Precisión. "No hay modelos", dijo y destacó "los cambios" comenzados por Tabaré Vázquez

Mujica planteó diez preguntas sobre la Reforma del Estado

«Tal vez por inercia histórica, los cambios son una enorme dificultad en la cultura de los orientales», afirmó Mujica. «Con un segundo gobierno de izquierda nos aprestamos a dar continuidad a un período en que Uruguay ha iniciado un conjunto de cambios», adelantó.

Mujica señaló a modo de ejemplo los cambios notables que hubo durante los últimos cinco años en algunas empresas públicas y la modernización que se instrumentó en la gestión de los trámites en el Banco de Previsión Social (BPS).

«El BPS ya no es lo que conocimos de muchachos, donde a veces se demoraba una década o dos para liquidar una jubilación y algunas empresas públicas han tenido cambios notables. Hay una experiencia hecha, aquí en el Uruguay, a veces poco difundida por nosotros mismos», reconoció.

El futuro presidente de los uruguayos argumentó contra quienes lo cuestionaron por ilustrar su pensamiento durante la campaña electoral con el desarrollo alcanzado por los países nórdicos y algunos otros países como Nueva Zelanda.

«No hay modelo. El modelo lo tenemos que construir entre todos. Pero no vamos a construir nada si no queremos cambiar, si nos ponemos a la retranca, si en cuanto hablan de cambiar, nos colocamos a la defensiva sin tratar de aportar y ver dónde tenemos que cambiar», advirtió.

«Hemos visto reacciones atribuyéndonos modelos que no tenemos y que se asustan porque hablamos con dos o tres neocelandeses. ¡Como si fuera pecado hablar con gente que ha hecho cosas, para saber lo que han hecho!», protestó el presidente electo.

En su audición radial emitida ayer por M24, Mujica explicó que es probable que los uruguayos hayamos generado una cultura de no arriesgar, hasta si se quiere un tanto rentista, pasiva, «Es posible que nuestro problema fuera cultural», afirmó.

«No cabe duda de que hay una construcción cultural que no ha contribuido con el crecimiento. Es como si nos hubiéramos conformado con constuir una sociedad bajo la consigna de ir tirando, con una formidable reacción al riesgo y al cambio y aferrándonos al statu quo cuasi permanente», señaló.

«Esta actitud de resistencia al cambio, cuando el mundo cambia aceleradamente delante de nuestras narices, tal vez está en el fondo de nuestro proverbial estancamiento», argumentó el presidente electo, para quien todo cambio importante tiene muchas facetas, pero no puede hacerse con un hálito represivo.

El presidente electo que asumirá el 1º de marzo se planteó ayer diez preguntas respecto al rumbo que debería tomar Uruguay para reformar su Estado y admitió que se trata de interrogantes «de muy difícil respuesta», pero reclamó a los uruguayos un sinceramiento ante sus propios defectos.

«No cabe duda de que nos tenemos que hacer estas preguntas y otras tantas. Una reforma importante no se hace ni en un día ni en un año ni en dos. Y seguramente que tiene aspectos técnicos, económicos, sociales, culturales, políticos, históricas y obviamente cuestiones de derecho normativo»,

«¿Tendremos que separar de la gestión la dirección política? No lo sabemos», dijo Mujica. «¿Tendremos que tener indicadores de gestión para poder medir políticas de incentivos? Estamos convencidos que sí porque hay que medir», agregó.

«¿Cómo debieran ser los ingresos y ascensos? ¿Por concurso? ¿Pero no habrá que controlar los concursos, no habrá que garantizar que sean puros? ¿Se necesita fiscalización independiente de los concursos?», inquirió también.

Luego se cuestionó: «¿Necesitamos políticas de formación permanente? ¿O seguimos a la que te criaste?. Las remuneraciones, ¿deben de estar acordes con el mundo privado?».

«¿Necesitamos consensos políticos, acuerdos?», planteó antes de preguntarse a sí mismo y a la audiencia: «¿Necesitamos que la población se de cuenta que el funcionamiento del Estado también es cosa de ella?».

Mujica subrayó que el próximo gobierno necesita profundizar los cambios iniciados por la actual administración e insistió en la necesidad de reformar el Estado. En caso contrario, «entraremos de vuelta en un ciclo de estancamiento y tendremos una volatilidad cíclica», resumió.

«¿Será cierto que el subdesarrollo está en nuestra cabeza? No lo sabemos. Pero es bueno empezar por decirnos que la culpa no es de los otros, los de afuera, porque las características del mundo son como son y difícilmente las podamos variar», subrayó.

No obstante, resaltó: «A nosotros ni se nos ocurre habilitar las soluciones que la cultura angolosajona haya generado para su medio. Lo que se nos ocurre es que no podemos seguir mintiéndonos a nosotros mismos; la administración pública es un compromiso con la Nación».

Mujica advirtió una vez más que ignorar nuestro medio corre el peligro de ignorar nuestra propia historia. «No debiéramos cometer esos errores. Mucho menos debiéramos proponernos trasplantar, así como así, modelos que pudieron haber dado resultado en otras partes».

«Tenemos, sí, que tener experiencia de lo que han hecho otros y embebernos de las dificultades que han tenido», alentó Mujica, quien reconoció haber agitado la necesidad de reformar el Estado para que la maquinaria pública genere más servicios con los mismos recursos, y favorezca más la vida de la gente.

En otra respuesta a sus detractores, Mujica sostuvo que en Uruguay lo único que hay es esta cultura de aferrarnos al estancamiento, y además puntualizó que hay zonas en la administración pública donde el esfuerzo tiene que ser mayor porque es aquí donde está el mayor estancamiento.

«Todo cambio tiene que dar resultados que sean visibles a la gente, en lo inmediato y hacia adelante, para que los cambios generen respeto, pero también la gente que entra a participar en los cambios de reforma tiene que tener el horizonte de poder vivir mejor».

«El año entrante nos va a tensar a todos con estos desafíos y veremos que no es escribiendo papeles, leyes sobran, el asunto es cómo las cumplimos Y veremos que las leyes no faltaron ni fallaron; somos los hombres los que hemos fallado. Nuestras culpas tienen siempre nuestros nombre y apellidos, nuestra pobre humanidad», concluyó.

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