"Quisiera no haberte conocido"

Rosa Marsicano, actual directora técnica del Hospital Militar y vinculada a reiteradas violaciones a los derechos humanos durante la dictadura sigue recibiendo cuestionamientos por miembros del cuerpo médico.

A continuación transcribimos una carta abierta enviada por un colega de Marsicano, quien además fuera compañero de generación en la Facultad de Medicina, en la que el médico «lamenta haber conocido» a la colega y recuerda su antigua aversión hacia los sectores progresistas.

Sauce, marzo 8 de 2000

Sra. Directora de LA REPUBLICA

Isabel Villar

Presente

De mi mayor consideración:

En el Día Internacional de la Mujer agradezco la publicación de la siguiente carta abierta a la doctora Rosa Marsicano.

Doctora, qué inmensa decepción, qué tristeza profunda, qué lejos está nuestro ingreso a la Facultad de Medicina en 1963. Qué lejos las reuniones en casa de Cristina con Susana, José, Abidel y Milton.

Qué lejos nuestras caminatas desde las salas de anatomía hasta tu casa por Gral. Flores, Millán, Caridad… nuestros estudios y el café con leche que nos servía tu madre, los hongos en escabeche de tu viejo, la preparación del concurso en Secundaria (que tú no diste), yo ya estoy jubilado.

Qué lejos los descansos en la azotea, los canteros y el nogal orgullo del tano, tu padre.

Recuerdo cómo te molestabas; cómo te ponías cuando yo sacaba «El Popular» del portafolios y me decías esa porquería, ese pasquín, mirá cómo te deja las manos, y era cierto; me dejaba las manos negras. Confieso que nunca lo tomé muy en serio.

Pero qué tremendo; qué horror leer el testimonio de las mujeres que fueron tus víctimas; víctimas de tu negligencia, de tu deshumanización, de tu impunidad. Qué tremendo tu expulsión y el desprecio de la clase médica.

En defensa de las libertades, de las instituciones, en los largos años de dictadura sufrí años de reclusión en el penal de Libertad (que irónico nombre), sufrí todo tipo de apremios. Yo puedo escribir esto, otros no corrieron con mi suerte.

Una mañana en el penal me crucé con unos oficiales médicos uniformados, entre ellos estaba Milton; Yo de mameluco gris con el número 2740 en el pecho y la espalda. Vi su cara de desconcierto, de sorpresa, de pena y comprendí que nada tenía que ver con la tortura. Era simplemente médico militar.

Años después en el reencuentro anual de la generación 63 en la casa quinta de Gabriel, Milton me abrazó llorando; hoy lo aprecio como antes. Pero tú qué horror, comprometida con la dictadura y sus crímenes.

Quisiera no haber tenido que escribir esto, no tener recuerdos, quisiera en fin, no haberte conocido.

Dr. Mario Ancel – C.I. 1.528208-7

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