Manuela, con rienda

Blancos en primera fila

Llegaron temprano y durante largo rato estuvieron de pie, ubicados bien adelante, en primera fila, como para que no haya dudas de su asistencia. Cuatro reconocidas figuras del Partido Nacional estuvieron antes y durante el acto oficial del PIT­CNT. Pablo Abdala, Alvaro Delgado, Luis Alberto Heber y el ex senador Julio Lara (que siempre concurre) eran algunos de los representantes de la oposición política en medio de ministros, legisladores, subsecretarios y personal de confianza del gobierno. Después hablarían a los periodistas, señalando coincidencias y discrepancias con el contenido de los discursos. Del Partido Colorado sólo se pudo ver a Diego Fau. Del Partido Independiente, ninguno. Quiso la casuística que los cuatro nacionalistas quedaran sentados en la primera fila y a la derecha de la senadora Lucía Topolansky, que a su vez estaba a la derecha del presidente José Mujica. En su momento y sin exclusiones, todos los representantes políticos aplaudieron de pie al dirigente del Sunca Oscar Andrade, el primero en hacer uso de la palabra en los dos discursos del acto de los trabajadores. Esta actitud de aprobación llevó a que Manuela, la perra oficial de la pareja presidencial que también estuvo en el acto, se viera obligada y en forma trabajosa a sostenerse por algunos minutos en sus tres patas útiles. El Presidente, dueño y señor de la mascota, jamás la soltó de su flamante rienda atada a su cuello, un adminículo al que aparentemente Manuela no está acostumbrada a llevar. Pese a todo, Mujica, que siguió atentamente cada discurso, no privó de mimos a Manuela. Incluso, por momentos parecía que hasta conversaban. En silencio, claro, pero indudablemente algo intercambiaban. Por ejemplo, en ocasiones, Manuela debía elevarse para acercarse a los ojos del Presidente con el fin de sentir mejor lo que los ojos de su amo le decían. A veces era él el que debía agacharse porque se sabe que el prosear, cuando es con respeto mutuo, demanda entrega y desprendimiento. Claro, Mujica sabe de prosa. Basta con recordar aquello de que con un poco de paciencia y acercándolas al oído, se puede escuchar a las hormigas gritar.

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