Teoría sobre el "Asesinato del director de un diario"
El pasado viernes, en Ultimas Noticias, el doctor Miguel Angel Semino, embajador uruguayo en Francia, escribió una nota de opinión bajo el título «Asesinato del director de un diario», dejando «las reflexiones del caso a los lectores».
En su nota Miguel Angel Semino no dice, aunque lo sabe, que la afirmación «la libertad de prensa está en el plano superior a los restantes derechos civiles» es parte de la sentencia que absolvió a Federico y Carlos Fasano Mertens, en el juicio iniciado por el ex presidente de Paraguay, Juan Carlos Wasmosy. Con esta sentencia los dos periodistas ganaron las tres instancias judiciales perseguidas en forma incansable por el ex fiscal, Miguel Langón. Lo que sigue es el texto completo de la misma.
«Hace pocos meses nuestra Suprema Corte de Justicia dictó una sentencia en materia de libertad de prensa y de información donde se sienta la tesis de que son ‘derechos tan trascendentales que pueden ser ubicados en un plano superior al de los otros derechos civiles’ (extraigo la cita de los diarios porque no he podido leer el texto original de la sentencia) y, también, la de que ambos conforman una garantía institucional para la vida en democracia. Si respecto a la segunda estoy totalmente de acuerdo debo señalar que, en principio, tengo grandes reservas con la primera. En efecto, no creo que la propia Constitución nos permita jerarquizar los derechos de tal modo que la libertad de prensa y de información sean ‘superiores’ a los otros, reconocidos por su artículo 7º (vida, honor, seguridad, trabajo, propiedad y demás libertades que se desarrollan en la Sección II). De cualquier modo, no es mi intención ahora analizar una sentencia cuyo texto original desconozco: me he limitado a establecer mi discrepancia con la tesis general que de aquella parece desprenderse y que fue muy comentada en su momento. Como, en el fondo, lo que está en discusión es viejo –y fundamental– problema de los límites de los derechos (artículo IV de la Declaración de 1789), que, en caso de referencia, se plantea preguntando hasta dónde alcanza la libertad de prensa –englobando a todos los medios de comunicación– voy a contarles a mis posibles –como solía decir el doctor Santiago Rompani– lectores, una historia que ocurrió en Francia hace muchos años.
Entre fines de 1913 y comienzos de 1914 el diario ‘Le Figaro’ –que aún hoy sigue siendo uno de los más importantes de este país– llevó a cabo una terrible campaña contra Joseph Caillaux, ex presidente del Consejo de Ministros, en ese momento ministro de Finanzas y líder del partido radical-socialista. En artículos firmados por su director, Gastón Calmette (138 durante 95 días), se acusa a Caillauz de ser instrumento del gran capital internacional, de practicar el tráfico de influencias, de haberse apropiado de fondos públicos y de herencias privadas, de obtener por medio ilícitos fondos para su partido político, etc. Paro de contar aunque el rosario es mucho más largo. Caillaux multiplica los desmentidos, pero todo es en vano. El 10 de marzo de 1914 el director del diario escribe lo siguiente: ‘En este instante decisivo no se debe retroceder delante de ningún procedimiento por desagradable que sea para nuestras costumbres y por reprobable que sea para nuestras maneras y nuestros gustos’.
Como se vería a los pocos días, el diario iba a publicar cartas privadas cursadas entre Caillaux y su esposa, la anterior y la actual. El ministro se había divorciado y vuelto a casar con una señora (Henriette) que antes había sido su amante. Durante el juicio, las cartas íntimas habían sido quemadas, pero la primera esposa conservaba fotografías de los originales que, oportunamente, puso en manos de los enemigos políticos de su ex marido…
El 12 de mayo Calmette publica una carta de Caillaux a Berthe Gueydan (la primera esposa) con un comentario en el que se excusa por lo que hace, pero estimando que cumple con su deber de informar. En dicha carta Caillaux explicaba su posición respecto al impuesto a la renta del que parecía ser un defensor. El 16 de marzo el diario expresa que el ministro ha escrito ‘imprudentes correspondencias’ e insinúa que va a publicarlas. En ese mismo día la esposa de Caillaux se entrevista con el presidente del tribunal de la Seine, el juez Monier, quien le dice que frente a la difamación la justicia es impotente, agregando –según la señora– que hay que defenderse por sí mismo. Después de la entrevista, Henriette Caillaux concurre a una conocida armería y compra una pistola automática, que ensaya en el subsuelo del negocio. Retorna a su casa y escribe una carta a su marido contándole la conversación con Monier y exponiéndole su decisión de ‘hacer justicia’, ya que no hay quien los proteja contra las calumnias de la prensa. A las 17 horas se presenta en la redacción de ‘Le Figaro’ y pide para hablar con el director. Este llega una hora después y, de inmediato, hace pasar a la señora de Caillaux, quien vacía el cargador de su pistola sobre el cuerpo de Calmette que, aún con vida, es trasladado a una clínica de Neuilly, donde fallece algunas horas más tarde. Llega la policía y la homicida declara: ‘No hay justicia en Francia. Era la única manera de acabar’.
El 28 de julio de 1914, la señora de Caillaux –defendida por el mismo abogado que lo había sido del capitán Dreyffus– es absuelta por la justicia. Tales los hechos, resumidos por cierto, que, en su momento, conmovieron a Francia. Dejaremos las reflexiones del caso a los lectores. Hasta la próxima».
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