Apuntes para una nueva reforma electoral
Después de realizados los dos actos electorales en octubre y noviembre pasados, y vistos los resultados de los mismos, creemos que la dirigencia política de nuestro país debería analizar las leyes que desde 1996 modificaron las condiciones para elegir la fórmula presidencial. No nos caben dudas que el sistema de candidato único por partido político, la elección en forma directa por los ciudadanos de los candidatos a presidente en cada uno de ellos, e incluso la necesidad de que haya una segunda vuelta electoral mejoraron la claridad de la elección; la multiplicidad de candidatos por partido político permitía que el ciudadano electo tuviese poco más del veinte por ciento del total de votantes.
Por lo tanto, creemos que en lugar de exigir la mitad más un voto del total de votantes para ser electa en primera vuelta, debería ser suficiente que la fórmula presidencial tuviese mayoría sobre el total de votos emitidos y que si no se cumple esa condición, pero el partido obtiene la mayoría de 50 diputados y 16 senadores no se procediera a una segunda vuelta electoral.
Otra modificación necesaria es la que refiere a la obligatoriedad del voto para los ciudadanos que hayan cumplido 80 años, el que debería ser voluntario.
En muchos casos no es una enfermedad lo que priva a un ciudadano de concurrir a votar sino la escasa o nula movilidad que tiene en razón de su edad.
Los funcionarios y los miembros de la Junta Electoral son testigos de la cantidad de personas que con más de 80 y de 90 años concurren con gran esfuerzo a las oficinas electorales a justificar el no haber votado con la angustia de creer que perderán sus menguados ingresos si no lo hacen.
Los países que tienen voto obligatorio lo limitan a 75 u 80 años dejando a partir de esa edad la libertad de concurrir o no a votar.
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