"El único país contra el cual Uruguay ha votado sistemáticamente es Cuba"
–¿Qué significó para el gobierno cubano y para usted en particular la votación del día miércoles en Ginebra en la que se aprobó una resolución exhortando a Cuba a respetar los derechos humanos?
–A mi juicio como dijo Fidel y el canciller, creo que ha sido un triunfo moral de Cuba. Si se tiene en cuenta que se trata de una batalla entre el país más poderoso de la historia y un pequeño país, el hecho de que Estados Unidos le gane un proyecto de resolución a Cuba por sólo dos votos de diferencia, no cabe duda que es una victoria pírrica como dice Fidel. Pero si a eso se suma el hecho de que el presidente de un país como el de Estados Unidos tuvo que hacer once llamadas telefónicas a presidentes latinoamericanos, en el plazo de 24 o 48 horas, entonces prácticamente el presidente de Estados Unidos se dedicó al tema del proyecto de resolución contra Cuba. Yo no conozco ningún otro acontecimiento internacional que haya mantenido al presidente de un país como Estados Unidos ocupado haciendo llamadas telefónicas como el proyecto de resolución. Pero no para ahí la cosa. El secretario de Estado de Estados Unidos hizo diez llamadas telefónicas a un mismo país, también presionando en busca de la aprobación de la resolución contra Cuba.
–Un proyecto al cual se le introdujeron modificaciones. Es decir, no fue una condena lo que se votó, sino una exhortación, un pedido.
–Exacto. Esto tiene una historia más larga y compleja. La derrota que infligimos a Estados Unidos en 1998, le dejó ver a los norteamericanos con mucha claridad que había una percepción muy clara hacia el resto de los gobiernos que este ejercicio discriminatorio contra Cuba en materia de derechos humanos, estaba inscripto en la política anticubana de hostilidades de Estados Unidos hacia Cuba. Y comprendieron los gringos que había que cambiar. Y se dieron a la tarea de buscar otro país que presentara el proyecto para edulcorarlo un poco y dar la imagen de que no era presentado por Estados Unidos. Lo que los yanquis hubieran querido es que lo presentara un gobierno latinoamericano. Felizmente, no lo consiguieron. Por ahí apareció la República Checa que, entre otras cosas, tiene que pagar la factura de su ingreso a OTAN y además su pretensión de ingresar a la Comunidad Económica Europea. Percepción clara en el resto de la comunidad de que le estaban actuando como lacayos de los norteamericanos. Pero con lo que no contaron los checos era con que para los norteamericanos sería demasiado complicado votar un proyecto de resolución que contemple una condena al bloqueo, porque están condenando su propia política hacia Cuba. Además, creo que se percataron al final de que la introducción del tema no les iba a ganar ni siquiera un voto. Y al final, comenzó la pugna entre norteamericanos y checos para retirar el párrafo. Tanto que apenas unos días antes de la votación había una enorme confusión en la comunidad internacional porque había un espacio en blanco en el texto y nadie sabía que cosa se iba a escribir ahí.
–¿Le sorprendió la posición de Uruguay?
–No, en absoluto. La posición de Uruguay es consustancial con la que ha mantenido históricamente hacia Cuba. Con el tema del voto uruguayo, preferiría más que emitir un juicio de valor hacer una constatación de hechos. Lo primero que me gustaría constatar es el hecho de que el gobierno uruguayo se ha mantenido todo el tiempo indicando públicamente que no había una posición definida respecto al voto de Cuba. Incluso cuando el Presidente emprendió un viaje oficial al exterior en declaraciones en el Aeropuerto dijo que el voto uruguayo iba a ser similar al del año pasado. Uruguay el año pasado no fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos y eso lo que trajo fue una enorme confusión incluso entre los miembros de prensa que no tenían claro a qué cosa se estaba refiriendo el Presidente. Apenas unos minutos antes de que se votara la resolución en ONU, fue que la Cancillería emitió un comunicado indicando que el voto iba a ser contra Cuba y añadió una referencia en contra del bloqueo. Creo que hay cosas que debemos constatar. Voy a leer algo que el canciller dijo a la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado el 15 de marzo último: «El Uruguay ha votado respecto de Cuba, en distintas oportunidades de manera diversa. A veces lo ha hecho por la condena, otras por la abstención, y algunas en forma negativa por el proyecto de cuestionamiento a Cuba». Es decir, el canciller está diciendo que Uruguay ha votado de las tres maneras posibles, y que alguna vez incluso lo ha hecho en contra del proyecto de resolución. La historia del voto uruguayo en relación a Cuba es la siguiente: ha habido seis votaciones en la Asamblea General hasta 1997, el mismo proyecto que se discutía en Ginebra, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996 y 1997. De esas seis, Uruguay votó cinco veces contra Cuba y una vez se abstuvo. En la Comisión de Derechos Humanos, Uruguay ha sido miembro en siete ocasiones (1992, 1993,1994, 1997, 1998, 1999 y 2001). De esas siete, Uruguay votó seis veces contra Cuba y se abstuvo en una oportunidad. Por lo tanto, el resumen total es que Uruguay ha participado en la votación de proyectos de resolución de condena a Cuba en materia de derechos humanos en trece ocasiones: en dos ocasiones se abstuvo, y ha votado contra Cuba once veces. Si eso no es una política coherente contra Cuba en materia de derechos humanos no sé qué cosa lo es. Y por supuesto no hay de ninguna manera ningún voto que haya cuestionado esas resoluciones.
La otra cosa que me gustaría constatar con relación al voto uruguayo, es que también ha sido coherente en cuanto a una política histórica del Uruguay que está direccionada a no apoyar ningún proyecto de resolución en la Comisión de Derechos Humanos que condene a un país con el cual Uruguay tiene relaciones diplomáticas normales. Hay que decir que eso Uruguay lo ha cumplido al pie de la letra, excepto con Cuba. Esa posición se repitió ahora en 2001. En la Comisión de Derechos Humanos de este año, había proyectos de resolución contra cuatro países con los cuales Uruguay mantiene relaciones normales. Sólo en el caso de Cuba, Uruguay votó a favor de la resolución.
–Contra Israel Uruguay votó dos resoluciones de condena y en otras dos se abstuvo.
–Israel fue objeto de cuatro proyectos de resolución. En esos cuatro proyectos hay dos proyectos catalogados en medios de la propia comisión como «proyectos suaves» o sea que le pedían a Israel que cesaran los asentamientos de colonos israelitas en territorios ocupados de palestinas, y el otro se refería al tema de la libertad religiosa en los territorios ocupados por Israel. En esos dos proyectos, Uruguay votó a favor. Sin embargo, en los otros dos proyectos, uno con un tono más fuerte que fue aprobado finalmente condena las torturas contra palestinos así como el uso desproporcionado y ciego de la fuerza. En ese proyecto, Uruguay se abstuvo. En el siguiente proyecto, que reconoce el sufrimiento de los ciudadanos sirios causados por las violaciones de sus derechos a raíz de la ocupación israelí en la meseta del Golán, también Uruguay se abstuvo.
O sea que en el caso de Israel, Uruguay cumplió con la tradición histórica de no acompañar proyectos de resolución a países con los cuales mantiene relaciones diplomáticas, absteniéndose en los dos más contundentes contra Israel.
De modo que el único país contra el cual Uruguay ha votado sistemáticamente es Cuba.
–Desde el gobierno cubano se ha insistido en el tema de la presión diplomática ejercida por Estados Unidos sobre América Latina. ¿Para usted el voto de Uruguay es consecuenc
ia de presiones o chantajes, como se ha expresado?
–Yo no voy a incursionar en ese terreno. No voy a emitir juicios de valor sobre el origen del voto de Uruguay. Estoy simplemente constatando hechos. Y esa constatación de hechos indica claramente que Uruguay tiene una política definida contra Cuba en materia de derechos humanos.
–¿Cómo observa Cuba el manejo del tema del bloqueo en esta oportunidad?
–Sobre esto voy a referirme a lo que el canciller uruguayo dijo en su reunión del 15 de marzo en el Parlamento: «En esa estrategia la República Checa ha decidido introducir en el proyecto de resolución, una condena al embargo económico que pesa sobre Cuba impuesto por los Estados Unidos. Quiere decir que en el mismo proyecto se abarca el tema del embargo y el tema de los derechos humanos. Desearía señalar dijo el canciller con mucha claridad a la comisión que para el Uruguay los dos temas son absolutamente diversos, autónomos y nos producen por lo tanto, respuestas válidas per se. Se puede estar en contra o a favor del bloqueo, se puede estar en contra o a favor de la observancia de los derechos humanos en Cuba, sin que se crucen estos dos ejes, por cuanto son temas de naturaleza distinta. De manera que tenemos ahí instalada una dialéctica un tanto compleja que nos hace pensar en la inconveniencia de un proyecto aglutinante sobre estos temas. Creemos que es necesario mantener una separación clara entre ambos». Sin embargo, el comunicado de la Cancillería uruguaya dice en su punto segundo: «Uruguay votará afirmativamente el proyecto de resolución relativo a la situación de los derechos humanos en Cuba, atento al hecho de no haberse verificado desde el 1999, (período en que Uruguay votara del mismo modo que el presente hasta el actual período de sesiones de la Comisión) una evolución positiva y de la mejoría de dicha situación que pudiera justificar una modificación de la posición del gobierno de la República en el ámbito de la Comisión. El punto tercero dice que igualmente Uruguay reitera una vez más en esta oportunidad su total desacuerdo con la imposición unilateral de sanciones económicas a Cuba». Evidentemente, acá hay una contradicción flagrante; el canciller desecha la alternativa de que el bloqueo sea incluido en el proyecto de resolución e incluso indica que ambos temas deben ser abordados separadamente, habla de una separación clara entre ambos, y sin embargo, la Cancillería cuando anuncia cuál va a ser el voto, introduce una referencia al bloqueo. Esto sobrepasa mi capacidad de entender el tema, no entiendo cuál es el propósito de mezclar ambas cosas.
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