La Columna de Sherlock
Un ministro «calentón»
–¿Usted sabe por qué el canciller Didier Opertti está más «calentón» que antes? ¿Tiene algún problema especial, nuevo? ¿Le duelen los pies? ¿Está pasado de trabajo? –preguntó Sherlock a un funcionario de Relaciones Exteriores, junto a la puerta de vitrales del Palacio Santos.
–Opertti siempre fue calentón. Estalla en muchas oportunidades, especialmente cuando se lo contradice.
–Claro, cuentan algunos periodistas que se divierten muchas veces haciendo que el ministro de salga de las casillas.
–Pero en otro día, en la Comisión del Parlamento, se salió de las casillas, saltó la cerca del fondo y luego se fue del barrio.
–Se le fue la mano bien lejos. ¿Verdad?
–Fue una increíble reacción. Parecía una maestra veterana al fin de los cursos, cuando los chicos están insoportables. Primero rezongó, totalmente fuera de sí, a los parlamentarios. Y luego –pobre– se la agarró con el diputado Felipe Michelini, al que amenazó con llevarlo ante los tribunales porque el legislador del Nuevo Espacio declaró que la política exterior había claudicado en varios temas, entre ellos el de los derechos humanos.
–¿Nunca se había visto así a Opertti?
–Pocas veces. Sin embargo en el Edificio Libertad una vez se enojó porque Sherlock (¿fue usted?) dijo que el ministro iba a clases de inglés.
–¿Y eso qué tiene de malo?
–Que Opertti, según él, conoce hasta las más mínimas inflexiones del idioma de Shakespeare.
–Ahhh.*
«Fue un borrador»
–¿Quedó confirmado por el propio presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti, que el documento que presentó a los distintos sectores políticos es nada más que un borrador sobre el que se está trabajando? –preguntó Sherlock a un informante en el remozado bar Alcalá, degustando «una al tacho».
–Sí, quedó confirmado, Sanguinetti lo dijo en la Comisión del Senado que se reunió el pasado jueves para analizar la asociación de la empresa pública con otra de capital privado.
–Pero en el borrador hay cosas aparentemente graves, como esa de que el manejo de la nueva empresa estaría a cargo de los socios privados.
–Es que se debieron atender los reclamos de los posibles socios para que se visualizara un buen negocio para ellos. Con una asociación para importar petróleo y refinarlo en la planta de La Teja, el negocio no existe, pues el mercado interno seguiría monopolizado por Ancap y los costos operativos no permitirían competir en la Argentina. Además está lo de la reciprocidad.
–¿Entonces?
–El gobierno decidió bajar las exigencias, dándole el control a la empresa extranjera que se asocie. Además, también, descontaría el canon de las utilidades que pudieran producirse.
–Pero… ¿cuándo se pagará por Ancap cuyo activo es de más de 1.000 millones de dólares?
–Quizás, si se pone en venta el 49 por ciento de las acciones, se pague –dicen los técnicos– desde 150 a 200 millones de dólares.
–Con ese pago logran el control de toda Ancap, desde la boya petrolera hasta la refinería. Y si obtienen utilidades, el famoso canon que pagarían puede ser descontado de las mismas.
–¿Todas estas cosas se dijeron en la Comisión del Senado?
–Las planteó el senador Gargano que además reclamó que se le explicara por qué ese «gran» negocio que se le abre a la empresa privada que se asocie, no lo hace Ancap.
–¿Qué le respondieron?
–Que el documento escrito no era más que un borrador.
–¿Un borrador? Entonces, todos malgastaron saliva sin sentido.
–Puede ser –terminó el hombre– otros piensan que fue una especie de «globo sonda».*
Una reunión «secreta»
La semana pasada un lujoso hotel Belmond de la avenida Rivera, en la zona de Carrasco, se vio convulsionado por la presencia de algunos ministros de Economía del Mercosur. Hasta el lugar llegaron Pedro Malán, de Brasil, Domingo Cavallo, de Argentina, actuando como anfitrión el contador Alberto Bensión en lo que parecía ser una reunión «secreta» o, por lo menos, no anunciada. Por lo tanto, la prensa se hizo presente en forma masiva.
Sherlock, como lo exige su habitual responsabilidad periodística, se instaló desde las primeras horas frente a la puerta principal, la que estaba discretamente vigilada por guardias de seguridad y de inteligencia.
Sherlock, junto a un árbol, vio que presuroso llegaba al lugar un alto funcionario del Ministerio de Economía, portando una voluminosa carpeta, seguramente para entregar a nuestro ministro de Economía.
–¿Qué está pasando? ¿Por qué esta reunión secreta? –fueron las primeras preguntas de Sherlock.
El hombre miró a los guardias, tomó a nuestro sabueso por un brazo y lo llevó al otro lado del especimen vegetal.
–Son dos temas. Primero, Malán y Bensión quieren tener claro lo que hará Argentina con la convertibilidad, especialmente luego de las elecciones del 14. El segundo tema importante es el vinculado al futuro del Mercosur, que obviamente se ha convertido en una zona de libre comercio. Los aranceles externos comunes casi han dejado de existir…
–¿Zona de libre comercio?
–Claro.
–¿Cómo va existir una zona de libre comercio si se ponen trabas de todo tipo para el ingreso de mercadería? –señaló Sherlock.
–La verdad que la situación es muy difícil –dijo el hombre–, cada país defiende sus intereses y los gobiernos son muy sensibles a las presiones de distintos sectores económicos. Hoy está todo en revisión…
–¡En convulsión!
–Además hay un problema nuevo…
–¿Nuevo? ¿Otro problema?
–Claro. Existe la comprensión por parte de Uruguay y Argentina que Brasil, pese a sus graves problemas, juega un papel distinto en el Mercosur. Allí el FMI tiene dificultades para acordar con el gobierno que, obviamente, toma medidas que parecen poco ortodoxas para quienes, como Bensión y Cavallo, acuerdan todo con los organismos que planifican la economía globalizada, aunque parezca que lo de Argentina es novedoso.
–¿Es que Brasil tiene vocación de gran potencia?
–Sí, pero que –para usar un término futbolístico– todavía juega en segunda división.*
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