Incidente en la Junta duraznense
Durazno
Un hecho insólito se produjo en la Junta Departamental de Durazno cuando un empresario de origen Belga, que se encuentra radicado en esta ciudad desde hace varios años, irrumpió en la sala de sesiones pretendiendo que el cuerpo lo recibiera, para contrarrestar una denuncia laboral presentada en Asuntos Previos.
Todo surgió a raíz de una severa denuncia presentada por el edil del Partido Comunista Riserio Llanes, quien acusó a la empresa del referido extranjero –que gira en el rubro textil (reparación de tapices) desde hace unos seis meses– de despedir a cinco trabajadoras entre el 2000 y lo que va de este año, «todas ellas por reclamar aumentos salariales».
El edil dijo en la media hora previa del viernes pasado, que las empleadas trabajaban diez horas por día pero la empresa aportaba al BPS por 5. Y que se les había suprimido la locomoción que las trasladaba al lugar de trabajo, en Santa Bernardina. Llanes denunció que las 17 empleadas no cuentan con comedor y atraviesan una situación alarmante. En tal sentido, pidió que sus manifestaciones pasaran a las comisiones de Derechos Humanos, Asuntos laborales de Diputados y al Sindicato Obrero Textil.
La aparición
Pero tanto el público como los ediles se quedaron mudos, cuando veinte minutos después de la denuncia, abrió sorpresivamente la puerta del recinto el empresario belga y acercándose a las barandas y la puerta de vaivén tipo «saloon», que separan la sala de sesiones de las barras, pidió a viva voz ser atendido en sala, interrumpiendo brevemente la sesión.
El presidente del cuerpo, Nelson Rodons, le solicitó que esperara un momento, acaparando la atención de las cámaras del programa de cable Sesión Abierta, que transmite en vivo una hora de la reunión.
El ciudadano belga se paseó nervioso por el recinto, pero el presidente no solicitó su desalojo. Luego y en los corrillos, el edil rochano Raúl Otegui y el titular del cuerpo, le convencieron que «de acuerdo a la normativa no lo podían recibir en sala sin antes realizar la solicitud pertinente en secretaría o en las asesorías de Industria o Asuntos Internos».
El hombre –que se enteró de la denuncia por una empleada que miraba el programa por la TV cable– estaba muy molesto con el edil denunciante, al punto que aguardó al final de la sesión para increparlo. Sin embargo, la camaradería del resto del cuerpo permitió despistarlo y de esa forma el edil denunciante logró abandonar la sala, sin ser visto por el exaltado empresario.
Tras plantear su queja en la secretaría del cuerpo habló brevemente con la prensa, desmintiendo las acusaciones contra su empresa y afirmando que «Este, es un órgano para difamar». Pero el punto final no fue menos sorprendente que el inicio del hecho: al terminar el diálogo con la prensa lo esperaban varias de las trabajadoras, todas jóvenes, con las que se fue a cenar a un restaurante céntrico.
Por su parte, 17 de las 18 empleadas de la empresa textil elevaron una carta a la prensa, escrita y oral, y la Junta Departamental en defensa de la fuente de trabajo, negando las denuncias del edil, y señalando que «nunca se ha despedido ninguna compañera por problemas salariales o de índole laboral».
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