Al cumplirse 34 años de la muerte en Bolivia del comandante cubano-argentino

Entrevista a uno de los tenientes del "Che"Guevara, autor de un libro acerca de sus reflexiones económicas

Entre los muchos proyectos de Ernesto Che Guevara tronchados por su muerte en Bolivia está el de un libro de economía política. Convencido como estaba de la necesidad de escribirlo y publicarlo, adelantó el prólogo, con el título de «La Necesidad de este Libro». Inédito hasta ahora, ese prólogo se incluye en el libro «Che, el Camino del Fuego» de Orlando Borrego (Editorial Hombre Nuevo, Argentina), entre otros textos, también inéditos.

La idea de ese libro la tuvo el Che durante un viaje a Checoslovaquia, a mediados de los 60. Y la transmitió a Borrego, colaborador cercano desde los tiempos de la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista, en la Columna 8 «Ciro Redondo», que Guevara comandaba y en la cual Borrego alcanzó el grado de primer teniente.

Después de tomado el poder y cuando todo estaba por hacerse, el Che, a la cabeza del Departamento de Industrialización llamó a Borrego a trabajar con él. Luego, como ministro de Industrias, el Che siguió contando con el apoyo de Borrego, ahora como viceministro.

Ese trabajo en conjunto sólo terminó con la partida del Che a Bolivia, en 1965.

En Buenos Aires, donde acaba de presentar su libro, Orlando Borrego relata a proceso la historia del libro ideado por el Che.

Desde Praga el Che me envió una carta diciendo: «Estoy pensando iniciar un trabajito sobre el Manual de Economía de la Academia de Ciencias de la URSS. Cuando menciona a Alvarez, habla de Luis Alvarez Room, en esa época ministro de Hacienda en Cuba.

–¿Envió el Che sus escritos para ese libro?

–Sí. Poco después me envió lo que había adelantado: un proyecto de índice temático, una síntesis biográfica de Marx y Engels, una cantidad de notas cortas referidas al Manual, numeradas; una síntesis bibliográfica y el prólogo. Todo escrito de su puño y letra.

–¿Usted los conserva?

–Todos.

–Pero el libro sigue pendiente…

–El «ejercicio» consistiría nada menos que en un análisis crítico del Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS. En ese momento estábamos todos muy ocupados resolviendo cuestiones urgentes. Además, me parecía necesario comentar con el Che sus escritos antes de complementarlos, ordenarlos, darles forma de libro. Sólo pude hablar con él de ese tema meses después, en una finca de San Andrés, en Pinar del Río, donde él se preparaba para partir hacia Bolivia. Para entonces yo me sentía más preparado para el tema pues ya había estudiado economía de la Universidad de La Habana y también me había aventurado a un doctorado en la materia en la Unión Soviética. El Che partió y cada cual regresó a sus tareas.

–Y treinta y cuatro años después, usted decidió escribir este libro que ahora presenta…

–Sí. Yo portenezco ya a la «gerentocracia» cubana; sigo prestando mis servicios a la Revolución. (Actualmente es asesor del Ministerio de Transportes). No obstante, hace tres años decidí robarle horas al descanso y escribir no el libro que ideó el Che, sino éste, que recoge gran parte de sus reflexiones acerca de economía política y relata una parte fundamental de la entrega del guerrillero y comandante Guevara a la lucha que junto a Fidel y todos sus compañeros libró para la edificación del socialismo en nuestra pequeña isla del Caribe, aquello que él llamó «lo más puro de mis esperanzas de constructor».

«Y en los años que me quedan, estoy dispuesto a trabajar en el libro sugerido por el Che, en la medida en que las condiciones organizativas lo permitan. Conociendo al Che como lo conocí, sé que de estar hoy en Cuba, él estaría dedicando lo mejor de sus esfuerzos a sacar el país del ya prolongado período especial por el que atraviesa –a causa del bloqueo y del derrumbe del campo socialista– y que tantos sufrimientos inflige a nuestro pueblo.

 

El aporte teórico del Che

 

–En este libro usted incluye muchas alocuciones, opiniones, reflexiones y escritos del Che, además de los textos comentados con él acerca del libro de economía política. ¿Podría calificarse como una recopilación del aporte teórico del Che a la revolución?

–Así lo entiendo. Y, a mi juicio, lo más importante de ese aporte del Che es lo visionario de su análisis. El Che predijo con tres décadas de anticipación que, de no enmendarse algunos rumbos, el campo socialista podría colapsar.

En nuestros encuentros en San Andrés, el comandante Guevara me comentó su preocupación acerca de la necesidad de que la sociedad socialista rectificara a tiempo sus contradicciones y deformaciones porque, de no hacerlo, ellas desembocarían en una involución del sistema, con impredecibles consecuencias para la humanidad. Muchos de los biógrafos del Che ponen el acento en su trayectoria como guerrillero, es decir, en su práctica revolucionaria. Yo intento destacar la profundidad del conocimiento teórico que siempre y en todo momento acompañó su práctica revolucionaria.

–Incluye también anécdotas personales, algunas casi domésticas…

–Lo que intento es mostrar su calidad humana, su forma de relacionarse con los demás, de abrirse a todos las expresiones del quehacer humano… Es decir, el Che como un hombre de este mundo, desmitificado.

–¿Por qué el título de «El Camino del Fuego»?

–Porque una noche de 1964, en la Central de Trabajadores de Cuba y en medio de un balance de trabajos voluntarios, el Che recurrió a un poema de su amado poeta León Felipe para reforzar su idea. Citó: «Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido que ha convertido el trabajo en una sudorosa jornada, convirtió el palo del tambor en una azada, y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo, se puso a cavar. Quiero decir que nadie ha podido cavar al ritmo del sol y que nadie ha cortado todavía una espiga con amor y con gracia». Y el Che concluyó: «Nosotros podríamos decirle a ese gran poeta desesperado que viniera a Cuba, que viera cómo el hombre, después de pasar todas las etapas de la enajenación capitalista y después de considerarse una bestia de carga uncida al yugo explotador, ha reencontrado su ruta y ha reencontrado el camino del fuego. Hoy en nuestra Cuba el trabajo adquiere cada vez más una significación nueva, se hace con una alegría nueva».

Días después, el Che enviaba una carta a León Felipe: «El otro día asistí a un acto de gran significación para mí. La sala estaba atestada de obreros entusiastas y había un clima de hombre nuevo en el ambiente. Me afloró una gota del poeta fracasado que llevo dentro y recurrí a usted para polemizar a la distancia. Es mi homenaje, le ruego que así lo interprete».

«Si se siente tentado por el desafío, la invitación vale». *

 

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