UN HEROE PARADIGMATICO
Aunque no suficientemente homenajeado, el general Leandro Gómez es recordado por haber estado al frente de la heroica defensa de Paysandú durante el mes de diciembre de 1864 y por su posterior ejecución el 1 de enero de 1865, luego de la caída de la ciudad a manos del ejército de Venancio Flores con el apoyo de Mitre y del emperador de Brasil.
Sin embargo, Leandro Gómez exhibió, durante toda su vida, un compromiso inquebrantable con las mejores causas. Nació el 13 de abril de 1811 en Montevideo. En su juventud vivió en Buenos Aires, donde desarrolló actividades comerciales hasta que en 1837, bajo la presidencia de Manuel Oribe, se incorporó como guardia nacional en Montevideo y al año siguiente obtuvo el grado de teniente primero. En 1838 Oribe abandona la Presidencia a consecuencia de la sublevación comandada por Fructuoso Rivera y emigra a Buenos Aires acompañando al presidente depuesto. Tuvo una activa participación en la Guerra Grande, militando siempre en el Ejército Federal, comandado por Manuel Oribe, y en 1843 se incorporó al sitio de Montevideo. Hallándose en Entre Ríos, en plena guerra, tuvo la oportunidad de adquirir la espada que la provincia de Córdoba obsequiara a José Artigas y que Leandro Gómez donó posteriormente al gobierno uruguayo presidido por Gabriel A. Pereira en 1856. Leandro Gómez fue uno de los primeros en reivindicar a Artigas en plena vigencia de la leyenda negra urdida por Mitre y los cisplatinos orientales. Finalizada la Guerra Grande combinó la actividad política pública con emprendimientos privados, comerciales y agropecuarios. Fue agregado al Estado Mayor General, cargo del que fue dado de baja a raíz del derrocamiento del presidente Juan Francisco Giró en 1853 y al que fue reincorporado bajo la presidencia de Pereira. Tuvo una actuación descollante durante la epidemia de fiebre amarilla que asoló Montevideo en 1857, lo que le valió distinciones del gobierno francés. En 1861, bajo el gobierno de Bernardo Prudencio Berro, fue designado oficial mayor de la Secretaría de Guerra y Marina.
Ni bien Flores invadió el territorio oriental en lo que él llamó Cruzada Libertadora, tuvimos a Leandro Gómez en la primera línea de fuego en la defensa del gobierno legítimo. El resto es historia conocida. Comandante general en la defensa de Salto y, más tarde de Paysandú. Resistencia heroica de la plaza que hubo de soportar el asedio –por tierra y desde el río– de las fuerzas combinadas de Flores con batallones argentinos y brasileños durante todo el mes de diciembre de 1864. Y finalmente, el fusilamiento de Leandro Gómez junto a otros jefes orientales, el 1 de enero de 1865. Vale la pena transcribir, como homenaje al héroe, el final de su proclama del 20 de diciembre de 1864:
«Mis amigos, el cielo os bendiga, porque tal vez sobre las ruinas de Paysandú, debido a nuestra resolución de morir por la patria, habeis savado la República».
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