Misa en honor a Romero
Se celebró ayer en la Catedral Metropolitana una misa presidida por monseñor Cotugno, en honor de Oscar Arnulfo Romero, asesinado en El Salvador en 1980.
Vladimiro Villalta, embajador de El Salvador en Uruguay, aseguró a LA REPUBLICA: «La figura de monseñor Romero es la guía con la que contamos; ahora está más presente que antes en nuestro pueblo».
El diplomático afirmó que en Centroamérica y en el mundo es una figura importante.
«Romero es el profeta de la paz y la esperanza. Toda la sociedad está involucrada en seguir su ejemplo. Es el hombre que creó la nueva visión del hermano con el hermano y la hermana con la hermana».
El que fuera arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, «la voz de los sin voz», se sigue oyendo en El Salvador 30 años después de su asesinato, que lo convirtió en símbolo de una nueva Iglesia con opción preferencial por los pobres.
Acerca de la investigación sobre el asesinato del padre dijo: «En este momento el gobierno está insistiendo en dar cumplimiento a lo establecido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Se ha continuado con la investigación y el hoy presidente ha pedido perdón a la nación por el hecho que se cometió en aquel entonces», dijo el embajador.
El presidente salvadoreño, Mauricio Funes, pidió perdón en nombre del Estado por el asesinato de Romero. «En mi calidad de presidente de la República pido perdón en nombre del Estado salvadoreño por ese magnicidio perpetrado hace 30 años», señaló Funes en un acto en el cual fue develado un mural en honor del arzobispo en las instalaciones del Aeropuerto Internacional El Salvador (44 kilómetros al sur de San Salvador).
Por su parte, el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, aseguró a LA REPUBLICA que Romero es una figura a imitar.
«Muchas veces en América Latina nos encontramos con situaciones similares donde para proclamar el evangelio de Cristo a veces se corre el riesgo de llegar a renunciar a la propia vida».
Romero fue asesinado de un certero disparo en el corazón por un francotirador cuando oficiaba misa en el hospital de cancerosos La Divina Providencia.
Cotugno indicó que la celebración fue realizada a solicitud de la Embajada de El Salvador en el marco de la conmemoración por los 30 años del asesinato.
«Yo me adherí con muchísimo gusto porque monseñor Romero, como dije en la homilía, se entregó hasta dar la sangre por sus hermanos. El señor lo tomó tan en serio que se lo llevó cuando estaba celebrando la eucaristía», señaló Cotugno.
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