La columna de Sherlock

Se viene Chávez

–Se viene, se viene, le dijo a Sherlock un alto diplomático europeo, mientras conpartían unas copas y canapés con caviar, en territorio neutral.

–Que se venga cualquier cosa menos la devaluación en la Argentina, porque aún debo tres cuotas de la tostadora, dos del video, una de la compuadora, tres de la heladera, cuatro de los cuadernos del nieto, dos en el boliche, todas en dólares, dijo el investigador, mientras ponía cara de culpable.

–No, estimado amigo. El que se viene, antes de fines de julio, es el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

–¿Nuestro socio para Ancap?

–Sí, señor. Y parece ser que es el que tiene más posibilidades, poque Venezuela no sólo tiene el crudo sino también experiencia en la distribución de combustibles, ya desarrrollada en Europa.

–Interesante…

–También viene para otra cosa…

–No me diga que viene a pelearse con Danilo Arbilla por los líos que tiene con la SIP.

–No, nada de eso, aunque después uno no sabe qué puede pasar. Viene a preguntarle al presidente Jorge Batlle cómo va la invetigación por lo de Elena Quinteros.

Si es así, habrá que sacar entrada para la primera fila, dijo Sherlock.

–Mire que los dos son tigres y quién le dice que la cosa ya no esté conversada, ¿no? –señaló el diplomático, acompañando sus palabras con una mueca que se pareció a un guiñada.

Sherlock se limtió a mirarlo seriamente.

 

La política y la herencia

El sabueso se encontró el pasado sábado, en el Parque de Los Aliados, con uno de esos viejos colegas que andan con la libretita, apuntando y apuntando.

–¿Sabe que estuve por el Senado? —dijo el periodista.

–Yo voy tres veces por semana –respondió Sherlock con su tradicional simpatía.

–Pero no estuvo en la Comisión de Defensa, cuando fue el general Peter Pace, comandante en jefe del Comando Sur de los Estados Unidos de América.

No, no estuve.

–Entonces escuche. Antes de ponerse serios, el senador Yamandú Fau le contó un poco el currículuman del presidente Batlle. Luego el quincista Juan Adolfo Singer le recordó que su bisabuelo el general Lorenzo Batlle, que su tío abuelo José Batlle y Ordóñez y que su padre, Luis Batlle Berres, ya habían sido presidentes. A lo que José Korzeniak le agregó con cierta picardía: «En todos los casos, han ocupado ese cargo por elección popular, ya que somos una república y no una monarquía».

–Y el gringo ¿qué dijo?

–Más rápido que Roy Rogers con la pistola, el general le tiró a la cara: «Lo comprendo perfectamente, ya que en nuestro país hemos tenido un presidente Bush y, actualmente, tenemos otro».

–Más rápido que Paco Casal a la hora de las contrataciones, agregó Sherlock, para compartir la feliz ocurrencia del gringo.

 

De pintor a exportador

–¿Vio la exposición de Carlos Palleiro en el atrio municipal? –preguntó Sherlock a un viejo pintor de cuadros.

Me di una vuelta y realmente vale la pena, pero creo que resultó muy cara.

¿No me diga que le cobraron entrada?

–Nada de eso. Al que le resultó muy cara fue a Palleiro.

–Largue y no ande con vueltas…

–Me contó un pajarito y no una paloma-puño que el embajador uruguayo Samuel Lichtensztejn le dio cero bola.

No le gustará el diseño gráfico.

–Puede ser. Pero el asunto es que el embajador, que fue ministro de Educación y Cultura en nuestro país y que también estuvo exiliado en México, no hizo ninguna gestión para que la exposición saliera del Distrito Federal y llegara hasta el atrio del Palacio de Ladrillo.

–¿Y?

–Que Palleiro tuvo que sacar permiso de exportador, pagó el traslado de la exposición –una buena suma en dólares– y que ahora se puso a pensar cómo hace para llevársela.

–Cosa de Mandinga, ¿no?

–Cosas veredes, mejor dicho.

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