La Columna de Sherlock

«Ondas de amor y paz»

La plaza matriz estaba en un momento de esplendor. El sol primaveral englobaba todo el ámbito, traspasando sus rayos los follajes, tornasolándose en una gama de mil colores. Sherlock, asombrado por esa maravilla de la naturaleza, estaba sentado frente al edificio del Honorable Directorio del Partido Nacional, esperando que emergiera de la añosa construcción un dirigente de esa colectividad que le había prometido información.

No debió esperar mucho. El hombre cruzó corriendo la calle, al ver a nuestro sabueso que trataba que los rayos de sol le calentaran el rostro.

–¿Cómo va amigo periodista?

Sherlock se recompuso, miró al hombre y se aprestó a escuchar.

–El Cuqui, sabe usted, está impulsando a nivel del Honorable una nueva onda de relacionamiento.

–¿Con quién?

–Pero hombre, es bien claro. ¡Con el resto del partido!

–Mejorar el relacionamiento. Pero eso es difícil –dijo nuestro sabueso–, las cosas con Juan Andrés están más que frías, ni lo saludan los herreristas…

–Ahí está la cosa –siguió el hombre– la cuestión es comenzar a darle la mano a Juan Andrés que es el único dirigente blanco, por el momento, que tiene un discurso interesante.

–¿Y el resto del Partido?

–Se quedó hace largo tiempo sin discurso… la coalición de gobierno lo mató.

–¿Y ahora quieren recomponerse?

–¡Obviamente! De lo contrario en 2004 el Partido corre el riesgo de desaparecer.

Cuando el hombre se fue Sherlock buscó nuevamente el rayo de sol que anteriormente le entibiara la cara.

«Lo que hay que preguntarse –pensó– es si Ramírez está dispuesto a contestar los saludos. Lo han tratando demasiado mal al hombre».

 

Un problema satelital

Sherlock no podía, ese casi mediodía, abandonar la belleza de la Plaza Matriz.

Pero, más allá de las tibiezas del sol, la función de investigador de la realidad política había que cumplirla. No sólo por la vocación periodística, sino por el orgullo profesional de trasmitir primicias. Por ello se dirigió a la zona del Tribunal del Cuentas, sobre la otra cuadra de Bartolomé Mitre. Allí, con cara de ofuscado, desde la sede del organismo de contralor, salía un alto funcionario que, en algunas ocasiones, había hablado con Sherlock.

–¿Qué le pasa mi amigo? –fueron las primeras palabras de nuestro sabueso.

–Es que estoy indignado… –dijo el hombre– los funcionarios dicen cualquier cosa…

–¿De qué me habla?

–De lo ocurrido en la Comisión de Defensa Nacional del Senado, en que el presidente de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones, Fernando Pérez Tabó, para justificar los decretos que autorizan a empresas a explotar la utilización de dos satélites de comunicaciones, desde una Zona Franca, afirmó que el Tribunal de Cuentas estaba de acuerdo.

–¿Dijo eso?

–Dijo que «de alguna manera así lo consideró el Tribunal de Cuentas, que era perfectamente posible el dictado de esas resoluciones y, concretamente, el otorgamiento de esa autorización».

–Pero acláreme cuál fue la posición del Tribunal.

–El Tribunal entendió que como no había afectación de gastos, no le correspondía un dictamen de su parte, pero de ninguna manera avaló ningún tipo de autorización.

–Explíqueme algo más…

–A Uruguay le corresponde, como país miembro de la UIT, dos posiciones orbitales, que de acuerdo a su posición, están limitadas a la prestación de servicios de difusión por satélite y los servicios fijos por satélite. Son posiciones orbitales que el país tiene por el solo hecho de ser un país miembro de ese organismo.

–¿Y se asignaron a empresas privadas?

–Eso es lo discutible, ya que se dio la autorización a empresas privadas para que operaran desde zona franca.

–No entiendo…

–Que se asigna la concesión por decreto y que las empresas usufructuarán las dos únicas posiciones orbitales que tiene el país, desde una zona franca, o sea que no pagarán ni siquiera impuestos.

–¿Entonces?

–Es obvio que algún legislador debiera pedir informes al Tribunal de Cuentas para que se conozca cuál es su verdadera posición sobre el asunto. Le puedo asegurar que desde aquí no se extendió ningún cheque en blanco.

 

ANEP: paradigma del desorden

Contratos de obras y servicios por más de 4 millones de dólares en un año.

–¿Tanto?

–Lo de ANEP es paradigmático y está muy bien que el diputado Roque Arregui siga denunciado lo que ocurrió allí.

–¿Le parece?

–Hay asuntos de todo tipo. Recuerdo una denuncia que hizo su diario…

–¿La República?

–¡No recuerda! ANEP compró unas máquinas calculadoras que tenían procedencia mexicana, según la etiqueta. Pero uno se tomaba el trabajo de despegarla y debajo decía Made in China.

–¡Recuerdo!

–Luego vino el escándalo de las computadoras, de las que todavía más de doscientas y pico no aparecieron.

Más adelante se conocieron los dictámenes del Tribunal de Cuentas y de la Auditoría Interna de la Nación, con cuestionamientos sobre la administración de dineros y bienes.

–¿Y ahora?

–Se tiene el temor de que ese desorden continúe y se administren nuevamente mal los recursos nuevos, como los 17 millones de dólares que recibió ANEP por el remate de la playa de contenedores.

–A la pucha. Entonces el lío es grande.

–Qué le parece.*

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