"Los escracharemos a donde quiera que vayan"
A las 19.30, las personas que se habían congregado en la explanada de la Universidad de la República –en su mayoría jóvenes– partieron en dirección al Círculo, distante unas cinco cuadras, escoltados por una camioneta con parlantes. «Ahora verdad, memoria y justicia», decía una pancarta colocada al frente de la movilización por el grupo de derechos humanos Plenaria Memoria y Justicia, encargado de la organización del escrache. Detrás, los manifestantes coreaban distintas consignas, tales como «si no hay justicia hay escrache popular» o «no hubo errores, no hubo excesos, son todos asesinos los milicos del proceso».
Desde varios balcones de un edificio ubicado a pocos metros del cruce con la calle Joaquín Requena, sus residentes tiraban papel picado y aplaudían la marcha. Dos motos policiales fueron cortando el tránsito hasta llegar al Círculo, cuya fachada se encontraba cercada por vallas amarillas. En el cordón de la vereda, siete policías vigilaban el local, que permanecía abierto. Desde detrás de las cortinas de la puerta, un individuo filmaba la protesta, mientras que un anciano trataba de mirar sin ser visto. Cuando los participantes en el escrache se acercaron a las vallas, los funcionarios policiales decidieron aproximarse. Así, uno de los policías recibió una escupida en el rostro. En ese mismo momento se desató una lluvia de huevos contra los oficiales, que hacían lo posible por esquivarlos. Los cantos y gritos aumentaban.
A pesar de los huevos que manchaban su uniforme, uno de los siete policías encendió un cigarro y enfrentó a los jóvenes con una sonrisa en el rostro. Su actitud provocó el malestar y determinó que en apenas cinco segundos todas las vallas cayeran a la calle.
«Círculo de delincuentes»
En una proclama leída durante la manifestación, Plenaria Memoria y Justicia define al Círculo Militar como una «junta de torturadores» que «cobija, defiende y proyecta la defensa de todos los militares impunes».
«Este Círculo del terrorismo de Estado, este albergue que formó, amparó y festejó cada derrota popular, se llama José Artigas (…) Nada más evocante del terror nazi que este despreciable círculo de delincuentes impunes», indica. Advierte que «esos cinco delincuentes impunes, Vadora, Gavazzo, Hermida, Silvera y Cordero, emblema de las Fuerzas Armadas uruguayas, reclamados por la justicia internacional, no encontrarán paz en este país. Los seguiremos donde vayan, los escracharemos por donde quiera que anden. Aunque el Presidente y el Estado los protejan».
En tal sentido, subraya que no cree en «salidas desde arriba ni en comisiones».
«¿Quién dijo que los impunes no hablan porque salimos a la calle? ¿Quién dijo que debemos confiar en estos asesinos?», remarca, denunciando que el presidente Jorge Batlle, «como jefe de las FFAA, asume la responsabilidad de defender los crímenes y atropellos de la dictadura porque su partido fue cómplice del golpe de Estado. ¿Cómo Batlle va hoy a abandonar a los militares que le hicieron el trabajo sucio?».
Risas y huevos
Luego de la tensión, los siete policías intercambiaban bromas con un hombre vestido de civil que había abandonado la institución «escrachada». *
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