La columna de Sherlock
Un nuevo asesor para Batlle
–Vio que el presidente Batlle está mejorando su grupo de asesores, con el fin de no depender solamente de las opiniones de los ministros, le decía a Sherlock un alto funcionario del Ministerio de Economía, recostado a un árbol frente a la entrada a la Contaduría de la Nación.
–¿Por qué lo dice?, respondió nuestro sabueso, que no entendía a dónde iban las palabras de su informante.
–Mi amigo, usted debería estar informado de lo que pasa, especialmente a nivel del presidente de la República. Sabe quien es el nuevo asesor de Batlle, que tiene como cometido colaborar directamente con él en todas las materias que éste determine…
–Por favor, deme una pista…
–Mejor se lo digo. El nuevo asesor es Oscar Pérez Peloche, que fue contratado un año, con posibilidad de prórroga automática por períodos anuales hasta que se complete el mandato de Batlle.
–¿Se sabe con qué sueldo?
–Claro, 21 mil pesos (IVA incluido), suma que será actualizada en una proporción mayor a la de los funcionarios públicos.
–¡No me diga!
–Sí, se estableció que su remuneración será actualizada anualmente de acuerdo a la variación del IPC.
«Menos mal», pensó nuestro sabueso.
Sherlock también se equivoca
En esta columna la pasada semana se deslizó un error, atribuible sólo a la cantidad de recepciones a que nuestro sabueso debe concurrir, entrando con invitación o por «la ventana», con el fin de auscultar el mundillo político.
En lugar de mencionar a la tarjeta FieldCar, que es la que se distribuiría con información sobre fútbol, si prospera el acuerdo entre Tenfield y Antel, nuestro sabueso escribió Tienfcar.
Obviamente –colorado de vergüenza– Sherlock pide humildemente disculpas a sus lectores.
«Quién autorizó la partida»
Se conoció que el Directorio de Ancap contrató al Citibank, con el fin de que actuara como «broker» en el análisis de las empresas que pretenderían asociarse con el ente estatal, tarea por la que cobrará 4 millones de dólares.
«La oferta del Citibank –leía Sherlock– fue la única que quedó en pie tras el llamado realizado tiempo atrás por Ancap, por cuanto otras empresas interesadas que se presentaron al requerimiento del ente tuvieron que desistir por cuestiones éticas, ya que integraban la asesoría de alguno de los grupos calificados para la asociación con la petrolera estatal, dijeron fuentes del organismo.
La definición de este tema se venía postergando desde hace varias semanas, primero por la falta de un informe de los servicios técnicos y luego, el viernes pasado, por las discrepancias con el elevado gasto que planteó alguno de los directores».
«Cuatro millones de dólares» –pensó Sherlock– «para una decisión de esa magnitud se debe autorizar el gasto».
Paso seguido llamó a una fuente del Tribunal de Cuentas, que negó que ese organismo de contralor se hubiera considerado el tema.
–Pero, entonces: ¿Quién autorizó ese gasto, Juan Mengueche?
–Supongo, dijo el hombre, que el contador delegado. Pero no tiene ese nombre, me parece…
Amigos inseparables
A Sherlock le gusta frecuentar el Edificio Libertad cada vez que lo visita un presidente extranjero, como fue el caso del dominicano Hipólito Mejía Domínguez, que realizó un casi fugaz pasaje por nuestro país luego de la cumbre de Santiago de Chile.
Luego de su reunión con el presidente Batlle, el mandatario centro americano contó, en el hall del edificio presidencial, sobre la amistad que lo unía a nuestro primer mandatario, que había pasado de lo protocolar a lo personal.
–En Chile nos hicimos muy amigos, porque tenemos coincidencias en muchos aspectos –decía Mejía Domínguez– mientras una sonrisa de satisfacción aparecía en algunos allegados a Batlle.
«Es bueno que un mandatario extranjero hable tan bien de su colega uruguayo», deberían estar pensando, se dijo nuestro sabueso.
–Hemos participado en el evento de Chile juntos y luego de lo protocolar pudimos profundizar una amistad personal –seguía Mejía– que no sólo nos enriquece a nosotros, sino que obviamente redundará en una mejor relación entre nuestros dos países.
Lo único que faltó fue que alguien aplaudiera o pidiera una estadía con visita relámpago a la paradisíaca Punta Cana. En ese momento se abrió el ascensor, y Mejía Domínguez advirtió que se acercaba nuestro primer mandatario.
Obviamente, después de tantas alabanzas, el dominicano lo recibió con una frase que quedará en el recuerdo de todos los presentes.
-Señores, aquí está mi gran amigo, el presidente Sanguinetti. Hubo un mutis generalizado. *
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