Testigos en Uruguay identificaron a militares chilenos como responsables de su asesinato

Giro judicial en caso Berríos

El periódico, que cita un informe reservado en poder del presidente de Chile Ricardo Lagos, reveló a su vez los nombres de los militares.

Se trata de los oficiales Martin Michael Borck Keim, Santiago Gerónimo Caradeux Franulic, Carlos Angel Espinoza López, Pedro Alejandro Jara Morales, José Guillermo Montenegro Valenzuela y Felipe Enrique Cabrera Palacios.

Los seis fueron agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército, y fueron identificados por el Departamento Quinto de Investigaciones como los «responsables de la desaparición y muerte» del ex químico estrella de la DINA, Eugenio Berríos Sagredo, en Uruguay.

Así lo establece el informe que fue entregado el martes en el Sexto Juzgado del Crimen de Santiago por altos oficiales del Departamento Quinto de Investigaciones, donde está radicada esta causa.

Según se especula en Chile, el inesperado vuelco del caso revelaría que el Ejército de ese país, entonces comandado por el general Pinochet, obstruyó el accionar de la Justicia para evitar que Eugenio Berríos declarara en el caso Letelier en 1991, donde era el testigo clave para establecer la asociación ilícita de la DINA.

El «golpe policial» que posibilitó el giro en la investigación era conocido «a cabalidad por el gobierno», agrega el diario, en particular por el subsecretario del Interior, el democratacristiano Jorge Burgos.

Identificación en Uruguay

En realidad, la identificación de los militares chilenos se realizó en Uruguay el mes pasado, en un juzgado de Montevideo.

Un alto oficial de Investigaciones de Chile, luego de recibida la orden amplia de investigar dictada en diciembre pasado por la titular del Sexto Juzgado del Crimen, Olga Pérez Meza, viajó a Buenos Aires y se coordinó con la OCN Interpol de ese país, para buscar las entradas y salidas de los oficiales del Ejército de Chile sobre quienes recaían sospechas por la muerte de Berríos. Posteriormente, el oficial de Investigaciones viajó con destino a Uruguay, el 28 de marzo de 2001, portando un amplio set de fotografías con ex agentes de la DINA, la CNI y otros de la DINE.

Días antes de ese viaje, el 22 de marzo, se había enviado a Uruguay –donde desapareció Berríos– una solicitud de diligencias al juez de Pando, Alvaro González González, quien llevó la causa por la muerte de Eugenio Berríos hasta que la misma se archivó. González derivó la solicitud a Montevideo, puesto que los dos testigos que podrían reconocer a los militares viven en la capital.

Posteriormente, el referido oficial de Investigaciones y otro policía del Departamento Quinto se trasladaron a la capital uruguaya y el 5 de abril pasado el juez de la Primera Instancia en lo Penal de 12º Juzgado de Turno, José Ferreira Stevenazi, junto al representante de la Fiscalía Letrada Nacional en lo Penal y el defensor de oficio de Turno, citaron a los dos testigos. Estos, en una diligencia de reconocimiento de fotografías, identificaron «sin dudar» a los oficiales del Ejército.

Los militares que fueron identificados son lo que habrían acompañado a Berríos casi todo el año 1992, cuando residió en Montevideo en un edificio del barrio Pocitos sobre la calle Buxareo.

El juez González confirmó a LA REPUBLICA la versión del periódico chileno y señaló que hasta el momento no recibió oficialmente ninguna información que amerite reexaminar el caso.

El magistrado señaló que únicamente podría determinar la reapertura del expediente si llegara a sus manos información relevante y que permitiera vincular la presencia de los militares chilenos con la muerte de Berríos.

Eugenio Berríos Sagredo, de profesión bioquímico, escapó de Chile en noviembre de 1991, bajo la identidad de Hernán Tulio Paredes Orellana, una persona de increíble parecido con el ex agente de la DINA.

La semejanza entre los dos hombres revela, de acuerdo a las fuentes consultadas para este artículo, el grado de perfección de la Inteligencia chilena para crear las llamadas HF o historias falsas.

La salida de Chile de Berríos se produjo justo en momentos en que era buscado por el ministro instructor de la Corte Suprema, Adolfo Bañados, como testigo clave del Caso Letelier, debido a que Berríos trabajó en la calle de Vía Naranja que la DINA tenía en Lo Curro, donde preparó el gas Sarín.

Su testimonio podría haber posibilitado destapar el secreto proyecto Andrea, que consistía en la creación de armas químicas para la posible guerra con Argentina, en 1978, según se desprende del mismo expediente del caso Letelier.

El cadáver de Berríos, con dos disparos en la cabeza, fue encontrado en abril de 1995 en la playa de El Pinar.

Berríos trabajaba en la fabricación del mortal gas y productos patógenos que serían utilizados para matar a opositores y hacía sus experimentos en la casa de Santiago del norteamericano Michael Townley, uno de los ejecutores condenados por el homicidio del ex canciller chileno Orlando Letelier.

El año pasado, el ex presidente Eduardo Frei denunció que la muerte de su padre, el también ex presidente del mismo nombre, pudo ser obra de la DINA y precisó que Berríos había realizado una visita subrepticia al hospital donde falleció afectado de una rara infección viral en 1982, cuando se reponía de una operación quirúrgica sin riesgo.

Frei surgía en esa época como el líder natural y más prominente entre los opositores al régimen de facto de Pinochet.

Sus hijos, Frei Ruiz Table y su hermana Carmen, se entrevistaron en Santiago con el presidente uruguayo Jorge Batlle, durante una visita oficial el año pasado del mandatario uruguayo, para pedirse nuevas indagatorias sobre el asesinato de Berríos.

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