Recordaron en Tacuarembó a Juan Alberto Márquez

El viernes 25 de febrero se cumplió un mes del fallecimiento de Juan Alberto Márquez López, «Juancho Pueblo», importante dirigente nacionalista del interior del país. Ese mismo día, el semanario «Batoví» de Tacuarembó lo recordó de esta manera:

«Al cumplirse un mes de la inesperada partida de Juan Alberto Márquez López (Juancho); asumiendo el sentimiento de una verdadera legión de amigos, entendemos un mandato del espíritu compartir la consternación que nos causa y el dolor aún intenso que nos produce su definitiva ausencia.

Difícil es asumir la cabalidad del concepto de vacío, si no es ante un doloroso hecho que nos enfrenta a una realidad que nos desgarra el alma. Juancho, sencillo, humilde, contemporizador, fue el sinónimo de la filosofía, el concepto y el sentimiento de la palabra amigo en todo su significado y contenido. Fue un hombre que vivió en función de lo que, de bien y bueno, siempre estaba dispuesto a brindar al semejante. Fue un hombre que no siempre bien y bueno recibió de la vida, y por eso fue un hombre valeroso, que gestó en su espíritu una particular definición de la existencia y una particular forma de asumirla sin descuidar el interés por brindarse vocacionalmente al servicio de la amistad. Sin pretenderlo sus vivencias fueron enseñanzas para quienes convivimos con él. Nos instruimos en su experiencia no sólo en el verdadero sentido de la amistad sino en la verdad, razón y trascendencia humana de los conceptos de: palabra, honestidad, responsabilidad, reciprocidad, solidaridad, comprensión, de los que hizo columna vertebral de su proceder.

Enfrentó con valiente resignación los avatares que la vida le produjo y asumió su cuota de responsabilidad y fue generoso cuando le tocó atenuar las consecuencias de sus hechos. El testimonio de su condición de hombre de bien se recoge en los más diversos ámbitos de los cuatro puntos cardinales del país que recorrió en ejercicio de sus funciones, tanto en encumbradas como en nobles tareas, sin que su carácter, su ánimo, su espíritu y su particular forma de ser sufrieran alteraciones en uno u otro caso.

Juan Alberto, Juancho, Juancho Viejo, Juancho Pueblo, como se le nombraba, son expresiones que forjó su forma de actuar y de sentir y sobre todo esa humana condición de brindarse entero y siempre.

Inesperadamente se fue, en soledad y en silencio; y todos aquellos que recibimos de él comprensión y cariño y que le fuimos recíprocos siquiendo su ejemplo, no nos conformamos aún, pues compartíamos su íntima esperanza de alcanzar la merecida felicidad que, en su caso, por su forma de ser, nada tenía de ambiciosa.

Así estaba dispuesto en su destino y aún en soledad, porque Juancho siempre fue un caballero, me consta que debe haberlo enfrentado, dispuesto, atento y orgullosamente gallardo, de frente y de pie, como vivió y actuó siempre. Hasta siempre Amigo, tu alma descansará en la paz, el cariño y el respeto de nuestro eterno recuerdo».

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