La columna de Sherlock
Asentamientos, dos problemas
–Leyó que tanto el ministro Lucio Cáceres como Renato Opertti han salido a la prensa indicando que mucho dinero que debería haberse destinado a la erradicación de los «cantegriles» se queda en la intermediación.
–¿Y no tienen razón? –contestó nuestro sabueso.
–¡Claro que sí! Recuerde lo que fueron los organismos burocráticos que existieron en los dos últimos gobiernos, dependientes siempre de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, que se llamaban PRIS Y FAS.
–Oficinas que funcionaron sobre la base de contratos de obra y servicios…
–Le doy un dato: durante la segunda presidencia de Sanguinetti, en el Barrio Lavalleja, FAS, para el «diagnóstico» de la situación, utilizó 100 mil dólares.
–¿Y luego del diagnóstico se hicieron obras?
–Sí, por supuesto. Sanguinetti inauguró un gimnasio junto a una capilla. Nada más que eso. El informe indicaba que lo primordial era el saneamiento, entre otros servicios que no existen en esa zona.
–¿Son muchas las carencias allí?
–Y, qué le parece. Hay más de doscientos ranchitos que no tienen saneamiento y le agrego algo más: una comisión de vecinos estaba dispuesta a encarar esa obra en todo el barrio, colocándole además un baño completo a cada vivienda.
Esa obra, coincidentemente, salía lo mismo que el «diagnóstico» del FAS, o sea 100 mil dólares.
–¿Qué me dice?
–Y ahora están apareciendo otros hechos que parecen ser extraños.
–¿Qué quiere decir?
–Pregunte, si quiere, la razón por la cual una consultoría gestiona directamente las obras en el Barrio Obrero N° 4 del Cerro.
–No lo entiendo…
–Es que la ejecución de obras en los asentamientos generalmente se realiza con un coejecutor estatal (la IMM, el Mvotma o el MTOP). Sin embargo en este barrio la Oficina de Planeamiento y Presupuesto le habría otorgado la ejecución de la obra a la misma consultora que realizó el diagnóstico.
–Bueno, un nuevo método. ¿Verdad?
–Sí, pero sin muchos resultados. Todavía allí no se hizo nada de nada.
–Válgame Dios.*
El destino de una bodega
–Se vendió el 60 por ciento de una importante bodega.
–Algo sabía: ¿La de Bella Unión?
–¡Claro!
–¿Y quién la compró?
–Se dice que un grupo argentino, encabezado por un ex presidente que está viviendo un momento no agradable.
–Pero… esa bodega tiene deudas con la Corporación para el Desarrollo, el Banco de la República y el BID. ¿Las saldó o los compradores se hacen cargo de ellas?
–No, el negocio es distinto. Los compradores no se hacen cargo de ese pasivo.
–Entonces, ¿quién levanta el «muerto»?
–En este país, bien se sabe, siempre de socializan las deudas.*
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