No son moco de pavo
El Partido Nacional está dispuesto a dar una gran batalla en las próximas elecciones municipales de mayo, incluso en el departamento de Montevideo, que desde el retorno de la democracia le ha sido esquivo.
Sus dirigentes saben que no es tarea sencilla ganarle al Frente Amplio, que desde 1990 gobierna el departamento más poblado del país. Si bien la izquierda sufre el desgaste de haber gobernado 20 años, en las elecciones del pasado año primera vuelta y balotaje quedó demostrado que el frenteamplismo tiene un fuerte arraigo en Montevideo y que no es fácil torcerle el brazo, incluso en los barrios más coquetos.
En estas elecciones montevideanas el Partido Nacional juega, además, en otros dos escenarios. Por un lado tiene el desafío de volver a dejar al Partido Colorado en tercera posición y resolver una interna tensa, donde Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga compiten por el liderazgo de esa colectividad política. Más cuando todos saben que hasta las próximas elecciones internas de los partidos políticos, no habrá una nueva consulta a la ciudadanía blanca.
Luego que Larrañaga pateara el tablero y propusiera la candidatura del economista Javier de Haedo en la prensa, cosa que hasta ,la fecha no hizo en el Directorio del Partido Nacional, Lacalle no perdió el tiempo y sin que le temblara un solo músculo lanzó la candidatura de Ana Lía Piñeyrúa, que era el nombre que tenía previsto para presentar si había una candidatura única.
De confirmarse estas dos precandidaturas, que nos atrevemos a sostener que así será, el Frente Amplio tendrá que competir con dos candidatos que poseen una fuerte impronta montevideana, con un perfil social de Avenida Italia al sur, reconocidos por su inteligencia, cultura, capacidad de trabajo y por su posible influencia en las capas medias. Ambos presentan una gran duda: ¿Podrán penetrar en el electorado de los barrios periféricos de la capital?
Los dos aspirantes al principal sillón del palacio de ladrillo son, por cierto, pesos pesados modernos de la colectividad blanca, con mayor porte político que anteriores candidatos del Partido Nacional a la comuna de Montevideo.
Por su parte, el Partido Colorado, que se colocó en segundo lugar en las municipales de hace cinco años, no encuentra políticos de ese fuste para presentar, aunque ya hablan de una triple candidatura. Si bien hay una coincidencia generalizada de que el mejor candidato sería Pedro Bordaberry, este por el momento rechaza ese escenario de lucha, quizás porque teme hipotecar su futuro político para las próximas elecciones nacionales.
Bordaberry ha preferido un proceso de acumulación lenta, sin precipitaciones, quizás por aquello de que «el que se precipita, se precipita», tratando de consolidar una imagen tolerante que se ha propuesto construir para superar el estigma de ser el hijo del dictador Juan María Bordaberry.
Por el lado del Frente Amplio aún no hay nada definido, donde se aleja cada vez más la posibilidad de una candidatura única y se consolida el escenario de que Carlos Varela (Asamblea Uruguay) y Daniel Martínez (Partido Socialista) deban competir, en una situación inédita para la izquierda montevideana.
El FA ha mostrado a una dirigencia que mide más los intereses sectoriales, que los intereses de todo el Frente Amplio, porque de otra forma se estaría trabajando con firmeza por la candidatura única. Cosa que hasta ahora sólo lo han hecho el Partido Comunista y el MPP, pero no coinciden en el candidato.
Quizás en estas horas alguien en el Frente Amplio se dé cuenta que las candidaturas de Javier de Haedo y Ana Lía Piñeyrúa no son moco de pavo y que la izquierda debería alinearse detrás de un solo candidato. Pero si esto no fuera así, ya tendría que ir pensando como se van a elaborar escenarios comunes para que el frenteamplismo independiente el «sector» mayoritario del FA se sienta cómodo y recobre las prácticas militantes comunes, por dentro o por fuera de las estructuras.
La buena movida que han hecho los dos líderes del Partido Nacional con sus propuestas de candidaturas, pueden complicarle al FA las elecciones de mayo, que necesita ganar y por más del 50% en Montevideo. Cualquier otro resultado por debajo de ese porcentaje, incluso ganado, obligaría a la dirigencia del FA a poner las barbas en remojo con miras a 2014.
Si el FA se equivoca en Montevideo y también en Canelones cosa que no está descartada por el exceso de imaginación en materia de candidaturas, la izquierda uruguaya puede entrar en un proceso de pérdida de su caudal electoral que pondría en peligro las próximas elecciones nacionales.
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