Proponen lobby que limite licitaciones a empresas con certificado de calidad
La misiva dirigida por SUAT a un selecto grupo de empresas, a la que accedió LA REPUBLICA, propone la creación de un lobby para lograr que el jugoso negocio de las licitaciones públicas quede a merced de un reducido grupo de empresas. Fuentes empresariales y económicas señalaron que «solamente un 15%, siendo muy generosos» de las empresas del país tiene certificado de calidad, por supuesto que el número de las que recibieron el Premio Nacional de Calidad es mucho más reducido».
Según datos que obran en poder de LA REPUBLICA los dos organismos que otorgan certificados de calidad UNIT y Latu, han certificado con el ISO 9000, un certificado que abarca la globalidad de la gestión a 127 empresas y hay ocho más en trámite de concreción.
En la extensa carta el SUAT cita varias veces al ex secretario de la Presidencia, Elías Bluth, que preside el Comité Nacional de Calidad y critica a UTE y al BROU por no contemplar «las certificaciones» para escoger proveedores.
El SUAT afirma que «no es lo mismo un servicio certificado que uno que no lo está» y agrega «en tanto la calidad es costosa para las empresas, la única forma de que éstas se vean estimuladas a emprender ese largo camino, es que se asocie un beneficio a ella. Si los compradores finales de los bienes y servicios no diferencian entre las empresas que hacen el esfuerzo de las que no, claramente las primeras tendrían una evidente desventaja competitiva».
En principio plantean que «no quedan claras, entonces, las razones por las cuales el Estado en sus llamados a licitaciones y registro de proveedores no exige empresas con programas de calidad debidamente certificados».
Más adelante van al quid del asunto «se debe ‘estimular’ la batalla de la calidad escogiendo como proveedor (dentro de precios razonables) a aquellos que tienen calidad certificada».
Es decir reclaman que para inscribirse en las licitaciones y luego para ganarlas las empresas deban estar certificadas.
Las fuentes empresariales señalaron a LA REPUBLICA que el planteo generó rechazo a nivel de las empresas que lo recibieron, entre otras cosas porque desconoce la labor de la Asociación de Promoción de la Calidad, que, según dijeron, «lleva años de esforzado trabajo y se dedica a la divulgación, no a la presión o al loby».
Las fuentes agregaron que en las licitaciones «no sólo debe contar «la certificación de calidad», también hay leyes que establecen la necesidad de estar al día con el BPS, la DGI y otros requisitos».
En su edición del jueves 24 el semanario Búsqueda reprodujo en su sección cartas de los lectores la misiva de SUAT. Llamativamente la carta publicada no tiene el primer párrafo en el que se propone crear el grupo de presión, fue precisamente este primer párrafo el que generó malestar y rechazo en las empresas que lo recibieron.
Lo mismo ocurrió el viernes pasado con el semanario Brecha.
La propuesta de SUAT
Transcribimos a continuación la propuesta que SUAT envió a un selecto grupo de empresas (ver facsímil).
«De nuestra mayor consideración:
Remitimos a usted texto de la carta que estamos enviando a todas las autoridades nacionales y gubernamentales con el propósito de contribuir a fomentar la «Cultura de la Calidad» imprescindible para la salida del país. En la misma, solicitamos se ponga en práctica para el Estado, en forma cierta, lo que se promueve desde las autoridades.
Solicitamos a usted reflexionar sobre su contenido y si está de acuerdo formalizamos un grupo de empresas certificadas y/o Ganadoras del PNC para liderar este tema y mantener reuniones con las autoridades por el punto».
Hasta aquí el tramo fundamental que generó malestar en las empresas que lo recibieron y que no fue incluido en las publicaciones efectuadas, primero en Búsqueda y una semana después en Brecha.
A continuación el resto del texto de la misiva del SUAT:
La calidad en el Uruguay
La consolidación de la «cultura de calidad»es, a juicio del doctor Elías Bluth, el principal objetivo del Comité Nacional de Calidad, organismo que preside el señor secretario de la Presidencia. Entre otros conceptos ha declarado (Revista Calidad Uruguay Nº 8, 1997) que «se debe contribuir a la ejecucion de una política de Estado que trascienda a los gobiernos».
De esa «cultura de calida dque permee en toda nuestra sociedad, depende, a nuestro juicio, el destino del país».
«En esto estamos todos los que tenemos responsabilidad de gobierno, sea cual sea el lugar que ocupamos». «Hay que estar dispuestos a cambiar donde hace falta». «El Comité Nacional de Calidad tiene que cumplir un papel en dos dimensiones: en la educación de nuestra gente y en el estímulo a emprender cambios y contribuir de esa manera a que el país esté en mejores condiciones de aprovechar las oportunidades que los nuevos tiempos le ofrecen»; «tenemos que difundir una cultura de calidad en el país». «La única respuesta válida, efectiva y simple que el país puede dar a uno de los mayores desafíos que hoy enfrenta es la siguiente: para competir, interna e internacionalmente, tenemos que ofrecer calidad» (Revista Calidad Uruguay Nº 16, 1999).
El doctor Bluth subraya la necesidad de redoblar esfuerzos para apuntar a la excelencia y lograr así la inserción del país en un mundo cada día más globalizado y por ende, más exigente.
«Calidad y Uruguay debieran convertirse en dos términos de un binomio inseparable».
Ganar el Premio Nacional de Calidad no quiere decir ser mejor. Pero como reconoce el doctor Bluth «estamos convencidos, basados en la experiencia recogida en los países más avanzados del mundo, que el Modelo de Mejora Continua es el camino que conduce a la larga, a mejores productos y servicios».
Resulta fácil comprender que hay alguna diferencia entre quienes usan un «eslogan» publicitario autotitulándose servicio o producto de calidad y quienes se han preocupado por mejorar realmente, haciendo las cosas en serio, siguiendo esa política de Estado, convencidos de que es la única forma de subsistir y hacer las cosas en el mundo actual.
Pero ahí no termina el asunto. En el caso de Suat y otras muchas empresas la cosa no queda allí: certificamos nuestra calidad, de acuerdo a las normas ISO 9000, con organismos como el LATU (y también organismos internacionales), hecho que otorga garantías objetivas al cliente.
Además de un duro trabajo para conseguir esta certificación el proceso supone un esfuerzo diario y permanente para mantenerla mediante auditorías periódicas en las que se reexaminan procesos en forma exigente.
Implantar modelos de mejora continua y sistemas de aseguramiento de la calidad es costoso económica y humanamente.
El resultado es un bien o servicio que reúne las mejores facultades para satisfacer y superar las necesidades de los clientes. No es lo mismo un servicio certificado que uno que no lo está.
Como dice el señor secretario de Presidencia: «Caímos en la cuenta de que no lograríamos la incoporación de las empresas a procesos de calidad solamente a través de la palabra, de la prédica, de la exhortación, la publicidad y menos aun a través de las advertencias sobre las consecuencias negativas que provocaría su marginación; era necesario asistirlos, dotarlos de recursos y medios, y que cundiera el ejemplo de las experiencias exitosas».
Coincidente con el doctor Bluth, el presidente del BROU, contador César Rodríguez Batlle, consignó que dicha entidad no es ajena al fenómeno de la calidad y excelencia y por ello ha instrumentado programas de estímulo (rebaja de intereses en créditos) a empresas ganadoras del Premio Nacional de Calidad o que tengan la certificación ISO. Recientemente el BROU h
a abierto líneas de crédito para financiar programas de calidad en pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, a la hora de contratar servicios el BROU utiliza proveedores sin calidad certificada.
En tanto la calidad es costosa para las empresas, la única forma de que éstas se vean estimuladas a emprender este largo camino, es que se asocie un beneficio a ella. Si los compradores finales de los bienes y servicios no diferencian entre las empresas que hacen el esfuerzo de las que no, claramente las primeras tendrían una evidente desventaja competitiva frente a quienes no se esfuerzan por avanzar en el camino de la calidad y la mejora continua.
De ahí que, como dicen nuestros gobernantes, no sólo hay que exhortar sino dar el ejemplo. Porque la calidad es el único camino para que el país pueda salir adelante. Así lo aseveran las propias autoridades nacionales. No quedan claras, entonces, las razones por las cuales el Estado en sus llamados a licitaciones y registro de proveedores no exige empresas con programas de calidad debidamente certificados.
En todo el mundo se reconoce y diferencia a las empresas que aportan este diferencia.
Inreíblemente en nuestro país no es así. La tabla rasa. Todos igual a la hora de licitar. Lo único que importa es el precio al momento de seleccionar un proveedor.
Esto no solamente es injusto para quienes día tras día nos esforzamos para mejorar y estamos comprometidos en la cultura de calidad sino que va a contramano de toda la declaración de intenciones transcrita líneas arriba.
Nos enorgullecemos de que organismos públicos como UTE hayan sido galardonados con el Premio Nacional de Calidad. Sin embargo, ni siquiera UTE a la hora de elegir proveedores exige calidad.
Esto no es así en el resto del mundo, por eso el gobierno que lo sabe promueve «la calidad», pues sin ella no se puede exportar. Sin embargo aquí, entre nosotros, no funciona de esa manera.
Todos generamos valor agregado, puestos de trabajo y pagamos impuestos. Los que exportamos y los que brindamos servicios de excelencia para que otros puedan exportar en el mercado interno.
Esto es aun más cierto en el caso de nuestro país. Un país que se esfuerza por transformarse en el polo turístico del cono sur. Donde, por ende, todos los servicios son exportaciones cada vez que los consume un turista.
Es necesaria la coherencia entre el discurso y la práctica
La calidad debe ser exigida siempre, en todos lados, y el gobierno debe ser el primero en hacerlo. El Presidente de la República, doctor Julio María Sanguinetti, afirmó (Revista Calidad Uruguay Nº 9. 1998), que «Uruguay está obligado a dar la batalla por la calidad para transitar con éxito el camino de la excelencia y poder así tener mayores posibilidades de desarrollo económico y social». «Calidad sin la cual un país no puede imaginar un futuro venturoso» (Revista Calidad Uruguay Nº 16, 1999).
Parece que ésta es la única salida del país, de sus empresas (públicas y privadas) y de su gente. Terminar de esperar que nos «den», de pedir y cambiar, buscar nuestro destino, actuar, trabajar duro y bien, haciendo las cosas cada día mejor. Podemos hacerlo y debemos hacerlo, con mucha calidad.
No somos de los que pedimos sino de los que hacemos. Si esa debe ser una «política de Estado» por ser la única salida del país, los gobernantes deben liderarla, no sólo con palabras sino también con hechos claros y ostensibles, tal como lo propone el doctor Bluth.
Se debe «estimular» la batalla de la calidad escogiendo como proveedor (dentro de precios razonables) a aquellos que tienen calidad certificada.
Sería un ejemplo que tendríamos que seguir todas las empresas que tenemos premios o certificados para «promover» el desarrollo de esta política.
Más hechos, además de las palabras. Así como se está haciendo en otras áreas, cambiemos realmente el país.
En el Uruguay se está en el buen camino en muchas cosas, hagámoslo también en éste.
p. SUAT Sociedad Civil
Doctor Juan Garat Beisso – Gerente General
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