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Confesiones previas al 5 de febrero de 1971

Previo a las firmas del acta de nacimiento, 7 de octubre de 1970, se conoció un llamamiento de ciudadanos independientes convocando a construir una nueva fuerza política. En esa convocatoria había civiles y militares retirados.

A estas dos fechas fundacionales hay que agregarle una tercera, que fue el primer acto en el que participó como orador el candidato a la Presidencia de la República, general (r) Líber Seregni.

La intención de esta nota no es volver a repetir lo conocido, sino contar algunos detalles de cómo se fue construyendo la posibilidad de la construcción del Frente Amplio.

Quien escribe éstas líneas fue un modesto protagonista juvenil de aquellas horas, seguidor atento de lo que estaba ocurriendo e intérprete de la nueva realidad que se proyectaba.

No fui, en esas horas, un independiente, sino que estaba vinculado al ilegalizado Partido Socialista. Por lo tanto mis recuerdos son una mezcla de lo que viví y de lo que hoy pienso sobre lo que viví.

En las elecciones anteriores a 1971, donde acompañé a mi padre que era candidato de la 99 por el Partido Colorado en Canelones, los socialistas habían tenido una mala performance con la creación de la Unión Popular, encabezada por el nacionalista Enrique Erro.

El PS ya había roto con las posturas de la socialdemocracia europea y se volcaba, en esos días, a una corriente más tercermundista alentada por el triunfo de la revolución cubana. Por haber apoyado el camino de la lucha armada en la Olas, el presidente autoritario Jorge Pacheco Areco lo ilegalizó.

En el movimiento social los socialistas se ubicaron, dentro de la política de rechazo al autoritarismo de Pacheco, en la vereda de enfrente de la propuesta de acumulación de fuerzas del Partido Comunista para enfrentar al pachecato y construir una nueva alternativa.

Socialistas, anarquistas, la Resistencia Obrero Estudiantil y militantes tupamaros, entre otros, comenzaron a construir la Tendencia Combativa, con la idea de que había que radicalizar en métodos y formas de lucha el enfrentamiento a la derechización creciente del gobierno colorado.

Tanto el Partido Comunista como el Socialista tenían una propuesta frentista, en el sentido de que había que agrupar a distintos sectores de la izquierda. Pero el lenguaje común no aparecía y mucho menos la estrategia: para los socialistas los comunistas eran reformistas y electoreros, para los comunistas, los socialistas y otros eran ultras.

Mientras todo esto se desataba en el campo de la izquierda, los partidos tradicionales comenzaban a vivir los dolores de una crisis profunda. Zelmar Michelini, Alba Roballo y Francisco Rodríguez Camusso (Erro ya estaba afuera), entre otros, prepararon su salida de las viejas colectividades políticas, en diálogo con el Partido Demócrata Cristiano, que en aquel entonces lideraba Juan Pablo Terra. Fue así que surgió la idea del Frente del Pueblo, que aún no contemplaba a la izquierda clásica, de extirpe marxista, pero que no cerraba las puertas.

La fuerte apuesta del PCU en el movimiento obrero e intelectual en pro de un frente sin exclusiones, con el apoyo de Carlos Quijano desde Marcha, permitió que las partes se fueran acercando, hasta que en octubre de 1970 se juntaron ciudadanos que habían luchado contra la dictadura de Terra, por la República Española y contra el fascismo, que habían creado o apoyado el Movimiento en Defensa de las Libertades, que se instaló para hacer frente a la arremetida derechista de Pacheco Areco. Entre los firmantes estaba Héctor Rodríguez, uno de los radicales en el movimiento social.

Como si esto fuera poco, un mes antes de aquel octubre, el 4 de setiembre de 1970, Salvador Allende gana las elecciones en Chile, previa construcción de la Unidad Popular sostenida sobre la base de los dos partidos marxistas.

Aquel grito chileno de “la izquierda unida, jamás será vencida” cruzó Los Andes y llegó a nuestros puertos para transformarse en “el pueblo unido, jamás será vencido”.

En esos días, en la izquierda, ya nadie podía mirar para el costado: se estaba adentro o afuera de lo que sería el Frente Amplio. Había que definirse.

Fue así que al Partido Socialista le llegó la hora de su congreso, que se realizó en un apartamento muy próximo a la Ciudad Vieja. Y acá viene la sorpresa, la información que nunca escribí y que creo que ha llegado la hora de compartir.

Allí estaban los dirigentes “viejos” y los “jóvenes” que habíamos ingresado, fruto de la luchas estudiantiles, entre 1967 y 1970. Apenas tres años. Con todas las letras: los que teníamos dudas sobre la creación del Frente Amplio, éramos los más jóvenes, porque veníamos de la Tendencia Combativa. Los “viejos”, que ya habían realizado su autocrítica por la última elección, estaban convencidos de la unidad sin exclusiones.

Creo que fue José Díaz el que sacó de la galera la consigna que nos permitió dar el paso unitario: “Al Frente Amplio, sin tregua y con lucha”. En esta pasada semana llamé a Marcos Carámbula (uno de los ” jóvenes”, junto a Laurenzo, Britos, Bertha y otros), para confirmar mis recuerdos y me recordó que la intervención del Polo Gargano a favor del FA había sido definitoria.

Lo interesante de todo este relato, por lo menos eso es lo que creo, muestra el dinamismo de la época. Y mucho más lo muestra como nosotros, los de menor edad, no solo ajustamos nuestras posturas, sino que después fuimos y somos abanderados de por vida del Frente Amplio, nada más que un poco más gastados.

Sobre la evolución interna del PS entre 1971 y 1973 y cómo aquellos actores asumimos posturas distintas, lo dejo para cuando se cumplan 80 años del nacimiento del Frente Amplio. Me comprometo que así será. Por ahora, hasta aquí llegué.

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