En Soriano, cuando la "admirable alarma" comenzaba a hallar eco en la campaña oriental
16 de marzo de 1811
Cuando hace apenas dos semanas el pasado 28 de febrero a orillas del arroyo Asencio, un grupo de vecinos en armas protagonizó una rebelión y tomó por asalto la cercana villa de Mercedes, nadie imaginó que el hecho se convertiría en el detonante de una revuelta que muchos no titubean en calificar de revolución, y que a esta altura parece incontenible.
Los jefes del levantamiento armado, Venancio Benavídez y Perico Viera, son caudillos locales que se pusieron a las órdenes de la Junta de Buenos Aires y solicitaron su apoyo para combatir el poder español en esta Banda Oriental. El ejército que han podido reunir y que no cesa de crecer está conformado por una heterogénea mezcla social: hay allí hacendados (poseedores de buenas suertes) disconformes con la administración de estas colonias; peones de estancia que siguen al caudillo local; algunas etnias indígenas (charrúas, minuanes y tapes misioneros) que siempre tuvieron a los españoles como enemigos; y finalmente, negros esclavos que se unen a las huestes revolucionarias.
En una jornada tórrida de este fin del verano, nuestro corresponsal pudo llegar hasta la villa de San Salvador, también llamada Dolores, que acaba de ser tomada por las fuerzas rebeldes contando con el apoyo del alférez de Blandengues Ramón Fernández. Los patriotas ocuparon los edificios públicos y leyeron una proclama redactada por el cura Tomás Gomensoro. Nuestro corresponsal compartió con los paisanos una estimulante infusión guaranítica que se bebe en calabazas sorbiendo por medio de una pajilla, y pudo comprobar el indomeñable espíritu libertario de que hacen gala estos hombres rudos, dispuestos a dar la vida por la patria.
También pudo saber que Pedro Viera se propone marchar hacia Paysandú, pero todos están a la espera de lo que haga cierto capitán de Blandengues, un tal José Artigas, quien desertó el mes pasado para ponerse a las órdenes de la Junta porteña, y cuyo predicamento entre los gauderios (hombres sueltos), matreros y otros marginales de la campaña a quienes ha «alucinado», puede convertirlo en el jefe natural del movimiento.
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