Lev: "No le sobrarán los años de la vida para arrepentirse"

El diputado frenteamplista León Lev también reaccionó ante las afirmaciones presidenciales sobre Juan Gelman. El legislador envió a LA REPUBLICA una carta, donde recoge un poema de Gelman y afirma: «El doctor Julio M. Sanguinetti finalizando su período presidencial sin haber averiguado el destino del desaparecido ha perdido los estribos y en una lamentable declaración radial, de la cual no le sobrarán los años de vida para arrepentirse, ha hecho una terrible descarga de odio sobre el abuelo sufriente».

Lev también destaca que lo central es averiguar lo sucedido al bebé secuestrado por los represores y señala «el niño/a Gelman, no el abuelo Gelman, es la cuestión. Ser o no ser, esa es la cuestión, diría Hamlet. Desde el lugar más calcinado del ser humano, su memoria, brota esta exigencia de verdad. Desde el amor. Vale».

Transcribimos a continuación la carta de León Lev: «Cada momento de la historia tiene un punto de inflexión. El tema de los Derechos Humanos ocupa un lugar preferencial como asignatura pendiente para el Siglo XXI.

El caso Pinochet ha puesto una baliza histórica que no puede ser obviada.

Uruguay supo vivir momentos sombríos que no queremos volver a vivir, pero tampoco y mucho menos, olvidar.

Dentro de este capítulo que debemos asumir, racionalizar y solucionar, está el tema de los niños desaparecidos. Es un capítulo terrible que nada ni nadie podrá enterrar.

Desde hace largos meses viene ocupando a la opinión pública nacional e internacional, el caso del niño o niña, nieto o nieta, del poeta Juan Gelman. De esta llaga sufriente este intelectual destacado ha hecho una razón de vida.

Un compromiso o testamento a cumplir con su hijo asesinado y su nuera desaparecida.

El doctor Julio M. Sanguinetti finalizando su período presidencial, sin haber averiguado el destino del desaparecido, ha perdido los estribos y en una lamentable declaración radial, de la cual no le sobrarán los años de vida para arrepentirse, ha hecho una terrible descarga de odio sobre el abuelo sufriente.

El mismo, abuelo, que quiere profundamente a sus nietos.

Cuando la humanidad democrática repudia el ascenso del nazi Haider en Austria y convoca a una vigilia consciente frente al peligro renaciente, y no olvida las millones de víctimas del holocausto, el caso Gelman se inscribe en los espejos de la memoria.

En un libro de veintinueve poemas, con audacia y rigor poéticos, Juan Gelman, en dialecto judeo español (sefardí) y traducido al castellano moderno, escribió DIBAXU (debajo). Apenas un adverbio que señala el doble lugar de origen de la lírica: el amor y la lengua.

En el escolio a dicho libro el poeta anota:

«Soy de origen judío, pero no sefardí…

Pienso, sin embargo, que estos poemas sobre todo son la culminación o más bien el desemboque de Citas y Comentarios, dos libros que compuse en el exilio y cuyos textos dialogan con el castellano del Siglo XVI. Como si buscar el sustrato de ese castellano, sustrato a su vez del nuestro, hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua.

La sintaxis sefardí me devolvió un candor perdido y sus diminutivos, una ternura de otros tiempos que está viva y, por eso, llena de consuelo.

Quizás este libro sea una reflexión sobre el lenguaje desde su lugar más calcinado, la poesía.»

Del mismo extraigo:

no stan muridus los páxarus

di nuestrus bezus/

stan muridus lus bezus/

lus páxarus volan nil verdi sulvidar/

no están muertos los pájaros

de nuestros besos/

están muertos los besos/los pájaros vuelan en el verde olvidar/

pondrí mi spantu londji/

dibaxu dil pasadu/

qui arde

cayadu com’il sol

pondré mi espanto lejos/

debajo del pasado/

que arde

callado como el sol/

Por más que el poeta ponga su espanto lejos, debajo del pasado, arde callado como el sol.

¿Alguien puede pensar que deje de arder el sol?

El niño/a Gelman, no el abuelo Gelman, es la cuestión.

Ser o no ser, esa es la cuestión, diría Hamlet.

Desde el lugar más calcinado del ser humano, su memoria, brota esta exigencia de verdad. Desde el amor. Vale».

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