Con los ojos llenos de arena
Sherlock tenía claro que el programa «Agenda Confidencial», que dirige el veterano periodista Néber Araújo, se grababa el viernes en horas de la mañana, por lo que se trasladó a las inmediaciones de los estudios del canal de los apagones, en la calle Enriqueta Compte y Riqué, con el fin de encontrar material para su columna.
Había cuatro senadores invitados, dos integrantes de la coalición de gobierno: Jorge Larrañaga (blanco), Yamandú Fau (colorado) y dos del Encuentro Progresista Frente Amplio: José Mujica (tupamaro) y el socialista Reinaldo Gargano.
«Parece que Araújo quiso ser ecuánime esta vez y trató de equilibrar a los contendores» pensó nuestro sabueso, mientras trataba de eludir a funcionarios del canal para colocarse entre bambalinas y, desde allí, presenciar la grabación.
En la mesa, por supuesto, de un lado estaban Fau y Larrañaga, al centro el periodista y del otro costado, Mujica y Gargano. Cuando el jefe de piso dio la orden y se inició la grabación, comenzaron a fluir las opiniones de los cuatro legisladores, evidenciándose que la posición de Larrañaga era la que tenía menos adeptos. Su planteo, para la tranquilidad de los funcionarios públicos, fue quedando en minoría, ya que su aparente aliado, el senador Fau, también se manifestó contrario al proyecto de revisar los sueldos altos. Mujica, que había sido invitado por haber manifestado «que algo había que hacer al respecto», tampoco contentó al conductor, pues su planteo en el programa estuvo encaminado a reconocer que si bien existen injusticias salariales en la administración pública, que el camino para reducirlas es el impuesto a la renta a las personas físicas.
¡Araújo no podía más!, le pareció a nuestro sabueso. No era posible que su «Agenda Confidencial» trasmitiera un mensaje que no fuera favorable a las ideas del gobierno. Cuando intervenía el senador Gargano, lo interrumpió con palabras que no gustaron a nadie: «Pero aquí» escuchó Sherlock sorprendido– «en lugar de hacer propuestas venimos a tirarnos arena en los ojos».
El senador socialista miró con dureza a Araújo que intentaba quebrar una lanza a favor de la posición de Larrañaga.
Así lo hizo, objetivamente; luego –como todo un caballero– pidió disculpas por su parcialidad, pero no pudo evitar que el tres a uno se convirtiera en triunfo definitivo.
–Sólo logró un 3 a 2– escuchó nuestro sabueso que decía un camarógrafo. El hombre sumaba a la posición de Larrañaga la del propio Araújo.
Era evidente: Fau, Mujica y Gargano tuvieron coincidencias de mínima que volcaron el partido a su favor.
El resultado final fue el que indicó el hombre.
Los anuncios son los viernes
–¿Vio?, al ministro Bensión le dio por hacer los anuncios económicos los días viernes.
–Es el día, entonces, para agarrarse bien de la silla –respondió Sherlock a un operador bursátil que se había entreparado cuando vio a nuestro sabueso recostado sobre el bar de Rincón y Misiones.
–En verdad, es el día en que puede aparecer cualquier cosa, como el tema del impuesto para los sueldos altos.
–¿Le parece que algún día tomarán una medida destinada a que en este país se achiquen diferencias?–, respondió Sherlock con los ojos entrecerrados, tratando de escapar de una gotera que le había comenzado a mojar la frente.
–Y mi amigo, aunque nadie lo cree, aquí hay gente que saca el premio mayor de la lotería, otros que lo hacen con el 5 de Oro. Quizás algún día Bensión anuncie una medida que no castigue a los que trabajan.
–Qué grave a la especulación, por ejemplo.
–Es difícil, tiene razón. Muchos se preguntan por qué en lugar de bajar el IVA cuatro puntos, no redujo el impuesto a los sueldos, con lo que hubiera favorecido a la gente, mejorando su poder de compra.
–Es que el IVA se descuenta y, además, se evade. El impuesto a los sueldos es lapidario, nadie se escapa.
–Pero podría haber calculado y reducido la proporción exacta.
–No le pida cálculos a Bensión, la matemática es una materia que desconoce.
–Pero hubo toda una semana de especulación sobre los sueldos altos.
–Nada mejor que dejar correr la noticia de un posible cataclismo. Después de eso cualquier anuncio cae bien.
–¿Le parece?
–¿Usted cree otra cosa?
Lara y Sherlock, dos andariveles
Sherlock había participado en la sala Ramírez del Palacio en la presentación del libro «Pensar en la Ciencia», que fuera realizado, entre otros, por el doctor Fernando Lema, investigador del Instituto «Pasteur» de París. Luego del interesante acto, en que actuara como moderador el periodista Jorge Jauri, nuestro sabueso llamó el ascensor. Cuando el aparato abrió sus puertas, dentro del mismo venía el diputado nacionalista Julio Lara.
Al ver a nuestro sabueso, el legislador dijo.
–¿Vio lo que ha pasado?
Sherlock, desinformado, ya que no había podido leer la prensa de la mañana, trajo a su mente un episodio ocurrido cinco años atrás y respondió.
–¿Se acuerda Lara cuando usted, hace cinco años, proporcionó las fotografías de las lujosas casas de los aduaneros en Rivera? ¡Qué lío se armó, hasta quisieron hacer juicio! Al fin y al cabo era todo verdad.
Sin embargo Lara pareció no oír.
–Ahora me acusan a mí, y fueron los colorados los que trajeron a ese aduanero en pase en comisión.
–¿Se acuerda cómo estaban indignados aquellos tipos?, decían que no tenían nada que ver, que las mansiones eran el resultado lícito de su trabajo, siguió Sherlock.
–Yo los denuncié y ahora me acusan a mí.
Ahora la conversación se ponía más lógica.
–Son cosas que pasan, agregó nuestro sabueso mientras salía del aparato en la planta baja.
–¿Con qué quieren que sostenga la militancia en Canelones terminó el legislador además no hay ninguna ilicitud.
De nuevo nuestro sabueso quedó sorprendido: «¿De qué habla?», se preguntó, mientras saludaba al joven representante nacionalista canario.
Al rato se dio cuenta cuando se actualizó con la prensa. Según algunas publicaciones Julio Lara tiene 19 personas «en Comisión».
«Caramba», pensó nuestro sabueso. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad