Civilidad. Nuevo encuentro, 25 años después del desencuentro

Las mujeres de la democracia

Son dos mujeres, pequeñas por la toma televisiva, que bajan las escaleras de la explanada del Palacio Legislativo para enfrentarse al Cuerpo de Blandengues, que no lleva armas sino instrumentos de música y las banderas de la patria.

Los soldados me parece que son muchos, que las pueden aplastar. «Son demasiados», digo casi gritando, pero por suerte nadie me escucha. Una es Lucía, la otra Ivonne. Una es la senadora más votada, la otra es la presidenta de la Cámara de Diputados. Las dos progresistas y del Frente Amplio, con sus aciertos y sus errores en la mochila. Ambas soportando el viento, sintiendo en su cuerpo y alma el peso de la historia. Están allí, solas. Los soldados pasan y las miran con respeto. Lucía e Ivonne con los ojos emocionados.

Minutos antes, los nuevos legisladores habían prometido cumplir con la Constitución y la Ley, como hace 25 años, cuando aún no habían sido liberados todos los presos políticos y la Universidad no había recuperado su autonomía. Seregni y Jorge Batlle estaban proscriptos. Tampoco había sido legalizado el Partido Comunista, aunque sí había comunistas entre los legisladores.

Dentro del Palacio Legislativo, en las barras del Senado, el presidente electo José Mujica y el vicepresidente, Danilo Astori, fueron previamente destacados espectadores, con la sencillez republicana que los caracteriza, donde no pudieron ocultar hasta alguna risa.

También en las barras, la familia de Luis Alberto Lacalle aplaudiendo a rabiar, como si fuera la primera vez que el ex presidente ingresaba al Parlamento. Toda una señal de compromiso con las instituciones.

En la sala del Senado, a pocos metros uno de otro, Rafael Michelini y Pedro Bordaberry se miraban de reojo. ¡Vaya uno a saber qué pensaban!

Luego del desfile militar, vino el espectáculo musical, sólo empañado porque Televisión Nacional de Uruguay no pudo seguir con la transmisión después de las 21 horas. Fue así que Laura Canoura no fue vista por los televidentes. En esa jornada, los grandes canales de la televisión privada trasmitieron poco y nada. Total igual ellos facturan con democracia o sin democracia.

Momentos después de que el Flaco Ernesto Agazzi mostrara su elegancia de traje negro, mientras saludaba a la gente, que fue poca porque la estructura y la redes esta vez no convocaron, se vio por TNU que el Pepe puso una de sus manos sobre el hombro de Lucía.

«La doña que vine a saludar», dijo después.

En ese gesto no sólo saludó a su esposa, sino también a la «doña democracia». Es que en ese posar de su mano sobre el hombro de su compañera, la democracia había salvado un nuevo examen.

Quizás uno de los más importantes, quizás no tenga que ser el último. Que todo sea para bien. Lo será.

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