Otra "pista" Uruguay

El matutino Clarín tuvo acceso a documentación que prueba que Moneta –llamado el banquero menemista– es el verdadero propietario del Federal Bank, algo que siempre ha negado.

«Como no debía quedar ninguna huella pública de Moneta detrás del Federal, un banco fantasma que sólo figuraba en una casilla de correos de Bahamas, el 10 de marzo de 1992, en una escribanía de Nassau se habrían firmado en forma reservada cinco certificados de tenencia de las acciones del Federal a nombre de los siguientes prestanombres: Samuel Peter Haven figuraba como el dueño de acciones por 1.650.000 dólares, es decir el 33 por ciento del capital total; Russell Nicholas Barnett, con acciones por otros 1.650.000 dólares (33 %); John Goronwy Morgan, por 1.500.000 dólares (30 %); Rupert Alfred Jenoure, por 150 mil dólares (3 %) y Donald Christopher Campell, por 50 mil dólares (1 %).

Clarín agrega que «Moneta debía asegurarse jurídicamente el control de ese banco por donde pasaron, por lo menos, una coima del escándalo IBM-Banco Nación y millones de dólares de clientes que querían eludir a la DGI.

Ese mismo día y en la misma escribanía, según documentos obtenidos por Clarín en exclusiva, los cinco habrían firmado un contrapoder en el cual admiten que las acciones son, en realidad, del banquero menemista y sus socios.

Según los documentos a que accedió el periodista Daniel Santoro «los montos de dinero sumados de Haven y Barnett también coinciden con los 3.300.000 que tiene Beneby, quien sería el tercer testaferro de los dos Moneta según el informe del Senado de EEUU; los de Morgan y Jenoure, con 1.650.000 de Knowles que aparecería por los dos Lucini; y los de Campbell con los de Butler, quien figuraría por Rivarola.

Todos estos certificados están firmados por Hooper, quien fue director del Federal Bank desde 1992 y llevaba la contabilidad desde la empresa Winterbotham, en Montevideo».

Clarín explica cómo funcionaba el sistema: La plata de los clientes que querían eludir a la DGI se depositaba en el Banco República en Buenos Aires, pero se registraba en computadoras de una «cueva» que funcionaba en la terraza del edificio de ese banco, porque no podían quedar documentos por temor a que cayeran en manos de la DGI.

Esos movimientos electrónicos los contabilizaba Hooper en Montevideo, donde los clientes tenían respaldo documental del dinero, explicaron las fuentes.

Uruguay siempre fue un punto de contacto clave, según una serie de certificados de movimientos bancarios entre el Citibank de Nueva York y el American Exchange, que tenía sede en Panamá.

Esos certificados del American Exchange están dirigidos a la casa de veraneo «Sunrise» de Benito Jaime Lucini, el tío de Moneta». *

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