Indicadores para la toma de la decisión

El enorme simulacro de la tragedia

Comentario de un productor en el «back stage» del programa Hoy por Hoy emitido en vivo el viernes 27 en Canal 5

Probablemente cuando se esté leyendo esta nota, el gobierno haya tenido que decidir el inicio de la vacunación masiva del ganado en todo el territorio nacional y, en tanto también, el abandono de la condición de país libre de aftosa sin vacunación por el lapso de, al menos, tres años. Las posibilidades de mantener la estrategia perifocal y los cordones departamentales ya son muy escasas dado la propia renuncia del gobierno a utilizar la fuerza para sacrificar ganado en los focos. En este trance parece importante revisar algunos indicadores que están en la mesa sobre la cual se están tomando estas decisiones. Los cuales, vale adelantarlo, estarían determinando la inconveniencia de mantener, cueste lo que cueste, el estatus logrado en 1995.

Estos indicadores son insuficientes a los efectos requeridos por la sencilla razón de cque la mayoría de ellos está vinculada al monitoreo de los escenarios «históricos» del negocio de la carne. * La salvedad en cuanto a que el enorme riesgo asumido con el cambio de la estrategia que se definiera en 1994 no cuenta con indicadores de seguimiento específicos integra el balance de lo actuado.

 

1.- Los cambios en la cadena de la carne

La modernización de la producción ganadera no aparece vinculada causalmente al cambio de la estrategia sanitaria que tuvo lugar a partir de 1996. Los variados indicadores de mejora de la inversión y la productividad reconocen un cambio de las expectativas empresariales entre las cuales figuró la perspectiva de los mercados no aftósicos, pero entre las cuales también figuran en términos relevantes la autorización de la exportación de ganado en pie, la liberalización del mercado, la previsión de la demanda agregada derivada de la estabilización brasileña que se iniciara en julio de 1994 y, sobre todo, la decisiva participación del BROU en el financiamiento de, prácticamente, toda la inversión agregada que esas nuevas expectativas generaran.

La condición privilegiada impactó también sobre aspectos de la gestión industrial y el esfuerzo de acceso a los mercados prometidos. Empero, la industria frigorífica siguió expuesta a una relación de rentabilidad y riesgo que, con contadas excepciones mantuvo a este sector lejos del interés de la IED (Inversión Externa Directa) y sin posibilidad alguna de que cualquiera de los nuevos proyectos industriales alcanzara calificaciones de riesgo mínimamente aptas para recepcionar a los nuevos inversores institucionales presentes en plaza.

 

2.- Inversión y riesgo

La institución del nuevo estatus, acelerado por la necesidad de ganar posiciones frente a los competidores regionales en los nuevos mercados, determinó la afirmación de una estrategia de elevado riesgo –sin vacunación, con exclusión sanitaria y comercial casi absoluta con la región– cuyas consecuencias no fueron tenidas en cuenta en el momento. En 1995 no existía en el país posibilidades técnicas ni recursos para analizar el riesgo como una categoría definitoria en todo planeamiento de negocios. En consecuencia no se advirtió que la institución de una fuerte amenaza –la que hoy se objetiviza– agregaba una vulnerabilidad a la industria que, definitivamente, la alejaba de cualquier calificación positiva. Algo similar sucede con la inversión y la relación rentabilidad/riesgo en sectores como la citricultura, la avicultura o aun, la forestación. Este enfoque implica saber que la inversión necesaria para el desarrollo del plan está muy acotada por la posibilidad de que todo el flujo de caja previsto en los proyectos depende de que se mantengan algunos factores que deciden esos planes de negocios, por ejemplo: la posibilidad de acceder a los mercados no aftósicos o depender de la evolución regional y los mercados secundarios.

 

3.- La formación de los precios y su distribución

A partir de 1996 se abren los mercados no aftósicos. Pero el nuevo escalón en el cual comienzan a ubicarse los precios del ganado tiene un origen previo, 1995, y está estrictamente vinculado a la demanda agregada proveniente de Brasil. Tan es así que los precios del ganado cayeron en el primer año de vigencia del nuevo estatus y cayeron, en particular, cuando el precio en dólares del ganado brasileño se derrumbara, 1999.

En términos complementarios los estudios de formación de precios disponibles en la década actual reconocen una relación absolutamente positiva con la evolución del precio del ganado argentino. De allí que, incluso, la explosión de la aftosa en Argentina y la determinación uruguaya de prohibir la exportación de ganado en pie a la vecina orilla –basada en la precaución de que no se acusara a Uruguay por la plaga que ya campeaba allí– desvincula por primera vez la evolución del precio uruguayo a la paridad de exportación con Argentina. Dado lo cual –y si no se revisara dicha prohibición de inmediato– la vulnerabilidad económica de los productores sería aun más grave.

 

4.- La cobertura de riesgo de la estrategia.

La tragedia ha descubierto todas las imposibilidades estructurales de mantener una estrategia de alto riesgo sin coberturas mínimamente aptas. La frontera se ha revelado absolutamente incontrolable. Y eso no tiene que ver con las posibilidades o no de contralor y fiscalización fronteriza. La imposibilidad tiene que ver con la identificación de qué es y cómo actúa el virus. Y ello está vinculado, además, con el reconocimiento de la incapacidad estructural de la región para mantener atenuado el riesgo en sus propios territorios.

Sobre todo, hemos comprobado que hay riesgos de esta estrategia que no pueden ser cubiertos en economías en vías de desarrollo en las cuales deben privilegiarse el mantenimiento de equilibrios presupuestales elementales.

Esos cuarenta o cincuenta millones de dólares en contenedores que «andan flotando en el agua» permanentemente viajando hacia sus mercados y que, como ahora, pueden ser afectados en cualquier momento, exigen seguros financieros de costo elevado. De no proveerse, como ahora, la fractura de la cadena de pagos resulta insoportable para las empresas del sector o, eventualmente, para la permanencia de los precarios equilibrios de las instituciones como el BROU o las propias reservas del BCU/MEF.

 

5.- La gente y el afecto al modelo

El simulacro de la tragedia también ha tornado transparente la conducta de los agentes en relación a la estrategia asumida. Si bien los productores han sido convencidos de las bondades de un estatus diferencial, en el fondo, no están dispuestos ni pueden arriesgar demasiado en estrategias de esta naturaleza. La respuesta en Soriano es elocuente y tiene su explicación, también, en el balance que realizaron los productores de Artigas de su propia desgracia, las compensaciones, la relación costo beneficio medida ahora desde una perspectiva individual y concreta.

Un poco más allá, el Estado se ha revelado incapaz de cumplir con las exigencias debidas y sus roles en emergencias vinculadas con la estrategia elegida. No es momento de abundar pero la constatación es demasiado insoslayable.

* Editor de Bitácora

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