"Hoy los parlamentarios del Foro son inimputables, porque lo que dicen del FA ni ellos lo piensan"

RAUL LEGNANI

 

–¿Qué significó el 11 de setiembre para el mundo?

–Fue un hecho absolutamente imprevisto y que no estaba en la imaginación de la humanidad. A la vez generó un cuadro político nuevo, en tránsito. Pero es un mundo que ha cambiado, sobre el que habrá que reflexionar de una manera distinta.

Claro que la posición que expresa el gobierno de Estados Unidos hoy –y que lo era antes del 11 de setiembre– es una posición extrema.

En los más de cien días del gobierno de Bush hubo una cantidad de episodios de política internacional que marcaron una política con variantes sustanciales en relación a la política de los demócratas en los ocho años anteriores. Cualquier análisis sobre el futuro de América Latina debe incorporar lo que ocurrió, lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir después del 11 de setiembre.

–Tengo un documento del diputado forista Washington Abdala, de cuatro páginas y media, que es muy crítico con el Frente Amplio. Allí recuerda que a los batllistas no se les vinculará nunca con el terror, le agradece al doctor Julio María Sanguinetti por haber participado de la condena al terrorismo y afirma que es la hora de la solidaridad con Estados Unidos. Agrega que no se trata de asumir un comportamiento pro yanqui, sino que se trata de entender que la paz está amenazada por terroristas fundamentalistas que son «enemigos mortales de la democracia». El Foro Batllista entiende, también, que el IV Congreso del Frente Amplio no fue contundente a la hora de condenar el ataque terrorista.

–Sobre ese episodio voy a decir una cosa muy fuerte. Hoy los parlamentarios del Foro Batllista son inimputables, porque el debate terrorista que hoy están utilizando no responde a una reflexión serena. Es un discurso que en muchos casos ni ellos mismos piensan, pero lo usan porque entienden que como táctica política es útil para dar la confrontación con el Encuentro Progresista y el Frente Amplio. Táctica para resolver no el debate internacional, sino la correlación de fuerzas dentro del Uruguay.

Estoy seguro que muchas cosas de éstas se contradicen con muchos de los dichos de ellos que han manifestado tiempo atrás. Y a su vez cuando se conversa con ellos no es estrictamente su pensamiento, pero han decidido por táctica política radicalizar al máximo su discurso para buscar las contradicción entre orden y caos, que sienten que es el penúltimo recurso para evitar esta situación política del Uruguay. Y la situación es que el Encuentro Progresista sigue creciendo, según todas las encuestas. Siempre hago un comentario medio jocoso: en una época trabajábamos muchísimo para crecer y nos costaba crecer y ahora no hacemos demasiado y crecemos casi naturalmente (se ríe). Frente a esto, la gran disyuntiva que tuvo la coalición blanquicolorada, fudamentalmente los grandes operadores de 1985 para acá, fue plantearse la disyuntiva de si nos atacaban o nos ignoraban. Si los ignoramos crecen, decían, pero si los atacamos también. Fue así que descubrieron en sus apolillados archivos que en algún momento en la campaña de 1994 se debía utilizar el recurso del orden-caos. Sanguinetti el orden, Tabaré y el Frente Amplio el caos. Con eso Sanguinetti logró, sobre la meta, el triunfo. Y esto es lo que están aplicando otra vez ahora.

Me resisto a hacer un análisis detallado de lo que dicen, en tanto son inimputables, porque lo que dicen ni siquiera ellos mismos lo piensan. Lo dicen para radicalizar el discurso con el Frente Amplio y hacernos entrar.

–Hay analistas internacionales que dicen que puede haber, en el marco de este clima de guerra, una derechización de la sociedad mundial. ¿Es así?

–Sin duda. Por eso es peligrosa la actitud del Foro y de Sanguinetti, quien está proponiendo volver al maniqueísmo de los años 70. Hoy escuchamos discursos en la Cámara de Diputados que no los escuchábamos desde 1971.

¿Siente que en el Partido Colorado hay discursos que son pregolpe de Estado?

–Sí, sin duda, pero no estoy diciendo que estén llamando a un golpe de Estado. Hablo de que son discursos de la etapa anterior a 1973. Tanto es así que el otro día salió una información de prensa sobre la reunión del Consejo de Ministros, donde el presidente Batlle proponía no entrar en esta concepción maniquea que está queriendo meternos el Foro Batllista, por encargo de Julio María Sanguinetti.

¿Hablamos del IV Congreso del Frente Amplio?

–De acuerdo. Esta actualización ideológica comenzó hace un año cuando Tabaré (Vázquez) convocó magistralmente a esta idea de que el FA tenía que actualizarse.

–Una primera evaluación…

–Hay tres escenarios para realizar la evaluación. Uno es verlo desde el ángulo de la expresión del funcionamiento democrático de una fuerza política. Fue una muy pujante expresión de un funcionamiento democrático, que en Uruguay sólo el Frente Amplio puede hacerlo. Y a nivel internacional pocos tienen una estructura tan bien organizada. Yo le decía a algunos diputados de los partidos tradicionales, que incluso nos felicitaron después del Congreso, que tienen que hacer esfuerzos organizativos y un desarrollo político y democrático suficientemente fuerte para lograr una participación real de su gente. Y no como ocurre hoy, cuando la mayoría de los adeptos que se captan en los partidos tradicionales son aquellos que tienen vocación de ocupar espacios clientelísticos dentro del aparato del Estado.

–¿El segundo escenario?

–Es como se vio en la opinión pública. En este sentido debo decir que en los momentos previos había una tendencia a poner excesivamente en primer plano las diferencias. Eso generó un efecto positivo: la gente reaccionó diciendo que si nos querían ver divididos, habría un mayor grado de responsabilidad en el debate. Todos comprendimos que se necesitaba un avance de nuestra fuerza política.

–¿El tercer escenario?

–Es el análisis de los contenidos. Y aquí la historia fue más repartida. Los contenidos muestran que salimos con algo de renovación, creo que falta mucho, pero a la vez con mucha de ratificación. Esto se expresó en un documento de transacción, lo que no es ninguna novedad en el Frente.

–¿Se puede decir que en materia del ejercicio de la democracia y de cómo el FA se mostró ante la opinión pública, de diez puntos se logró 9,9?

–Se logró mucho.

–¿Desde el punto de vista de los contenidos, de diez se lograron cinco puntos?

Me entendió perfectamente. Diría cinco… quedamos a mitad de camino. Claro que no hay que olvidar que este es el primer congreso en 30 años. Esto nos lleva a pensar que el Frente Amplio no se actualizó antes, cosa que no parece ser, o si se actualizó, lo hizo de otra manera. Lo que ocurrió fue que el Frente se actualizó de otra manera, porque se actualiza frente a las exigencias de definición ante una situación. Hoy la definición unánime que el Frente tuvo sobre el tema del terrorismo, más allá de la opinión de Abdala, no se hubiera obtenido con unanimidad y facilidad si no hubieran existido los trágicos hechos de Estados Unidos.

También no podemos dejar de reconocer que para la izquierda, antes de 1971, la democracia era meramente instrumental, un escenario para la acción con finalidades que pasaban o no por las reglas de juego democrático. La dura experiencia vivida en la dictadura y ver lo que significó para los uruguayos, nos permitió ver que la democracia es un modo de vida de los uruguayos y no meramente un escenario o instrumento para la acción política. Asimismo se
avanzó en el tema del debate sobre el mercado. He estado buscando cuándo hablamos del mercado en anteriores documentos y sólo hay palabras, ciertas reflexiones. Si habremos avanzado desde aquellos seminarios preparatorios del IV Congreso a la fecha, cuando se discutió mucho si teníamos que invitar o no a Héctor Gros Espiell. Ahora lo vamos a recibir a Gros en la sede del Frente Amplio, en una comisión interna, para analizar la situación internacional. Esto muestra que el proceso de actualización es ineluctable, porque se actualiza aquel que cree que tiene un destino por delante.

–¿Qué es lo que faltó?

Creo que debido a la transacción no se profundizaron definiciones importantes que emanaron del IV Congreso. Por eso el balance definitivo del Congreso va a estar a futuro, lo que va a depender de qué manera el FA, los diferentes matices que lo componen, asumen lo que en esos documentos están para desarrollos muchos más profundos.

–¿Qué hubiera necesitado resolver el FA para que la actualización hubiera sido mayor?

Un aspecto es el acuerdo social, que para mí es fundamental. Yo hablo del acuerdo social desde el gobierno del FA, que lo necesitamos para un país que está en crisis, que va a procurar la redistribución de la riqueza, que va a buscar la igualdad social, mejorar a los sectores más postergados, pero que va a tener recursos muy limitados.

Esa equidad no se va a poder dar sacándole a uno para darle al otro, ni tampoco sólo por la acción del Estado benefactor. Va a ser de un razonable equilibrio entre unos que acepten tener menos del derecho que tendrían a tener más, y aquellos que estén dispuestos a renunciar a algo de lo que tenían en aras de mantener, por ejemplo, las fuentes de producción. Yo diría que nos faltó ubicarnos desde el gobierno. Hubiera querido tener una resolución que señalara los organismos de programa con todos sus técnicos, para ir desarrollando con mucho más énfasis un seguimiento de cada una de las reparticiones en que se encuentra el Estado. A la vez, tener gente especializada en cada una de las partes del Estado…

–Pero para hacer eso no se necesita un congreso…

–Eso se puede implementar mañana, pero el Congreso debió generar las condiciones para que eso se concrete. Claro que hoy se puede hacer, si mañana Tabaré propone esta idea. Hay que superar el debate entre lo que tenemos que hacer ahora y lo que tendremos que hacer en 2005. Hoy tendríamos que estar pensando en tener gente con mucha más especialización en áreas de la gestión de las relaciones internacionales. Y hoy no hacemos esto porque tenemos como un cierto pudor de que ya se están repartiendo cargos o que estamos en medio de un triunfalismo. Otra asunto es definir cuáles son las responsabilidades de los funcionarios públicos en un gobierno progresista. Hay que definir qué compromiso les vamos a exigir en una tarea donde el papel del Estado será fundamental. En un Estado que hay que transformarlo y que esa transformación pasa por elevar el nivel de gestión de los funcionarios públicos.

–Quiero confesarle algo. Cuando transmití el Congreso desde los micrófonos de 1410 AM LIBRE, parado frente a la tribuna con los delegados, me surgió una gran duda sobre la validez de ese evento. Noté que faltaba gente, que no estaban entre los delegados la mayoría de los dirigentes sindicales reconocidos, que no había intelectuales reconocidos, que no había técnicos reconocidos, que la participación de los legisladores fue relativa, que estaba ante un Congreso de la estructura barrial.

Incluso con ese ejemplo del rechazo primario a Gros, antes del Congreso, se estaba demostrando que se desconocía el papel importante que jugó Gros desde el exterior durante la lucha contra la dictadura…

–Sí, sí, por supuesto.

–Entonces digo que fue el Congreso de una parte del Frente Amplio. ¿Y las otras partes?

El Frente Amplio en su organización también tiene que tener una renovación. Esta actualización ideológica tiene que tener una actualización de su esquema de organización. Con esta estructura logramos cosas muy importantes, como fue crear el Encuentro Progresista, sin que el FA perdiera su vigencia.

Pero hoy necesitamos un Congreso de todo el Frente Amplio y no sólo de los comités de base, a los que no les voy a quitar nada de su representación. Pero hay que hacer que la presencia de esas otras partes que usted mencionaba se pueda dar. Hay que incorporar a esos frenteamplistas que trabajan en otras áreas de la sociedad, cuyo opinión es imprescindible. *

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