Una condena con motivos comerciales
El senador por el EP-FA Enrique Rubio denunció el error cometido por el gobierno uruguayo en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, al votar a favor de la condena de Cuba. Afirmó: «Nuestro país no ha tenido una política de principios», pues de haberla tenido habría condenado las violaciones de DDHH en todos los lugares donde se dan.
A su juicio, «Uruguay ha tenido una política de conveniencia» y no mide con la misma vara según sean países «chicos y débiles o grandes y fuertes», pues no condenó casos como los de China e Irán por intereses económicos, «porque les vende mucho». En otros países, dijo el legislador frentista se habla de «homicidios, desapariciones, enterramientos vivos y genocidios», los que no fueron condenados por nuestro país. A modo de ejemplo, el senador Rubio explicó que nuestro gobierno no estaba de acuerdo con el juicio iniciado al dictador chileno Augusto Pinichet.
A esta posición, de repudiar el voto de condena uruguayo, se sumó el senador por el Nuevo Espacio, Rafael Michelini, quien dijo que al gobierno le «faltó coraje» para no promover la condena a la isla, tal como se presentó. Michelini dijo que Uruguay tendría que haber votado la moción de la República Checa inicial, en la que se condenaba con la misma fuerza el bloqueo comercial a Cuba, y «no se animó». No es conveniente que el gobierno adopte una política de «aislamiento» al régimen de Fidel Castro, dijo Michelini.
Por su parte, los legisladores, integrantes de la coalición de gobierno Luis Alberto Heber y Washington Abdala, por el Partido Nacional y Colorado, respectivamente, defendieron la resolución adoptada por el gobierno de Batlle: «No hay derechos humanos en Cuba respetados y garantizados por las leyes, por el sistema y por el régimen» aunque se traten de «justificar» por logros en áreas de la educación y salud.
Heber dijo que no es lo mismo «condenar la libertad comercial» que condenar «el régimen que está sojuzgando al pueblo cubano». Además agregó que la responsabilidad de que no haya garantías y libertades en Cuba «no es culpa del bloqueo norteamericano», sino del régimen impuesto por Castro. Por su parte, Abdala le respondió a Michelini: «Plantearle al mundo la exigencia por los derechos humanos es tener coraje», y explicó que, a su entender, «una vez desaparecido Fidel», Cuba «entraría inevitablemente en un proceso de apertura».
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