Investigación. Violaron el mausoleo del general nacionalista y destaparon la urna con sus restos

Partidos políticos repudiaron hechos de vandalismo en tumba de Leandro Gómez

El micro centro sanducero amaneció disperso ayer, cuando se tomaba conocimiento de que en la madrugada desconocidos habían bajado al mausoleo donde descansaban los restos del caudillo blanco general Leandro Gómez, héroe de la llamada Defensa de Paysandú.

El gran monumento se irgue en medio de la plaza principal de la ciudad, Plaza Constitución, frente a la catedral. La urna con los restos, y sus reliquias, fue saqueada aun estando rodeada de rejas y en un subsuelo. El hecho fue constatado por la Policía Técnica. Los vándalos forzaron dos rejas y la puerta de blindes e ingresaron a la habitación. Extraoficialmente se anunció que la tapa que guardaba los restos del general estaba levantada. En el piso había restos óseos y polvo similar a ceniza, pero aún no se pudo determinar su procedencia. A las 16.30 horas la departamental nacionalista llamó a una conferencia de prensa donde además estuvieron presentes autoridades municipales. Momentos de tensión se vivieron allí, cuando transeúntes que se acercaron al lugar efectuaron improperios a la prensa, según la visión nacionalista y de autoridades municipales. Una comisión bipartita, integrada por nacionalistas y autoridades municipales, acudió al lugar del hecho. La intendenta interina, arquitecta Helena Heinzen, declaró no saber a ciencia cierta si los restos estaban allí o no. Un presumario de los hechos y el secreto que ha invadido este caso por parte de la Policía aún tienen en vilo a la población. «El informe de la Policía recién estará mañana (hoy), pero concretamente lo que vemos es una violación impresionante. Cuando llegó la Policía la urna estaba abierta. Eso estará en el informe de mañana. Hoy no sabemos nada. No aparece estar faltando nada. El sable del general ya había sido retirado y está en el Museo Histórico. Pudimos ver que ni las vitrinas ni los documentos existentes están rotos . Salvo la urna, todo está en su lugar», describió. «El hecho es muy grave y lamentable. Pero queremos preservar el lugar y la investigación policial», agregó, al tiempo que no avaló las versiones que aseguran que los restos ya no están en el lugar. Cabe destacar que el lugar está custodiado por un guardia. Por su parte, la departamental nacionalista de la mano de Bertil Bentos, diputado electo, dijo que es un hecho luctuoso no solamente para el PN, sino también para toda la población. «Estamos muy afectados por este vilipendio», dijeron, al tiempo que anunciaban otra conferencia a la noche que aportaría más datos, hecho que nunca se produjo desde que la información referente al caso ya había sido brindada. Mientras tanto, la departamental del FA emitió ayer su más enfático repudio a este tipo de hechos vandálicos que «nada tienen que ver con los principios frenteamplistas. Queremos trasmitir a la ciudadanía nuestro mas grande repudio y está en manos de la Justicia determinar quiénes fueron causantes de estos hechos», dijeron.

 

Nunca habrían estado allí

Tras ser fusilado en las inmediaciones de la calle que hoy lleva su nombre, en el exacto lugar donde se lo recuerda con una placa, los restos del caudillo blanco general Leandro Gómez fueron depositados en un osario común junto al resto de los muertos que arrojó la batalla. Ese lugar hoy forma parte de un paseo histórico en el monumento a la Perpetuidad. Allí, en la fosa común junto a decenas de cadáveres más, producto de la sangrienta batalla, cuentan algunos historiadores que fue fácilmente reconocido por su larga y característica barba y fue retirado del lugar. Pasaron los años y de aquel 2 de enero de 1865 llegó el 2 de enero de 1981. Plena dictadura militar y con la presencia del entonces presidente Gregorio Alvarez, francotiradores en cada terraza cercana a Plaza Constitución junto a la catedral y bajo un intenso chaparrón de verano, supuestamente llegó la urna con los restos del héroe caudillo y rodeada del más estricto protocolo militar y las más altas autoridades de facto, con muy pocos civiles mirando de lejos. Según entienden testigos de la época ante LA REPUBLICA: «Se trató, ni más ni menos, de una gran cortina de humo disfrazando lo que quisieron marcar como un gesto patriótico para tapar la decadencia que ya se venía venir de un gobierno de facto». En aquella época, la familia descendiente del general Gómez se habría negado a que sus restos fueran trasladados a Paysandú y su decisión habría sido que quedaran en el panteón familiar en la capital del país. Los militares dijeron: «Se trata de un héroe nacional, no partidario» y lo habrían traído a pesar de la negativa de la familia Gómez. En la víspera y tras los hechos vandalísticos, la Policía Técnica se acercó al lugar y constató que la tapa que recubría la urna estaba abierta y los restos no estaban. Extraoficialmente, LA REPUBLICA recogió versiones que indicaban que no habría indicios de que en algún momento hubiera habido restos humanos allí. Sin embargo, consultado por este medio, el comisario Yaque, de jefatura de Policía, fue enfático: «De ninguna manera podemos determinar nosotros y ahora que allí hubo restos o no». Consultado sobre si hay algo que determine con el paso del tiempo si los hubo o no, el jerarca señalo que no se sabría, que incluso pudo haber sido limpiado y no haber dejado ningún indicio si hubo restos o no. Citó además el caso Feldman, el cual le llevó varios días a la Policía Técnica expedirse con los resultados.

 

Todas las voces

Consultado por LA REPUBLICA, el aún diputado nacionalista David Doti dijo sobre los hechos acaecidos: «Hay que ser bastante equilibrado en hacer posteriores lecturas sobre este caso. En época de campañas puede dar lugar a diferentes especulaciones que no le hacen bien a la población» y se excusó por no concurrir a la conferencia de prensa organizada por la Departamental Nacionalista, por tener un compromiso asumido con anterioridad.

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