PCU y CI presentaron textos alternativos; MPP y PVP propusieron agregados al oficial

Debate ideológico del FA: estado y pacto social en la polémica

Son varios los documentos de los sectores frenteamplistas que proponen aditivos o la sustitución total del aprobado oficialmente («Compromiso por el cambio para el nuevo siglo») por la Mesa Política del FA. Tanto el Partido Comunista del Uruguay (PCU) como la Corriente de Izquierda (CI) han planteado textos alternativos, que están a discusión en las estructuras frenteamplistas. En cambio el Movimiento de Participación Popular (MPP) y el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) propusieron agregados.

El documento oficial fue elaborado sobre la base de sendos textos del Partido Socialista (PS) y Vertiente Artiguista (VA).

Las diferencias son notorias y las más relevantes se ubican en torno al papel del estado y el acuerdo social que propugna el «Compromiso por el cambio para el nuevo siglo».

El estado y el mercado

La frase más polémica y sustuida por el PCU y CI dice que el gobierno debe construir «un estado que deje lugar al mercado».

Los comunistas, contrarios a esa idea, desarrollan el siguiente concepto: «Un proceso de reforma reguladora del mercado que evite sus frecuentes descompensaciones y efectos desigualitarios. Los distintos gobiernos han puesto sistemáticamente el estado al servicio del mercado. Esta tendencia se ha agudizado al compás del predominio prácticamente absoluto de una política privatizadora y desreguladora implementada a todo vapor por el bloque dominante. En nuestro proyecto el estado establecerá las regulaciones necesarias al buen funcionamiento de la economía y a la luz del modelo de desarrollo económico con justicia social que el gobierno progresista se propone llevar adelante.

Al mercado en cambio le es indiferente el régimen político imperante, siempre y cuando lo dejen operar con las menores regulaciones posibles (…) Un estado que superando la mera espontaneidad del mercado permita utilizar racionalmente recursos que se generen por su funcionamiento regulado. Con regulaciones transparentes, es preciso ayudar a aquellos sectores más débiles, como las pequeñas y medianas empresas urbanas y rurales».

La CI, en una dirección similar, recuerda que «desde Adam Smith a Jorge Batlle la burguesía ha pregonado la utopía del ‘libre funcionamiento del mercado’. Pero si nunca fue libre el mercado regido por las grandes empresas, menos lo es bajo la égida de las transnacionales». Incluso, el documento de esta corriente va más allá y propone que «el estado, gobernado por el FA, a través de una gradual y democrática participación de las organizaciones de masas, irá planificando la economía y otras actividades. Cuando una economía se planifica empieza a perder su carácter capitalista. Pero la futura planificación tiene que conisiderar los errores burocráticos y autoritarios del ‘socialismo real'».

Sin creer que el estado sea la panacea universal, la ‘solución’ para todos los problemas, deberá jerarquizar y aumentar su rol como planificador y empresario, acotando el campo de acción a los capitalistas, defendiendo los intereses populares y nacionales, apuntalado en la estimulada acción autogestionaria de las organizaciones de masas».

A contramano

Por su parte, el PVP centrando su análisis en los aspectos ideológicos, sostiene que «el neoliberalismo ha utilizado hasta el límite la identificación de los valores universales de la democracia y los derechos humanos individuales con la libertad del mercado. El discurso neoliberal enfatiza la neutralidad ideológica de la acción estatal y la desideologización de las nociones y principios del sistema económico que lo definen, adjudicando a las «leyes del mercado» una validez universal» .

Así, recuerda el PVP, los objetivos sociales o políticos se subordinan a lo económico-financiero. Por consiguiente , «la doctrina neoliberal apunta a restringir al máximo la intervención del estado en la economía ya sea directamente a través de empresas públicas o indirectamente a través de regulaciones del mercado. La privatización de empresas públicas ha sido una política fuerte por la cual áreas claves de la economía han pasado a ser propiedad del capital extranjero. La desregulación y flexibilización de los mercados laborales tiene efectos profundos sobre los trabajadores y el conjunto del tejido social».

Ello supone, añade el texto, que «la libertad de mercado es un mito en una realidad donde empresas multinacionales cada vez más poderosas imponen reglas, controlan países y áreas enteras del mundo. Pocas veces hubo una planificación más concentrada que la que aplican estas grandes multinacionales, en función de maximizar su lucro . Mientras la «lógica del mercado» incrementa cada vez más la polarización social entre ricos y pobres, un estado progresista debe jugar activamente para contrarrestar la desigualdad y promover la justicia social».

Para el PVP, la razón de un gobierno del FA es «asegurar la equidad de oportunidades pero también generar mecanismos de redistribución de la riqueza, que reviertan la injusticia perpetrada por una historia de postergaciones contra los trabajadores y los sectores populares y promuevan la igualdad».

Acuerdo social

Sobre este punto central del documento oficial, la mirada del PCU es completamente distinta.

Así afirma: «Los acuerdos son el resultado del arte de acordar, es decir, unir sin desfigurarse, ni pedirle a nadie que pierda su legítima identidad.

La identidad frenteamplista existe ya, la reconoce el 40% que nos votó en octubre y casi el 50% en noviembre».

Más adelante aclara el texto comunista: «No podemos ni siquiera hablar de la posibilidad de alianzas o coincidencias con los que reclaman una y otra vez continuar con el desmantelamiento del aparato productivo del estado, con los que rechazan el impuesto a la renta, con los que protagonizan esta especie de ‘rebelión de los ricos’ que se niegan a pagar cualquier impuesto que los afecte directamente, que lo quieren todo para ellos mientras exigen achicar los salarios para los trabajadores con el argumento de que de esa manera se disminuye lo que ellos llaman el ‘costo país’ y se consigue ‘aumentar la competitividad’. ¿Ellos acordarán en alguna cosa con las fuerzas progresistas?».

Para la CI, la palabra pacto implica acuerdo entre antagonistas. Por lo que se manifiestan en contra de «proponer un pacto o acuerdo entre clases o fuerzas político-sociales antagónicas. ¿Pacto o acuerdo con la Asociación de Bancos, con la Asociación Rural?

Así está planteado: de esta forma, el FA busca congraciarse con el bloque del gran capital, garantizándole… ¿que no lo cuestionaremos? ¿Entonces, cómo puede lucharse por un programa nacional y popular? Si se convoca a pactar, es obvio que no es una trampa para que digan que no y poder acusarlos, es que se está dispuesto a pactar.

¿Y si pactamos con la Asociación Rural, en qué queda la transformación agraria de las estructuras o reforma agraria? (…) Por esta vía, el FA se está ‘limpiando’ de su pasado frente a sus tradicionales enemigos políticos de clase. Está diciendo: pueden permitir sin riesgos que gobernemos, les sacamos las castañas del fuego, y cuando ustedes estén más limpios y nosotros más quemados por incumplir nuestros propósitos con el pueblo, nos sacarán tranquilamente del gobierno como al Olivo italiano…». *

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