La escondida, voces raras y otra galaxia
José Pedro Montero, el secretario de Diputados de quien ayer relaté, con la piedad que merecía, el accidente que sufrió en sala, parece haber interpretado el comentario como un castigo. De otro modo no se explica que haya cambiado su asiento habitual, evitando mirarme. ¿Jugaba a las escondidas, el pillín? ¿O lo acosaba culpa por su tacañería con los cafés? ¡Vamos! La vida compensa. Ahí nomás, a su lado, está Dalgalarrondo, que jamás supo qué es tener un cocodrilo en el bolsillo.
En fin. Luego hubo dos verbosidades imposibles de ecualizar.
Primero, Aníbal Pereyra (Frente Amplio) redundó con la necesidad de profundizar la descentralización; al hablar me hizo acordar a un cantor al que llamaban «El goloso»: no sacaba la voz, se la tragaba. Más tarde, Verónica Alonso en plena sesión, concluida la media hora previa usó tanto el do de pecho que el micrófono se arrugó y temblaron los vitrales. ¿Qué le pasaba a esta muchacha?
Marcos Pérez (Partido Nacional), leyendo a trompicones pero con la moral de 1950, aludió a la situación de alumnos del Interior que deben concluir sus estudios en Montevideo. Se indignó por una desigualdad que provoca, a veces, la frustración y la vuelta a casa con la cabecita gacha y el fracaso.
Cecilia Eguiluz (Partido Colorado) insistió con otra inequidad. Pueblos de la zona rural a los que no llegan los canales uruguayos de televisión: hay un proceso de sustitución cultural y los niños ya no saben si son uruguayos, argentinos o brasileños. Gerardo Amarilla (Partido Nacional) pidió protección para una zona de Rivera de gran diversidad biológica, al punto que tiene una colonia de palmeras única en el país. Cerró Javier García (Partido Nacional). Recordó que por orden de Chávez hay en Venezuela una jueza en prisión. ¿La razón? Al hombre que siempre ríe en las fotos no le cayó bien una sentencia. Ah, Walter De León (Frente Amplio) me dejó la idea, por su rostro soñador, ausente, desplomado, pase lo que pase alrededor, de que siempre está en otra parte.
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