"Yo gobernante, tu corporativista"
«Puede hablarse de corporaciones sindicales, corporaciones patronales, corporaciones profesionales, corporaciones académicas, corporaciones eclesiásticas y demás. Cada una de estas corporaciones trabaja con el objetivo de lograr beneficios propios, con escasa o nula consideración a las repercusiones que estos causen en otras personas», se lee en Contrapeso.info, en un artículo del profesor mexicano Eduardo García Gaspar.
Este perfil de las corporaciones está bien presente en distintos comportamientos que se manifiestan en nuestro país. Allí está el aumento del precio de la carne por parte de la Industria Frigorífica, tanto cuando baja el valor del dólar como cuando hay una fuerte demanda externa. Siempre sube, negando dicho irónicamente la ley de la gravedad.
Otra actitud similar es la de Adeom que, ante un problema laboral que era solucionable por el diálogo, suspendió la recolección de residuos en Montevideo un 30 de diciembre.
Ahora ¿cuándo un sindicato es corporativo o no? La respuesta no es sencilla, pero hay que intentar encontrar una explicación. Por ejemplo, la historia de la CNT y del PIT-CNT tiene bastante poco de gestos corporativos, aunque esto le moleste a El País y a la dirigencia de los partidos tradicionales. Y tiene poco porque la central de trabajadores posee un programa que contiene propuestas para un modelo de país, que se puede compartir o no. Pero lo tiene.
Para suerte del Uruguay hay una cultura sindical predominante que tiene una concepción política del cambio y que trabaja por construir soluciones para los problemas del país y de los asalariados, que pasa por la creación de un sistema de alianzas con otras clases y capas sociales.
Si nos vamos varios años atrás, por ejemplo a la década del 60, no vamos a encontrar el concepto de corporativismo en el lenguaje de la izquierda, lo que quizás haya sido un error. Pero es un error mucho mayor caricaturizar a todo planteo reivindicativo de corporativo.
Seamos sinceros: la acusación a determinados grupos humanos de ser corporativos, surgió en la izquierda desde que el Frente Amplio llegó al gobierno, debido a que en el sistema político oficialista surgieron carencias para incluir a esos grupos dentro del proyecto global del cambio progresista. Hubo momentos en estos cinco años, producto de algunos obstáculos encontrados para llevar adelante las iniciativas del gobierno, que casi todos desde la izquierda comenzamos a ponerle el mote de corporativista a todo aquel que presentara una discrepancia o una reivindicación no prevista por el menú del Frente Amplio.
Si se llegó a esta situación, como dije en la columna del pasado domingo, fue porque el Frente Amplio había «perdido capacidad de iniciativa y de propuesta, así como de militancia». La fuerza política no hizo el resumen en la cabeza de la gente (vieja terminología arismendiana) sobre lo que se estaba viviendo y cuáles eran los próximos pasos del proceso de cambio.
Esta carencia, por cierto, permitió a la derecha, a la ultraizquierda y a ciertos militantes «infantiles» del FA que se expresan en distintos sectores, a tratar de influir en el comportamiento de esos grupos humanos con el fin de agudizar las contradicciones del pueblo con el gobierno progresista.
En el caso concreto de la enseñanza, parece exagerado decir que se está ante una corporación vivita y desarrollándose. Lo que hubo fue ausencia de trabajo político política desde el Frente Amplio y exceso de ingenuidad al creer que sólo con abrirle las puertas a la democracia alcanza para tener éxito y avances. Recordemos que José Pedro Varela, el cuarto Pepe, presentó un proyecto político-educativo y pedagógico. No una receta de cómo enseñar.
En los próximos días el país entero deberá volver a encarar, como lo ha propuesto José Mujica, el presente y el futuro de nuestra enseñanza. Los distintos actores de la educación y las autoridades de gobierno, así como los padres y los alumnos, deberán encontrarse para establecer rumbos.
Es de esperar que esos encuentros se lleven adelante sin pre conceptos. No puede pasar que el diálogo sea de este tono: «Yo gobernante, tu corporativista» o «Yo docente, tu político». Si esto llegara a pasar cerrá y vamos. Para que no ocurra empecemos por eliminar la palabra «corporativismo» y sus derivados, porque nadie puede entenderse si de entrada te ponen un mote nada cariñoso, para la forma de ser del cuerpo educativo nacional.
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