institucionalizar la paz.

No es cierto que exista la guerra como forma de alcanzar la paz. *

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