Ex diputado cerró, se llevó la llave y lo dejó sin despacho
La mayoría de los diputados entrantes tuvo problemas al ocupar sus nuevos despachos. Uno de ellos tuvo que montar su oficina en un pasillo, ocupando un sillón destinado a las visitas. Hasta ayer aún había mudanzas de legisladores que no habían sido reelectos. Si existe tal posibilidad, el lunes 15 de febrero fue el día «cero».
Ese día «cero» comenzó la nueva legislatura y su primer período. Todos los años que siguen los períodos iniciarán los 1º de marzo, día en que se levantará el receso. A partir del año que viene y hasta 2014 será así. La del lunes fue la inauguración, la fiesta propia de los legisladores que asumen y que quieren compartir ese orgullo con los demás. Familiares, correligionarios, secretarios. Es democrático. Si aquel, entonces, fue el día «cero», este miércoles 17 de enero fue el día «uno». El feriado del martes 16 de Carnaval no cuenta.
El día «uno» es cuando realmente comienza la labor. El Parlamento abre sus puertas, se encienden las luces y se habilitan los despachos.
Los que estrenan la condición de legisladores concurren a familiarizarse con el inmueble que los albergará durante los años por venir. Pero no para todos los legisladores el trámite es tan fácil ni todos tienen la misma suerte. Siempre hay que dejar lugar para imprevistos. El debutante diputado de 28 años por Montevideo de Vamos Uruguay, Juan Manuel Garino, era, hasta ayer, el representante sin oficina de esta 47ª legislatura.
Ayer, el día «uno», el joven diputado llegó temprano al Palacio acompañado de su secretaria para comenzar a establecerse. Pero ni él ni ella imaginaban que a la vuelta de la esquina había malas noticias. Cuando arribó debió montar su oficina en los pasillos del cuarto piso del edificio anexo, en un sillón, porque el antiguo legislador que ocupaba el despacho que en esta legislatura le tocó a Garino se fue y se llevó la llave. Apagó la luz, cerró y se fue. Y encima dejó como estampadas en las ventanas del despacho afiches gigantes del Partido Socialista, sector al que pertenecía. «La verdad que no me identifico con esos afiches», aclaró en obviedad Garino, y agregó: «Yo me pregunto: ¿La gente no lee los diarios? ¿No saben que el 15 de febrero otros serán los diputados que vamos a necesitar los despachos?», se lamentó ante este cronista el afectado diputado colorado que, por lo expuesto, no comenzó con un buen pie. Las horas pasaban y hasta entrada la tarde Garino y su secretaria seguían sentados uno al lado del otro en un pero eso sí mullido sillón, atendiendo llamadas en sus celulares y hasta, quizá, concediendo entrevistas que si los astros lo acompañan se realizarán en un despacho como la gente, al amparo de miradas y con el debido resguardo. Y mientras el diputado y la secretaria esperaban sentados en un sillón a alguien que les abriera la puerta y habilitara su oficina, en otros lugares la cosa no era tan diferente. Cajones de escritorios que no abren, llaves que no encienden luces, cortinas que no corren, ascensores que no suben ni bajan, acondicionadores de aire sin acondicionar y ventanas que no ventilan eran algunos de los problemas mundanos que los flamantes legisladores tuvieron en el día «uno» ante sus narices. En el piso tercero, donde se agrupan los nacionalistas, la mayoría de las oficinas estaba cerrada.
La mayoría es del Interior y la actividad, para ellos, parecería empezar la semana entrante. En el primer piso, donde están los legisladores frentistas, hay una mesa de saldos. Alguien la instaló allí a la vista de todos conteniendo una montaña de papeles, aparentemente inútiles, y libros del mismo tenor. Los libros son de auditorías contables de empresas públicas de años pasados y cosas así.
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