Debate sobre la dictadura y la transición

El historiador Gerardo Caetano, el vicepresidente de la Fundación Vivian Trías, Ignacio Huguet, el dirigente comunista Vittorio Casartelli y el general (r) Víctor Licandro coincidieron en que los militares de hoy mantienen la misma postura que a la salida de la dictadura y que no se puede hablar de un «punto final».

Para Licandro, la transición «no ha terminado. Las Fuerzas Armadas salieron de la dictadura con su ideología de anticomunismo y una firme defensa de la corporación, capaz de negarse a colaborar con la Justicia ordinaria y sin depurar su Cuerpo de los violadores de los Derechos Humanos. Se volcaron del anticomunismo a la antisubversión y a la contrainsurgencia que defiende Luis Alberto Lacalle».

Caetano, Huguet, Casartelli y Licandro participaron ayer de la primera charla del debate «El Uruguay sitiado», organizado por la Fundación Vivian Trías para discutir «sobre la dictadura». El encuentro forma parte de una serie de seis debates que serán coordinados por la ex legisladora nacionalista Matilde Rodríguez Larreta todos los lunes, a las 19.30 horas, en el teatro del Mercado de la Abundancia. Posteriormente habrá otros tres debates referidos a «El Uruguay errante». Caetano tuvo a su cargo la apertura del primer encuentro con el convencimiento de que «no es cierto que se pueda poner punto final porque esta es una tarea para siempre. Para ir hacia adelante, Uruguay tiene que rediscutir la dictadura. Este es un debate ciudadano, donde están en juego los usos públicos de la memoria».

Caetano considera que los militares mantienen hasta la actualidad como característica «la impunidad terminológica. Cuando uno cuenta en otros lugares de América Latina que nuestra Ley de Punto Final se llama Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, la gente se ríe». En un extenso discurso, que con humor constante mantuvo siempre la atención de la amplia audiencia, el catedrático señaló que la dictadura tuvo una etapa comisarial (1973-1976), otra fundacional (1976-1980) y una tercera transicional (1980-1985). Sobre este punto argumentó que los militares fueron «muy buenos comisarios pero muy malos fundadores porque no pudieron fundar nada y no lograron terminar con los partidos y sus líderes». Sin embargo, reconoció que fueron «muy astutos agentes de transición. El Ejército uruguayo es el único de América Latina que oficialmente no ha reconocido sus crímenes. Esa es una cuenta pendiente. La dictadura nos legó una sociedad pobre, que no habrían creído nuestros padres. No se puede dar vuelta una página que no está escrita y esta página hay que escribirla desde la verdad».

La huelga

Huguet, Casartelli y Licandro se refirieron a la huelga de 1973 y coincidieron en que esta quitó legitimidad ante el mundo a la dictadura. Huguet, que integró el Comité de Huelga, señaló que los trabajadores no pudieron «cumplir con los objetivos marcados» pero aun así, triunfó «la dignidad porque no se transó con la dictadura».

Casartelli, que concurrió en representación de la senadora comunista Marina Arismendi, dijo que con la huelga «la dictadura nació herida de muerte». En aquella movilización se vivió «la solidaridad y participación de la gente, que apoyaba las ocupaciones aunque se jugaba el pellejo». Otro momento destacado fue la votación de 1980, que «demostró que los valores democráticos subsistían a pesar de la dictadura». Licandro dijo que la dictadura comenzó a prepararse antes, cuando en 1971 se crea el FA y señaló que tras el gobierno de facto «el poder político y la ciudadanía no han discutido en profundidad para qué necesita las Fuerzas Armadas y cuál es su función». La ideología de las Fuerzas Armadas no ha cambiado en esta República en democracia». *

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