Se aprobó la ley de urgencia carcelaria
Tras dos días de debate, Diputados aprobó por unanimidad la ley de urgencia carcelaria. Provisoriamente, los presos irán a los cuarteles, se construirán nuevos establecimientos penitenciarios y se remodelarán los ya existentes. Casi 300 millones de pesos invertirá el Estado en el marco de esta ley.
Dicen que las segundas partes no son buenas. Esta rama legislativa demostró que eso es verdad. Acusaciones, picardías y zancadillas condimentaron una sesión de cuatro horas de duración.
Dos días se tomó Diputados para debatir y darle media sanción al proyecto de urgencia carcelaria que ahora lo ultimará el Senado. Comenzó su análisis el martes y lo terminó ayer.
Este proyecto de ley es el primero que nace de los acuerdos interpartidarios promovidos desde la propia Presidencia de la República y eso hacía prever un rápido pasaje parlamentario. Error. La oposición, particularmente los blancos hicieron un despliegue de acusaciones hacia la política que desarrolla la izquierda con respecto a la seguridad y el sistema carcelario que hasta palidecieron los viejos debates parlamentarios de la segunda mitad de la década de los 80.
Dardo Casas, diputado herrerista por San José, suplente, sobrino del titular Alberto Casas, tuvo ayer su momento. Ajeno este legislador a la atmósfera de concordia que se respira entre oficialismo y oposición, tiró en la sesión que el gobierno se había equivocado en designar a Eduardo Bonomi como ministro «por su pasado violento», reiterando algo que alguien ya había dejado correr en la pasada campaña electoral: un asesinato de un policía y por la espalda en los años de acción del MLN, supuestamente perpetrado por el hoy ministro de Interior.
«Yo no quise atacar la moral del ministro se confesó luego ante este diario el joven legislador pero quizá hablé algo caliente. En realidad quise decir que el gobierno debería medir mejor a quien elige para los cargos en los ministerios porque éstos tienen que tener un limpio historial». El joven acaba de comprarse un lindo problema, comentó por lo bajo un ujier.
Apurémonos a aclarar que las palabras de Casas no fueron acompañadas por ningún otro legislador.
En otro tono, el también herrerista Pablo Abdala acusó al gobierno de mentir cuando se dijo que en el pasado gobierno de Vázquez se construyeron 2.200 plazas carcelarias y se invirtieron 300 millones de pesos en esa área. Más rápido que ligero, el socialista Gustavo Bernini le respondió que las 2.200 plazas no eran nuevas «sino que se reconstruyeron celdarios porque estaban inhabitables». Punto final.
Otra herrerista más, la virtuosa Verónica Alonso que nos hizo creer a todos que estaba improvisando un certero discurso cuando en realidad lo leyó íntegramente en su notebook, introdujo durísimos conceptos del pasado gobierno. «El tema carcelario lo dejaron de lado» o «Vázquez fue incapaz de resolver un solo tema vinculado a la seguridad», o este otro: «La izquierda no entiende la seguridad porque rechaza la represión».
Un herrerista más, José Carlos Cardozo en su español rochense, trajo a sala una anécdota del ex presidente Richard Nixon, «un recalcitrante» dijo, para ilustrar lo que a su entender pasa en los gobiernos del FA. «La izquierda siempre combatió la represión y ahora presenta una ley que parece escrita por nosotros. Le ganamos la cabeza a la izquierda. Eso es paradoja política, es el efecto Nixon», ilustró.
Al final y pese al fuego de artillería dialéctica, el proyecto se aprobó por unanimidad: 80 votos en 80 legisladores presentes.
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