Toda la semana, sin misterios y sin candores

La cartita

Montevideo, 5 de marzo del 2000. Nº 379

Querida/o: Ya estrenamos Presidente. El miércoles, dentro de los parámetros del ceremonial republicano marcado, y de la austeridad que le imprimiera el nuevo mandatario, se produjo el recambio presidencial. Su discurso ante la Asamblea le abrió una gran cuota de crédito frente a la ciudadanía. Desde ahora entonces, manos a la obra. Pero algunas de sus primeras medidas ya encontraron a ofendidos foristas, y no sólo a foristas. No debemos apurar al hombre que llegó, después de un largo y fatigoso trajinar, a la primera magistratura. Pero tenemos que respaldarlo para que no se baje de algunas de sus promesas compartibles.Ya estoy contigo.

DON JORGE, LE LLEGO EL DIA

Y fue un lindo día. Ante una Asamblea General desbordante, el senador socialista Reinaldo Gargano, Presidente de la misma, tomó al doctor Jorge Batlle Ibáñez el juramento que ordena la carta constitucional. Después el doctor Batlle pronunció el discurso de asunción. Un discurso medular, que de alguna manera ha insuflado esperanzas en la mayoría de la población. Mensaje de continuidad en parte, pero de cambios en muchos ámbitos fueron los que marcaron, con impronta propia, las palabras de Batlle. Batlle leyó -un buen recurso para no divagar-, y un buen antídoto con una emoción que seguramente preveía. La emoción, en varios pasajes, quebró su voz, hecho muy notorio sobre el remate de su alocución. Después ya distendido, y notoriamente feliz, salió hacia la escalinata para seguir su periplo al Palacio Estévez, junto a su vice, Luis Hierro López, ya el nuevo Presidente de la Asamblea General. Saludó a todos los que estaban en su camino, y no sorprendió verlo con buena onda frente a Tabaré Vázquez, exteriorizando un afecto muy particular por José Mujica, ese hombre que ha catequizado a todos quienes lo tratan. El mensaje de Batlle no predijo milagros ni buenos tiempos inmediatos, pero abrió una expectativa hacia los sufrientes familiares de los desaparecidos. En un auto abierto, un Mercedes descapotable de la empresa Ambrois, y a paso de hombre, se dirigieron hacia la Plaza Independencia, rodeados de gente que los vitoreaba y saludando y estrechando manos tendidas. Frente a la vieja Iglesia de la Aguada lo aguardaban familiares de los desaparecidos, con pancartas con sus imágenes. Batlle sabe que la materia está pendiente. Profusión de banderas uruguayas fueron luego desbordadas por un grupo que portaba banderas coloradas, y con los servicios de seguridad en actitud casi pasiva, fueron llegando al destino previsto. En la Plaza mucho público, que incluso lo rodeó al bajar del vehículo. En la puerta los esperaban el doctor Sanguinetti, el saliente, con la banda presidencial, y Fernández Faingold, que fuera vicepresidente. Las cámaras de televisión los siguieron al subir la escalera hacia el salón rojo, donde lo esperaba la flor y nata de los visitantes. Muchos ilustres mandatarios de países hermanos, como Cardoso, De la Rúa, González Machi y el Presidente Chávez, de Venezuela, que se adueñó de la atención pública. También el viejo general Bánzer, el Presidente boliviano se encontraba entre los primeros dignatarios, que estaban acompañados por los ex presidentes Alfonsín, Menem y Sarney, y por el futuro Presidente de los chilenos, Ricardo Lagos. Las cámaras buscaban y destacaban la presencia de un soltero codiciado, el príncipe Felipe de Borbón, que con su altura hacía fácil el trabajo de los periodistas gráficos y televisivos. Frente a ellos, con gestos nerviosos, sus parientes más íntimos, y la flor y nata de la clase política nacional. Incluidos ministros entrantes y salientes. Intercambiaron palabras afectuosas Sanguinetti y Batlle, y por fin éste lucía la banda que tanto lo había hecho esperar. Batlle ya con la banda, dijo un breve discurso, donde nombró a Seregni y a Wilson Ferreira Aldunate. Luego el desfile, sobrio, pero que Batlle y sus allegados habían aplaudido junto a sus visitantes, muchos de los cuales más que el fasto lo que deben haber admirado es cierto espíritu republicano que respiró todo el ceremonial. Después de la fiesta, que terminó sin ningún agasajo costoso, el hombre tomó un taxi junto a su esposa Mercedes Menafra, para dirigirse al domicilio de su madre, doña Matilde Ibáñez Tálice de Batlle, que merecerá un párrafo aparte. Cuando Batlle pronunció la frase de «sellar la paz para siempre entre todos los uruguayos» la aplaudieron mucho, menos el comandante en jefe del Ejército, que al revés de sus pares de la Marina y la Fuerza Aérea se quedó de manos quietas. Lacalle se apareció en la Plaza Independencia, pero no estaba en la balconada del recinto parlamentario como «tout le monde». Y dicen que dicen que era porque quiso darle una señal al entrante, ya que algún forcejeo ya ha habido. Ya te cuento otros más flagrantes. (Largá Juanpedrito, que queremos que metas púa). Estoy hablando de problemas, casi de Estado, y usted quiere que pierda nivel. El discurso del Presidente dió lugar a un extenso editorial de nuestro director Federico Fasano, que ha impactado en muchos sectores y a mi me ha sido comentado por cantidad de gente en forma por demás elogiosa, concepto que comparto, aunque me corresponed las generales de la lay. No seas loro, Juanpedrito.

UNA GRAN DAMA, PROTAGONISTA DE LUJO DEL PRIMERO DE MARZO

En todo el ceremonial que te he ido contando, lucieron con brillo y prestancia las esposas de los dos primeros mandatarios que ahora rigen nuestros destinos, las señoras Mercedes Menafra y Ligia Almitrán, dos inteligentes y hermosas mujeres, que lucieron prestancia y ocuparon con garbo los lugares asignados. El ceremonial indica que la esposa de los primeros mandatarios, en los regímenes republicanos, sean nombradas como la Primera Dama. La encubierta soberanía y poder ejercido por las mujeres desde siempre –con las excusas a Isabel Villar y su equipo–, no tienen previsto nombres cuando nosotros ocupamos el lugar de consortes, pero es otro signo de la discriminación que han ejercido y ejercen sobre nosotros. (Juanpedrito, se te notan los años, ¿quién es la gran dama?). Primero yo lo escribiría con mayúscula y segundo, déjeme hacer el preámbulo, pero confieso que no debe entender un pito este meterete. Lo del título viene por doña Matilde. Una estupenda mujer, de 95 jóvenes años, nos deslumbró por la mañana y al mediodía, interpelada telefónicamente por radios y televisoras. Ya es difícil llegar a los 95 años, más lo es llegar con toda la lucidez de que hizo gala doña Matilde, y más sorprendente hacerlo con la dosis armónica, de amor, alegría y sentido común. Doña Matilde es la madre del Presidente, se llama Matilde Ibáñez Tálice de Batlle Berres, y es la orgullosa viuda de Luis Batlle. Vive sola y se lamenta que el uso de un bastón le haya prohibido estar presente cuando su hijo, después de más de 30 años de lucha, recoge el fruto de sus trabajos y los días. Yo creo que lo de doña Matilde debe ser una trampita, y presurosa, ante la inminencia del trabajo presidencial de su hijo mayor, sacó del ropero un viejo bastón, que ejercerá la función de bastón de mando, mando que ejercerá en caso de urgencia telefónicamente, o en las frecuentes pasadas que «el nene» hace por su apartamento para recibir sus sanos consejos. A los 95 años, con palabra firme y galana, departiÃ
³ por horas con periodistas de varios medios, que la hubieran retenido por muchas más horas, porque les aseguraba un rating fenomenal.
Don Jorge muchas veces señaló que era de familia de longevos, y ahora lo prueba con peligrosidad para muchos que están a su frente. Creamos tantos ministerios, y tanti cuanti, que bien podríamos crear el título de Gran Dama, un título honorífico y republicano que se ha ganado en buena lid la señora madre del actual Presidente. Felicitaciones don Jorge, todos queremos y hemos querido a nuestras madres, por lo que conocer a la suya no produce celos, pero sí, créamelo, verdadera admiración.

PRIMERAS ESCARAMUZAS EN LA COALICION

Estaban fríos los asientos ministeriales, cuando ya han aparecido las primeras escaramuzas, no con la oposición sino dentro de la coalición. Los planes precisos de reducción del gasto público le han resultado medio draconianos a algunos de los socios. Y además algunas de las medidas pueden llegar a los bolsillos de correligionarios, hecho que duele y repercute. Y como hay que empezar por el ejemplo parece que Don Jorge puso primero en orden lo que podríamos llamar la casa particular, el Edificio Libertad, donde si bien todo no era una jauja, jauja había, y yo lo presentía. Centenares de funcionarios en comisión ganan entre el 50% y 100% más que en sus lugares de origen. El equipo blanco, con estas políticas ve reducir sus esperanzas y se pone en guardia. Pero el problema no es sólo con los blancos,- como Papucho te lo había anunciado-, sino con foristas que son tan sanguinetistas, como pueden ser hinchas de Peñarol. El Julio, muy estadista y todo, se mandó algunas pruebitas antes de irse, que eran como ponerle clavos de punta al sillón presidencial. Ya se había anunciado que el nuevo gobierno suspendería la frondosa adjudicación de frecuencias radiales realizada por su antecesor, que fuera criticada por todos, menos por los beneficiarios directos. Y entre ellos hay de todo, incluso hijos de Papá, que llevan nombres de sociedades anónimas. Y ahora, ya con Don Jorge gobierno, dicen que «la firma de Sanguinetti no se toca». ( Vamo a ver Juanpedrito, mirá que si el Julio tiene firma, el Jorge tiene su caratercito). ¡Me salió analista el hombre, no faltaba más! Pero yo, impávido, sigo mi camino. Te cuento, uno de los problemas más urticantes que tiene el nuevo gobierno entre manos es el de los derechos humanos. Y la postura del saliente –la del Ejército a ultranza– parece no conjugarse ni con la del entrante ni con más de medio país. La nota disonante la dio el nuevo ministro de Defensa, Luis Brezzo, un operador incansable de Sanguinetti, que ya en la toma de posesión dio a entender que en materia de derechos humanos ya estaba todo dicho. Me pareció una señal de desplante medio provocador y provocativo. Porque aunque parezca todo muy protocolar todos mueven sus piezas. El novísimo ministro de Salud Pública, Horacio Fernández Ameglio, fue particularmente duro. Afirmó, sin pelos en la lengua, que el Ministerio de Salud Pública debía dejar de ser un «club político», y que todos los ingresos y ascensos serán provistos mediante concursos. Y tened vosotros en cuenta, caros compatriotas, que en el léxico forista, la palabra concurso había sido incluida en el índex. Un blanco, muy experto, Antonio Mercader, al asumir la cartera de Educación recordó que habían prometido destinar el 4,5% del PBI a la enseñanza, promoviendo un aumento sustancial a los salarios docentes, salarios de vergüenza agrego yo. Además me había olvidado decirte que Batlle en su alocución ante la Asamblea, recalcó la necesidad de actuar de consuno con la Universidad, y resultó llamativo que sólo hizo alusión a tres nombres propios, casualmente tres universitarios, el doctor Touyá, el ingeniero Guarga, y su ministro de Ganadería, el ingeniero agrónomo Gonzalo González. Y cambio.

DESVALIDOS, QUE SE DIGA, NO QUEDARON

Conocida la actitud de los ex presidentes Lacalle y Sanguinetti de no ocupar sus bancas senaturiales y dejarlas para los suplentes dio lugar a comentarios. No cualquiera renuncia a un buen sueldo y deja de pensar en su futuro. Pero hete aquí que las cosas son diferentes. Yo no debo dejar de reconocer que ambos tienen tareas políticas, que no pueden diluir en actuaciones parlamentarias que podría llevarles buena parte del tiempo. Pero además súpose que desvalidos no habrán de quedar. En lugar de cobrar los casi $ 50.000 de sueldo de un legislador, los nombrados tienen en el BPS, mensualmente, una acreditación de más de $90.000 mensuales, libres de polvo y paja. Y además derecho a tener a su servicio particular a tres o cuatro funcionarios públicos, un chofer, un secretario y un funcionario para las tareas domésticas, aunque creo que me olvido de uno. A mí no me parece mal que los ex presidentes tengan un trato decoroso, pero pregúntome por ejemplo, si quienes usurparon esa magistrastura, como el doctor Bordaberry o el teniente general (r) Gregorio Alvarez tienen los mismos derechos. De tenerlos habría que modificiar la legislación, según mis parámetros. Además el hecho no los inhibe de tener otros ingresos, como por ejemplo jubilaciones profesionales o retiros. El doctor Sanguinetti, hagamos mención lateral, tuvo que comprar la casa lindera a la que ya tenía en el cotizado barrio de Punta Carretas, porque su enorme biblioteca y su colección de cuadros, ocupan mucho espacio, y además la prole nieteril ha ido creciendo y requiere espacios propios. El doctor Lacalle en cambio tiene una residencia que no tiene problemas de espacio, porque se desarrolla en un gran predio de Carrasco, casa que adquiriera, y reformara antes de dejar la primera magistratura. Además, en el caso de Sanguinetti y Lacalle, tienen que atender numerosos compromisos y foros internacionales, que reclámanlos, por su sapiencia y experiencia.

Y VOYME YENDO

Los blancos de Canelones no le dejan dormir al Cuqui Lacalle. La gente de Yamandú Castro sabe dos cosas, que los blancos no ganan y que ellos ni pican frente a Julita. Unos, los de Lara quieren acordar con Chiesa, el quincista; y otros, los de Santoro, con Hackenbruch. Quieren poner barreras en el camino de Spinoglio, pero Lacalle hace esfuerzos por hacerlos desistir. ¿Unos cargos en algunos Entes? ¿Qué te parecería? Después te cuento. Y ahora hasta muy pronto hermano, donde nos encuentre el camino. Un abrazo.

Juanpedro Minuano

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