Suanp pretende sindicalizar aestibadores "desregulados"

Más de un millar de jóvenes uruguayos de muy escasos recursos deben someterse a las «pandillas» que proliferan en los puertos para así lograr un puesto de trabajo en la carga y descarga de los pocos barcos que arriban a Uruguay, una tarea tan mal pagada como codiciada por compatriotas en situación de suma necesidad, según denunció Carlos Ures, presidente del Suanp.

El sindicato portuario pretende sindicalizar todos trabajadores involucrados en las diferentes actividades portuarias, en particular estibadores afectados por políticas neoliberales que desmontaron viejos mecanismos de protección social. «Las tercerizaciones en la contratación de personal y la desregulación laboral acarrearon rebajas salariales», indicó Ures, quien agrego que «los estibadores quedaron sometidos al poder de las pandillas que contratan para las empresas portuarias sin pagar horas extra ni aceptar convenios salariales».

 

«Se lavan las manos»

Ures recordó que el gobierno herrerista disolvió, en 1992, la Administración Nacional de Servicios de Estiba, la vieja ANSE, que regía las actividades de los entonces funcionarios paraestatales que cargaban y descargaban mercaderías. Los actuales estibadores, acuciados por la necesidad, están siendo condenados a percibir jornales que nunca superan los 120 pesos, y deben desempeñar tareas en condiciones por demás precarias en materia de seguridad.

El dirigente sindical señaló que los capataces de las llamadas «pandillas» actúan al margen de la legalidad para evadir impuestos y aportes patronales en beneficios de las empresas operadoras. «Las pandillas formadas a partir del 92 corren con todos los riesgos; las operadoras portuarias se lavan las manos y nunca pueden ser responsabilizadas por las evasiones y defraudaciones que se cometen en las contrataciones», acusó.

 

Federación de sindicatos

Ures explicó luego que el Suanp pretende conformar «una federación» de sindicatos que abarquen todas las actividades portuarias. «El objetivo es lograr un mayor poder de negociación a la hora de reclamar aumentos salariales y exigir mejoras en las condiciones de seguridad laboral», indicó.

«Ahora», advirtió, «los estibadores están librados a su propia suerte sin un sindicato que los proteja y están siendo victimizados por un vacío legal que exonera a las empresas operadoras de cualquier tipo de reclamación laboral». «Es común ver a las pandillas en plena calle, en las inmediaciones de la esquina de Piedras y Cerrito, pagándole a los trabajadores con salarios que son en negro en su mayor parte». Los estibadores esquilmados por las pandillas que intermedian en la contratación, reveló Ures, «tienen miedo de presentar denuncias por temor a sufrir represalias». «El que denuncia sabe que no vuelve a conseguir trabajo y que puede recibir una paliza», se lamentó. Las «pandillas», grupos cuasi delictivos que aplican métodos violentos de persuasión a quienes se atrevan a desafiar su poderío en las contrataciones informales, llegaron incluso a contratar mano de obra extranjera, en especial migrantes de países andinos.

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