"Le escribían los tupas, que no lo amenazaban"
«No estoy seguro de que la noche que pasó en lo de Laurita Mourâo haya sido la víspera de su asesinato. Pero fue en esos días. Con Laurita teníamos una relación familiar desde Uruguay», admite en Montevideo Gonzalo García Lagos, quien dejó la carrera diplomática hasta la asunción del presidente Julio María Sanguinetti, «que fue el que me destituyó», afirma. «En la casa de Laurita también recibimos a Strauch, Canessa y Zerbino, tres sobrevivientes de los Andes, cuando fueron a París para el estreno de una película sobre la tragedia. No fueron atendidos en la Embajada, porque la Fuerza Aérea estaba molesta con declaraciones que hicieron sobre la responsabilidad del piloto en el accidente…», recuerda.
García Lagos, quien fue dirigente de la Federación Rural, prestó su testimonio al periodista Sergio Israel para el libro «El enigma Trabal» (Trilce, 2002), pero en su relato sobre los últimos días de Trabal en París olvidó hacer referencia al episodio del refugio del militar en la casa de la diplomática brasileña.
«El coronel Trabal llegó a París sin ningún tipo de apoyo de la dictadura uruguaya. Vivió en una residencia de la misión diplomática uruguaya a la que le habían cortado la luz y tenían que iluminarse con velas. La casa había sido clausurada», cuenta el ex diplomático.
García Lagos explica: «Cuando lo mataron, hacía cuatro meses que no recibía su sueldo. Yo lo trasladaba en mi vehículo. Un día me di cuenta de la situación en la que vivían. Se sentaban en cajones de la mudanza. Yo le conseguí un televisor. Trabal siempre andaba con la pistola martillada», explica.
«Yo no tuve una buena relación inicial con Trabal. Tardamos en entrar en contacto y finalmente nos hicimos amigos. Entramos en contacto cuando yo hice sacar las cortinas de mi escritorio en la Embajada para que me vieran a mí y no me tiraran… Entonces temíamos a los sediciosos».
«Lo recibí muy mal porque sabía quién era, pero a medida que fuimos conviviendo comprendí que el milico venía con plomo en las alas. El ya sabía que lo iban a matar. Después de un mes a vela, me dijo que su mujer estaba desesperada y necesitaba encontrar un apartamento. Yo se lo conseguí en tres horas. Fui a ver a unas amigas y a las tres de la tarde lo había alquilado. A partir de eso comencé una relación y fue el único amigo que tuvo…», dice.
«Me leía cartas de los tupas»
«Trabal tenía una división grande con el Ejército, con aquellos que para él desvirtuaron lo de febrero del 73. Trabal seguía más bien la línea del Goyo Alvarez, pero mantenía contacto con los Tupamaros. Me leía cartas que le mandaban los Tupamaros. Las cartas de los tupas le hacían una radiografía del país, sobre cómo los militares se habían hecho del poder y lucraban. Ninguna carta lo amenazaba, le pintaban la situación de Uruguay».
«Yo tenía una relación fluida con Wilson Ferreira Aldunate y Trabal me pidió un contacto. El era de la línea peruanista del general Velasco Alvarado y se entusiasmó mucho con la revolución de los claveles en Portugal. Trabal había sido el motor y ejecutor de los comunicados de febrero. Había sido batllista de la Lista 15 y yo lo jodía porque soy blanco. El quería una reunión con Wilson y con Pacheco, que estaba de embajador en España, pero Wilson dijo que para Pacheco ya era tarde…»
García Lagos sostiene que el cuerpo diplomático uruguayo en Francia no se hizo cargo del asesinato de Trabal. «El embajador Jorge Barreiro era un pusilánime. Defendía más a los franceses que a los uruguayos. Le sacó a (el general) Reissig de las manos un bibliorato delante de mis ojos. El embajador se fue a la mierda. Mario Fernández, representante ante Unesco, me dijo que no tenía nada que ver, que me correspondía a mí como primer secretario».
«Después del atentado, dos o tres noches me rodearon la casa y me vigilaban. No dormí en mi casa. Decían que lo mataron los mismos que balearon al embajador español en Francia. El que estaba a cargo era el comisario Tabioli. Yo lacré la oficina, porque estaban esas famosas cartas. A Trabal le escribía mucha oficialidad joven, pero tenía relación con los tupas y ellos le metieron ideología», dijo a LA REPUBLICA el ex diplomático.
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