La detención de Wilson

El 16 de junio de 1984, Wilson Ferreira Aldunate regresaba al país desde Buenos Aires, a bordo del «Ciudad de Mar del Plata 2″, tras un exilio de once años. A media mañana, cuatro naves de guerra uruguayas flanqueaban al buque atestado de simpatizantes y periodistas, y dos aviones de guerra sobrevolaban la zona. El barco había transpuesto el límite internacional y se encontraba en aguas jurisdiccionales uruguayas. Esto implicaba, según una orden impartida por el Comando de la Armada, el abordaje inmediato del navío por oficiales de la Armada y la detención de «los dos ciudadanos uruguayos requeridos por Tribunales Militares», en alusión a Wilson y a su hijo Juan Raúl. El barreminas Nº 70 de la Armada se acercó hasta el buque para permitir que el entonces prefecto del Puerto de Montevideo, Carlos Giani, abordara la nave, junto con otro oficial. La misión le había sido encomendada por el comandante en jefe de la Armada, Rodolfo Invidio, con la indicación de «proceder con corrección y especial cuidado».

A bordo, se produjo un correcto pero tenso intercambio de palabras. El oficial insistió en su deseo de dialogar en privado con Wilson. Al final, accedió al diálogo, pero en presencia de su ex compañero de fórmula Carlos Julio Pereyra. El encuentro tuvo lugar en el puente de mando. La negociación duró varias horas. Primero se logró evitar el uso de la fuerza y después se abandonó la pretensión de trasladar a Wilson y a su hijo a bordo del barreminas. Otros militares y personal médico subieron al navío. El buque militar finalmente se despegó del «Ciudad de Mar del Plata 2″. El dirigente blanco ya se encontraba «técnicamente detenido». Poco después, en el Puerto de Montevideo, Wilson bajaba, casi corriendo y abrigado por una campera color crema. Al final de la planchada giró y, con los brazos en V, saludó a quienes lo saludaban desde el barco. *

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