Explosión. La alegría, la emoción y la gente superaron todo lo planificado

Ansiedad, alegría y una multitud festejando

Centenares de periodistas, fotógrafos y camarógrafos nacionales y extranjeros quedaron estupefactos ante el grito atronador que provino de la multitud que atestó los canteros, las veredas y las dos sendas de la rambla de la Ciudad Vieja.

Los amplios ventanales del centro de alojamiento y convenciones dejaron ver el mar de banderas ondulantes que se había comenzado a congregar, ya con ánimo vencedor, incluso desde antes que los candidatos llegaran al lugar donde la dirigencia del Frente Amplio aguardaría los resultados.

Mayor fue aún la confusión cuando Mujica y Astori irrumpieron a la misma hora en la sala donde esperaba la dirigencia frentista, incluido su presidente Jorge Brovetto, en un salón sobre la calle Reconquista. Veloces corridas escaleras arriba protagonizaron los periodistas.

Imposible fue todo diálogo, toda entrevista y cualquier conversación. La fórmula presidencial quedó sumida en un enjambre de fotógrafos y camarógrafos. Junto a Mujica estaba su esposa, la senadora Lucía Topolansky, acompañando a Astori estaba su esposa, Claudia Hugo.

Quince minutos después comenzaron las versiones. La primera de ellas fue que habría una conferencia de prensa. Segunda corrida de periodistas, esta vez escaleras abajo, para atravesar la antesala sobre la rambla para dirigirse hacia la sala de prensa.

La conferencia nunca se concretó. La versión, esta vez ligeramente incorrecta, era que el presidente Tabaré Vázquez estaba por arribar al hotel para saludar a la fórmula ganadora. Todavía faltaba para que llegara, pero los periodistas se abalanzaron por tercera vez hacia el hall de entrada.

A las 20.53, los candidatos y sus esposas estaban con Brovetto en un pequeño pasillo, detrás de los ascensores principales, por donde descendieron desde el piso sobre Reconquista hasta el hall que se abre sobre la rambla.

Fue en ese preciso instante que una llamada telefónica captó toda la atención del presidente electo José Mujica: era su contrincante, Luis Lacalle, que lo llamaba desde su local, en Avenida 18 de Julio, para reconocer la derrota del bloque opositor.

La existencia de la llamada telefónica fue revelada por el propio Lacalle, a las 20.58, cuando comenzó a dirigirse a sus desilusionados partidarios. La oratoria de Lacalle, propalada por los canales de televisión, recibió una rechifla que duró justo hasta que admitió en público que había fracasado en su intento.

Un minuto después, los dos pisos, ambos atiborrados de gente, parecieron estallar: es que había ingresado el presidente Vázquez. A un lado quedaron los monitores con las señales de los canales de televisión, que a esa altura, ya nadie miraba.

Vázquez, Mujica y Astori se fundieron en sucesivos abrazos. Brovetto estaba entre ellos. Luego, uno a uno se fueron acercando los principales dirigentes de la izquierda. Pocos de ellos hicieron un breve esfuerzo por ocultar la emoción del momento.

Transcurrieron después otros 5 minutos y el orador dio por comenzado al acto central sobre un portentoso estrado instalado sobre la rambla. La muchedumbre ya la ocupaba, y lucía las emblemáticas banderas rojas, azules y blancas.

El jingle del Pepe, la canción que Mujica utilizó para la campaña interna, comenzó a ser difundida de un modo incesante. De cántico sectorial había pasado a ser patrimonio de toda una porción de pueblo. Aprontá tu Corazón, el jingle de la fórmula, también sumó alegría.

La muchedumbre estaba eufórica. Ni la lluvia que comenzó a caer a las 21.10 logró enfriar los corazones. Dirigentes frentistas y jerarcas de gobierno dejaron el hotel y caminaron a través de la multitud, protegidos por un doble vallado metálico y una doble fila de custodias.

Sin que nadie lo hubiera previsto ni programado, el pueblo frentista que se había reunido junto a sus candidatos electos comenzó a cantar A Don José. La emotividad del gentío se percibía a flor de piel. Ojos llorosos. Lágrimas de alegría. Estallido de emociones contenidas durante meses.

Ni siquiera el temporal que azotó el sur de la ciudad sobre las 21.30 logró que la muchedumbre se diera por satisfecha en su afán de festejar. Ya habían hablado Mujica y Astori. Pero la gente seguía el festejo. Fue recién cuando empezaron a volar por los aires banderas y estandartes que Mujica decidió despedir a la multitud. El acto culminó con fuegos de artificio. Diversas vallas metálicas de seguridad cayeron al piso. Los dirigentes emprendieron su regreso al hotel. La gente siguió, apasionada y vibrante, cantando el jingle del Pepe. La fiesta siguió por 18 de Julio. Pero se multiplicó en cada barrio de Montevideo, especialmente en Montevideo y La Teja.

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