Treinta promesas y una jornada histórica
Pero en fin, este tipo de reflexión ya es común en el Uruguay. Lo cierto es que el lunes 15 será un hito que la historia ha de registrar.
Por primera vez una mujer preside el Senado al tiempo que otra mujer Ivonne Passada es la presidenta de la cámara Baja, y ambas presidieron la ceremonia en la que el Batallón Florida homenajeó a los representantes del pueblo mediante una lucida parada militar al son de acordes marciales.
Desde tempranas horas un nutrido grupo de camarógrafos, fotógrafos y cronistas se hallaba apostado a la entrada del Senado aguardando la llegada de los protagonistas. Poco a poco fueron arribando Larrañaga, Mónica Xavier, Penadés, Rodolfo Nin, muchos de ellos acompañados de familiares y amigos; hasta que minutos antes de las cinco se apeó de su automóvil el Presidente electo, José Mujica, quien expresó que su presencia se debía al propósito de «acompañar a la doña». Como es habitual, decenas, tal vez cientos lo aguardaban: firmó autógrafos y se fotografió con niños, mujeres, hombres, familias.
Apenas cinco minutos pasadas las cinco, Lucía, que ya se hallaba instalada en el sillón presidencial del Senado y lucía un elegante conjunto de pantalón y chaqueta color mostaza, anunció que quedaba abierta la sesión luego de hacer oír la campana.
Hubo la infaltable lectura de asuntos entrados, luego de la cual la flamante presidenta del cuerpo procedió a cumplir el artículo 13 del reglamento, trámite que sufrió una modificación trascendente debida a la iniciativa del doctor Sanguinetti: los legisladores ya no prestan juramento (un resabio de connotaciones religiosas) sino que prometen desempeñar su cargo de acuerdo con la Constitución.
Las barras estaban colmadas de público entusiasta compuesto por familiares, amigos, correligionarios. Allí estaban los integrantes de la fórmula electa junto a otras autoridades entrantes y salientes; y al lado de Julia Pou y de Pilar Lacalle se había instalado nuestro colaborador, el polémico convencional blanco Leopoldo Amondarain, cuyos artículos despiertan acerbas críticas de muchos de nuestros lectores.
Uno por uno y por orden alfabético Lucía fue nombrando a los 29 senadores efectuando la pregunta de rigor a la que todos, sin excepción, respondieron afirmativamente. También, bueno sería que alguno hubiera espetado «no prometo nada, ¡qué joder!».
Desde sus poltronas, cada uno cumplió con su obligación, luego de lo cual era efusivamente saludado, palmeado y besado por sus pares más próximos.
El doctor Lacalle fue el único que dio un toque de mayor solemnidad al acto al poner su mano derecha sobre el corazón al momento de decir «Sí, prometo».
Lucía fue muy sobria en todo momento, pero hizo un distingo: después de tomar la promesa a cada uno de sus correligionarios, expresaba «Felicitaciones, compañero»; en cambio, a los senadores blancos y colorados les deseaba «Felicitaciones y buen trabajo».
Cuando le tocó el turno a Constanza Moreira (muy elegante, con su enrulada cabellera y vistiendo falda clara y blusa azul), Lucía no sólo la felicitó y la llamó compañera, sino que además, le agradeció.
Completadas las promesas de los 29 senadores, Lucía debió pedir al segundo titular de la lista más votada (la 609, obviamente), don Eduardo Bonomi, que la reemplazara en la presidencia y le tomara la promesa.
Así se hizo, y el popular «Bicho» fue el encargado de tomar la promesa a la presidenta.
La interpeló llamándola compañera y, luego de que Lucía prometiera desempeñar su cargo de acuerdo con la Constitución y guardar secreto cuando el Cuerpo así lo dispusiera, Bonomi expresó «Felicitaciones y vamo’ arriba».
A las cinco y media se levantó la sesión mientras la de Diputados aún continuaba ya que cada representante fundamentaba su voto favorable a Ivonne Passada para presidir la Cámara.
Al término de la sesión del Senado, otra vez cronistas, camarógrafos y fotógrafos se apilaron frente a la Sala Juan Andrés Ramírez para esperar la salida de los flamantes senadores y proceder a breves notas.
Como era de esperar, fue Lucía la más acosada, y respondió con su sencillez y su cordialidad habituales a los requerimientos de la prensa.
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